lunes, 23 de mayo de 2011

Charles Chaplin (1889-1977)

Charles Chaplin

n ENTREVISTA A CHARLES CHAPLIN

En 1966, Richard Meryman entrevistó a Charlie Chaplin y hablaron horas sobre la inspiración que iluminó sus películas. Pero la entrevista completa nunca apareció, hasta hace unos años en un libro recientemente publicado en Inglaterra.


Richard Meryman: Esta entrevista girará en torno a su trabajo y su arte, y a nada más. Me gustaría saber cómo trabaja.
Charles Chaplin: Mi carácter consiste en que me preocupo por mi trabajo. Me preocupo por todo lo que hago. Si pudiera hacer algo mejor, otra cosa que no fuera cine, lo haría, pero no puedo.
RM: ¿Puede hablar del momento en que creó al Vagabundo?
CC: Surgió en medio de una emergencia. El cameraman me pidió que me pusiera un maquillaje divertido. Yo no tenía la menor idea de qué hacer. Así que fui a la sala de vestuario y, en el camino, pensé, bueno, los haré filmar algo contradictorio: pantalones amplios, saco ajustado, cabeza grande, sombrero pequeño; alguien harapiento y al mismo tiempo un caballero. No sabía qué hacer con la cara, pero sabía que iba a ser una cara triste y seria. Quería esconder su lado cómico, y entonces encontré esos bigotes. Unos bigotes que no tenían nada que ver con una caracterización tradicional; eran más bien tontos y no escondían mi expresión.
RM: Cuando se vio, ¿cuál fue su primera reacción?
CC: Pensé: “Está bien”. Pero no encendió nada especial en mí. No hasta que tuve que interpretarlo delante de la cámara. Al entrar en cuadro, me sentí vestido, sentí que tenía una actitud. La escena, de la película Strange Predicament, tenía lugar en el lobby de un hotel, y el Vagabundo pretendía hacerse pasar por un huésped para llegar hasta uno de los sillones y descansar un rato. Todos lo miraban con cierta suspicacia, mientras yo imitaba todo lo que los huéspedes hacían: miraba hacia el mostrador, sacaba un cigarrillo, lo encendía, veía pasar un desfile. Y entonces me tropecé con la escupidera. Ese fue mi primer gag. En ese momento nació el personaje. “Este es un muy buen personaje”, me acuerdo que pensé después de tropezarme. Lo único que quería mantener no era tanto el traje sino sus pies. No importaba cuán bullicioso o exuberante se sintiera, siempre cargaba con esos pies cansados y enormes. Le pedí al departamento de vestuario dos pares grandes de zapatos viejos. Como tengo pies absurdamente pequeños, suponía que unos zapatos así me darían un andar cómico. Tengo gracia natural, pero tratar de ser agraciado con zapatos enormes... eso sí es gracioso.
RM: ¿Cree que el Vagabundo funcionaría en estos tiempos?
CC: No creo que haya lugar para una persona así hoy en día. El mundo se ha transformado en un lugar un poco más ordenado. Aunque no más feliz. No existe la misma humildad. Diría que la humildad se ha convertido en una antigüedad. Pertenece a otra era. Por eso no podría crear al Vagabundo hoy. Y está el tema del sonido, por supuesto. Cuando llegó el cine sonoro no pude seguir con el personaje. No sabía qué voz darle. Por eso tuvo que desaparecer.
RM: ¿Cuál cree que es el encanto del Vagabundo?
CC: Tiene esa pobreza gentil y silenciosa... Eso es lo que disfruto del personaje: que sea a la vez fastidioso y delicado. Pero nunca pensé en él en términos de encanto. Siempre relacioné al Vagabundo con cierto espíritu cómico que debía expresar. La reacción del público me motivó, pero nunca relacioné la creación del personaje a ella. El público siempre aparece al final del trabajo, no durante.
RM: ¿Cómo se le ocurre un gag? ¿Aparece de la nada o forma parte de un proceso?
CC: No, no hay ningún proceso. Las mejores ideas surgen en medio de una situación. Si se consigue una buena situación cómica, el impulso continúa y continúa. Como la secuencia de patinaje en The Rink. Encontré un par de patines y empecé. Todos esperaban que me cayera, pero yo seguía y seguía patinando graciosamente en un pie. Nadie esperaba eso del Vagabundo. O la escena del poste de luz en Easy Street. Apareció en una escena en la que yo era un policía intentando controlar a un matón. Le pego con unacachiporra, le vuelvo a pegar, y le pego una vez más. De repente, todo parece un mal sueño: él sigue arremangándose, impasible a los golpes. Después me alza y me vuelve a bajar. Entonces pensé: bueno, con su fuerza, podría arrancar el poste y mientras lo hace, yo puedo saltarle sobre la espalda, empujar su cabeza dentro de la luz y asfixiarlo con el gas del farol. Las cosas más graciosas aparecieron de esa improvisación. Pero hay momentos de agonía, también. Días miserables en los que nada funciona. Siempre dependió de mí encontrar algo que hiciera reír. Y no se puede ser gracioso sin una situación. Se puede ser payasesco o torpe, pero se necesita siempre una situación cómica.
RM: ¿Observa a las personas y toma situaciones de ellas, o nacen de su imaginación?
CC: Cada uno crea un mundo propio. El mío era mi estudio en California. Los momentos más felices me ocurrieron ahí, cuando tenía una idea o algo me sugería una historia. Entonces las cosas empezaban a fluir. La noche es un lugar bastante solitario en California, especialmente en Hollywood, así que era maravilloso crear un mundo cómico, un mundo diferente al cotidiano. Y es divertido. Uno se sienta, piensa, ensaya durante medio día, lo filma y está listo.
RM: ¿El realismo es una parte integral de la comedia?
CC: Sí, absolutamente. La situación absurda debe ser tratada con absoluto realismo. La audiencia lo sabe, y es tan real y tan absurdo a la vez que los deja exultantes.
RM: Bueno, también está la crueldad. Había mucha crueldad en sus comedias.
CC: Bueno, la crueldad es el elemento básico de la comedia: lo que parece sano resulta enfermo, y si uno lo remarca con suficiente mordacidad, el público lo ama. Reconocen en eso la farsa de la vida, y se ríen de ello para no llorar o morir. Es una cuestión relacionada a ese misterio llamado candor. Si un hombre mayor resbala con una cáscara de banana y se cae lentamente, no nos reímos. Pero si le sucede a un caballero pomposo, orgulloso y exagerado, entonces nos reímos. Toda situación embarazosa es graciosa, sobre todo si es tratada con humor. De los payasos se puede esperar cualquier disparate. Pero si un hombre que se cree astuto entra a un restaurante, y resulta tener un agujero en el pantalón, bueno, si se trata con humor, eso puede ser muy gracioso. Sobre todo si se hace con dignidad y orgullo.
RM: Su comedia es, en parte, una comedia de incidentes. No es intelectual, sino que está hecha de cosas que suceden.
CC: Siempre creí que una serie de incidentes relacionados arman una historia, como las bolas ordenadas antes de un partido de pool. Cada bola es un incidente. Una toca a la otra, y entre todas arman un triángulo. Es una idea que me ha acompañado mucho en mi trabajo.
RM: En sus películas a usted le gusta mantener un ritmo acelerado y apilar un incidente encima de otro. ¿Lo considera una característica de su trabajo?
CC: No sé si lo llamaría una característica. He observado a otros comediantes capaces de bajar el ritmo, pero yo funciono mejor así. No tengo tanta confianza en lo que hago como para moverme despacio. Pero la acción no lo es todo. También debe haber desarrollo, porque de otra manera pierde realismo: se tiene un problema y se lo intensifica; no se empieza por el problema intensificado. Uno se pregunta: bueno, ¿hacia dónde vamos desde acá? ¿Cuál es el desenlace natural de esto? Si evoluciona de un modo realista y convincente, el problema se vuelve cada vez más y más complicado. Pero debe mantener su lógica, si no se obtendrá una comedia, pero no una comedia excitante.
RM: ¿Le preocupa el sentimentalismo o el cliché?
CC: No, no en la pantomima. No me preocupa el sentimentalismo, simplemente lo evito. Y no le temo al cliché: la vida es un cliché. Nadie nace con más originalidad que otros. Todos vivimos y morimos con tres comidas diarias,y todos nos enamoramos y nos desenamoramos. Nada puede ser un cliché mayor que una historia de amor, pero la historia puede continuar todo lo que uno quiera, siempre y cuando se le dé un tratamiento interesante.
RM: ¿Cuántas veces repitió el gag de comerse el zapato en La fiebre del oro?
CC: Lo filmamos una y otra vez como durante dos días. El pobre actor Mack Swain se enfermó. Los zapatos eran de regaliz, y comió demasiado. Ya el último día repetía: “No puedo comer más de esos zapatos”. La idea del gag me la dio la fiesta Donner (En 1846, un vagón de tren con 81 pioneros que iba hacia California quedó atrapado en una nieve de Sierra Nevada). Recurrieron al canibalismo y hasta se comieron un mocasín. Cuando me enteré, pensé: ¿estofado de zapato? Hay algo gracioso en eso. Sufrí un tiempo tratando de sacar adelante la historia, hasta que llegamos a una situación sencilla: el hambre. En el momento en que se soluciona la lógica de una situación, su realismo y su posibilidad de suceder, las ideas empiezan a fluir. Es una de las mejores escenas de la película.
RM: ¿Tuvo dudas o preocupaciones cuando empezó a hacer cine sonoro?
CC: Sí, claro. En primer lugar, tenía experiencia pero no entrenamiento académico, y hay una gran diferencia. Pero también sentía que tenía talento, que era un actor nato. Sabía que era mucho más fácil para mí hacer pantomima que hablar. Soy un artista, y sabía muy bien que en el hecho de hablar gran parte de eso desaparecería. Sabía que no iba a ser mucho mejor que cualquier otro actor que tuviera buena voz y buena dicción.
RM: ¿Era una cuestión de incorporar una nueva dimensión de la realidad lo que podía herir la fantasía del cine mudo?
CC: Sí. Siempre he dicho que la pantomima es mucho más poética, y tiene un atractivo universal que todos pueden entender si está bien hecha. El diálogo reduce a todos a cierta volubilidad. La voz es algo hermoso, sumamente revelador, y yo no quería ser demasiado revelador porque podía mostrar una limitación. Son pocas las personas cuyas voces alcanzan o al menos ofrecen la ilusión de gran profundidad, mientras que el movimiento es tan cercano a la naturaleza como el vuelo de un pájaro. La expresión de los ojos... no hay palabras. Hay expresiones de la cara que nadie puede ocultar. Un gesto de decepción puede ser tan sutil... Tuve que considerar todo esto antes de empezar a hablar. Y sabía muy bien que con el cine sonoro yo había perdido buena parte de mi elocuencia.
RM: ¿Tiene una película favorita?
CC: Creo que me gustó mucho Luces de la ciudad. Es sólida, está bien hecha. Es una verdadera comedia.
RM: Es una película poderosa. Lo que me impresionó es cuán cerca se encuentran la tragedia y la comedia.
CC: Realmente eso nunca me interesó. Más bien es una idea que forma parte de mí. No creo que se pueda hacer humor sin sentir una gran piedad y simpatía por los hombres.
RM: ¿Será que queremos librarnos de las tragedias?
CC: No, creo que la vida es mucho más que eso. Si ése fuera el motivo, habría muchos más suicidios. Muchos más querrían salirse de la vida. Creo que la vida es algo maravilloso y debe ser vivida cualesquiera sean las circunstancias, incluso en la miseria. Prefiero la vida. Prefiero la experiencia por la experiencia misma. Creo que el humor nos salva. Demasiada tragedia nos puede hacer naufragar. Por supuesto que la tragedia es parte de la vida, pero también nos son dadas las herramientas para neutralizarla, para defendernos de ella. El humor es algo universal, y creo que se deriva, más o menos, de la piedad.
RM: ¿Cree que existe eso llamado “genio”?
CC: Nunca supe qué es un genio. Supongo que es alguien con talento, altamente emocional y capaz de dominar una técnica. Pero todos estamos dotados de una u otra manera. Aunque muchos excelentes profesionales han sido confundidos con genios.

Charles Chaplin y Ana Pavlova


Charles Chaplin

n EL DÍA QUE CHARLES CHAPLIN PERDIÓ EL CONCURSO DE “IMITADORES DE CHARLES CHAPLIN”

Durante la primer década del siglo XX Charles Chaplin ganó inmensa popularidad e infinidad de “Chaplinistas” recorrían los circos y teatros ganándose la vida al imitar al genio del humor mudo. Tantos imitadores llevaron a que se cree un concurso nacional en Estados Unidos en el que se premiaba a quien mejor realizara la imitación -específicamente de su famoso alter-ego “TheTramp” o Charlot-. Durante uno de sus viajes a San Francisco a Chaplin le llegó la noticia de uno de éstos concursos, y seducido por la idea se inscribió de inmediato. Increíblemente el resultado fue desastroso, no pasó de la primera ronda y los jueces le dieron una de las peores calificaciones de su tanda. En una entrevista realizada para el Chicago Herald el 15 de Julio de 1915 Chaplin relata la historia con gran ironía y comentó que fue: “tentando a darles lecciones de la “caminata de Chaplin”, por pena y también deseando ver la cosa hecha correctamente”. No obstante, para el jurado Chaplin no era suficientemente bueno imitando a Chaplin y el premio fue otorgado a un hombre de nombre Milton Berle.

Charles Chaplin

"Vida de perro" (1918)

"Carlitos inmigrante" (1917)

"Armas al hombro" (1918)

n MARCEL MARCEAU EXPLICA “EL ARTE DEL SILENCIO”. Por Jesús Ruiz Mantilla*

A los 79 años, el francés es el indiscutido maestro del mimo y la pantomima. “A los jóvenes hay que hacerles comprender el valor del silencio”, dice.

Marcel Marceau le hace practicar al periodista el arte de sumar en lugar de responder directamente cuál es su edad. “En 1936 tenía 13 años, así que ya puede saber los que tengo ahora”, propone el genio del gesto, artista del silencio, el mimo por excelencia, que hasta el domingo 19 se presenta en Madrid con un espectáculo que reúne lo mejor de su repertorio. “Hace 13 años que no actúo aquí, así que quiero enseñar a las nuevas generaciones que vienen a verme por primera vez en qué consiste el arte de la pantomima. A los jóvenes hay que hacerles comprender el valor del silencio”, asegura uno de los más grandes artistas vivos del teatro mundial. El periodista se acerca a Marcel Marceau sin la seguridad de que vaya a hablar. Cuando se lo ha visto en escena es fácil deducir que no necesita las palabras. Su arte es tan elocuente, tan genial, que podría prescindir de la voz en su vida normal. Pero no. Habla. Habla mucho y de todo.
Se sienta en un sofá de su hotel madrileño vestido de beige, con el pelo revuelto, los ojos verdes sin esa pintura de Pierrot, ausentes de tristeza, expresivos, vivos. Relata su vida, su experiencia en la resistencia antinazi francesa, sus viajes por el mundo con su compañía, conquistando en silencio las emociones del público de los cinco continentes, su amor por el flamenco, sus influencias de pintores y artistas, desde los griegos, a Pierrot, Grimaldi y el gran discípulo de este último, Charles Chaplin. Todo ese mundo está en su espectáculo. “Tiene dos partes. La primera es de iniciación al público, con pantomimas de estilo que he seleccionado entre las 55 de mi repertorio. En la segunda sale Bip”, es decir su alter ego. “Bip nació en 1947 y lleva una máscara blanca, como la de Pierrot en el siglo XIX, en su memoria.”
Bip le sirve a Marceau, maestro con escuela propia en París, para defender la esencia de su trabajo: “Viene de los griegos, que ya hacían mimodramas, perdura a lo largo de la historia, con los romanos, hasta el siglo XIX, cuando viven una época brillante y sobreviven hasta 1920”, cuenta. “Pero, sobre todo, el mimo es un arte de la calle, como el flamenco, es parte de la experiencia de la vida.” Uno silencioso, otro un poco más ruidoso, pero llenos de vida, al fin y al cabo. “Una vez le pregunté a un bailarín famoso: ¿cómo me puedes llegar a emocionar tanto con ese zapateo y esas palmas? Me respondió: ‘Y tú, ¿cómo me puedes emocionar tanto con tu silencio?”
“El arte del silencio”, llama a lo suyo Marceau. “El arte del silencio tiene su gramática. Lo mismo que los escritores poseen una para emocionar con las palabras, nosotros también necesitamos una gramática del mimo. Mi maestro Etiénne Decreoux lo descubrió. Una gramática total del cuerpo que yo ahora enseño en mi escuela, mezclada también con mi experiencia.” Y con otras asignaturas como danza clásica, contemporánea, esgrima y “el arte del verbo”, como define Marceau al lenguaje hablado. Una experiencia que cree que ha sido fundamental para salvar un arte que estaba moribundo en los años ‘40. “El mimo no tenía nada. No contaba con apoyos, habría desaparecido con la llegada del cine si no hubiese sido por nuestra compañía”, recuerda.
Esa extraña relación de vida y muerte con el cine se convirtió en pura resurrección cuando Marceau apareció por Hollywood. “Vinieron a verme una gran cantidad de estrellas. No sabía qué era lo que les podía atraer de un arte como el mío, ya que sus trabajos eran totalmente opuestos.” Pero allí estaban desde Gary Cooper hasta Marlon Brando, de Fred Astaire a Charles Laughton, presos de lo que después fue el mito de Marceau.
Medio siglo de después, Marceau continúa en la brecha, sin querer hablar de los secretos de su estado físico proverbial. “Si los atletas no se retiraran a los 40 años y siguieran entrenando, conservarían sus marcas”, arriesga. “Yotrabajo a diario y estoy en contacto permanentemente con gente joven, eso es muy importante”, afirma. Y no es que no se fije: “Aquí en España y en Italia, la gente envejece bien, se nota”, observa. Pero, en resumen, ¿qué es la edad, la vejez para Marceau? “Mientras dure, olvidaré la edad que tengo. La edad no existe, como la muerte. No hay muerte mientras vivamos en la memoria de los demás.”

"La quimera del oro" (1925)

"La quimera del oro" (1925)

"La quimera del oro" (1925)


n TREINTA AÑOS SIN CARLITOS CHAPLIN. Por Fernando López (La Nación, 2007)

Creador incansable, rebelde e independiente, el artista hizo del humor una forma de pensamiento crítico

¿Hace falta un aniversario para recordar a Chaplin? Quizá sí, si nos referimos al cómico genial, al mimo inigualado, al creador que compuso con sus raptos de genio y sus ocurrencias un capítulo decisivo en la historia del cine; al artista que disfrutó de la fama y de la gloria, pero también de la injusticia de la persecución y de los alborotos del escándalo; al hombre, en fin, nacido en un arrabal de Londres el 16 de abril de 1889 y cuya infancia fue como una sucesión de tragedias familiares que le dejarían la experiencia del vagabundeo y la indeleble marca de la melancolía. Pero seguramente no hace falta esperar las señales del calendario -las que, por ejemplo, dicen ahora que el buen señor se despidió serenamente de este mundo en una mañana de Navidad de hace treinta años-, si se trata de recordar al chiquitín de la marcha saltarina y risueña, al vagabundo de los bigotitos y el bastón, del bombín y los zapatones, ese al que conocemos como Carlitos o Charlot, o simplemente Chaplín, con acento en la i.
Y no hace falta recordarlo porque está ahí siempre, muy vivo, en la pantalla de plata de los cines o en la otra, más próxima y casera, de la televisión, y basta echar mano de un VHS o un DVD y hacer un clic en el control remoto para que reaparezca casi siempre perseguido por la fatalidad, marchando por caminos polvorientos, escabulléndose por las calles sembradas de policías, invariablemente dispuesto a la pirueta, a la danza o a la ensoñación; caballeresco, romántico, astuto y pícaro, pero siempre con el corazón repleto de ternura hacia sus semejantes. Carlitos está por encima de las modas: sigue haciéndonos reír y pensar abordando los temas esenciales comunes a todos los seres humanos; sigue conmoviéndonos, casi siempre sin palabras y a puro ingenio. Por eso se lo entiende y se lo celebra en todas partes, más allá de las diferencias de lengua y de cultura.
* * *
"Nunca pensé en Carlitos como en un personaje -decía él, sir Charles Chaplin, el padre de la criatura, o tal vez solamente su rostro mundano, más juicioso y formal que el del vagabundo de levita estrecha y pantalones anchos-: Carlitos era un espíritu cómico dentro de mí." Ese espíritu indefectiblemente esperanzado lo habrá ayudado en los años duros de la niñez, cuando aprendió a sortear carencias e infortunios mientras exploraba -con la familia y entre saltimbanquis, primero; en la calle, quizás a cambio de un mendrugo o de unos centavos, después-, los secretos de la pantomima, arte que llevaría al cine. De la privación y el dolor, él fue cosechando experiencias, sentimientos e imágenes que después traduciría en risas y emociones al alcance de todos. Solo, diminuto, generoso, soñador, su personaje padecía los contratiempos del individuo aplastado por la fatalidad o por la hostilidad del mundo; sólo que al final, con una pirueta, un golpe de astucia o una picardía sorpresiva se las arreglaba para triunfar sobre la adversidad, no importa si lo que debía evitar era el gigantesco péndulo que le impedía subir a su cuarto tras una noche de borrachera o si tenía que disfrazarse de árbol para engañar al enemigo y cumplir su misión de soldado. Carlitos nunca perdía su dignidad ni su buen humor ni su independencia.
Patinador, soldado, peregrino, artista de circo, boxeador, bombero, maquinista, camarero: anduvo por todos los oficios en aquellos cortos memorables en los que solía ponerse en la circunstancia del inmigrante.
Cada vez más despuntó en esos films la mirada satírica que con el tiempo se haría más penetrante y que le acarrearía no pocos contratiempos, desde la prohibición en Pensilvania de El peregrino ("por ridiculizar al sacerdocio"), hasta los miles de tropiezos que encontró en su camino la virulenta parodia de Hitler en El gran dictador . Quizás esa lucidez explica la actualidad de su denuncia de la nueva esclavitud en Tiempos modernos, por sólo citar uno de los títulos que la TV por cable acercó en estos días.
No cuentan los aniversarios: Carlitos tiene todavía mucho por decir.

"El pibe" (1921)


"El pibe" (1921)


"El pibe" (1921)

Jackie Coogan ("El pibe") y Charles Chaplin, en 1935


n CHARLES SPENCER CHAPLIN (BIOGRAFÍA 1)

Los padres de Charles Spencer Chaplin eran cantantes y actores de variedades de origen judío que, en su momento, alcanzaron un razonable éxito. Especialmente la madre, Hannah Hili, hija de un zapatero, menuda, graciosa y con una agradable voz. El niño nació a las ocho de la tarde del 16 de abril de 1889 en la calle londinense de East Lane, Walworth. No era un buen momento para la familia. El padre, Charles, había abandonado el hogar en pos de su afición alcohólica, y Hannah se vio obligada a mantener por sí sola a sus hijos Sydney y Charles. Estaba en la cumbre de su carrera artística con el pseudónimo de Lily Harvey, pero comenzaba a fallarle la voz. En 1894, durante una función en Aldershot, su gorjeo se quebró en medio de una canción. El empresario envió a escena al pequeño Charles, de cinco años, que imitó la voz de Lily incluyendo el desfallecimiento final, para gran diversión del público. Ése fue su debut artístico.
El fracaso y la falta de dinero trastornaron la salud mental de Hanna Hill, que comenzó a dar muestras de extravío. Ella y los niños pasaron a vivir en el asilo de la calle Lambeth. Sydney y Charlie asistieron un tiempo a la escuela para niños pobres de Hanwell, sufriendo su severa disciplina y las burlas de los niños más afortunados. En 1896 el estado de Hannah obligó a recluirla en un sanatorio frenopático. Al año siguiente, Charlie se unió a los Eight Lancashire Lads (Los ocho muchachos de Lancashire), un grupo de actores juveniles aficionados que hacían giras por los pueblos. Más tarde formó parte de otras compañías ambulantes, ya profesionales aunque muy modestas. En 1898 murió el padre, mientras Charlie Chaplin era ya un experto actor infantil. En 1901, con doce años, representó el rol de protagonista en Jim, the Romance of a Cockney, y cuatro años más tarde realizó una gira con The Painful Predicament of Sherlock Holmes. El año 1906 fue afortunado para el joven cómico. Se inició con un contrato en el Casey Court Circus como una de las primeras atracciones, y finalizó con otro contrato para la célebre compañía de pantomimas de Fred Karno, en la que también actuaba Stan Laurel.

Los comienzos en Hollywood
A los diecinueve años Charlie vivió el primero de sus numerosos e intensos romances, al enamorarse perdidamente de la joven actriz Hetty Kelly. Con Fred Karno el futuro Charlot había perfeccionado y diversificado sus notables recursos mímicos, y el director lo incluyó en la troupe
que realizaba una gira a París en 1909 y al año siguiente otra de seis meses por Estados Unidos. Fue la época en que Mack Sennett obtuvo un gran éxito con sus filmes cortos de bañistas y policías, basados en corridas, gesticulaciones exageradas, palos y peleas con tartas de crema. Sennett adivinaba las posibilidades cinematográficas de la mímica más refinada y compleja de Chaplin, y cuando éste realizó su segunda gira en 1912 lo convenció para que se incorporase a su productora, la Keystone.
Charlie Chaplin llegó a Hollywood en la primavera de 1913, y comenzó a trabajar en noviembre. El 2 de febrero de 1914 se estrenaba su primera película, Making a Living (Ganándose la vida, también conocida como Charlot periodista). En ese mismo año rodó 35 films de un rollo (cortos de entre doce y dieciséis minutos de duración), escritos y dirigidos por Sennett, el propio Charles u otros directores.
Todavía sus caracterizaciones eran sólo esbozos del vagabundo ingenuo y sentimental que le daría fama en todo el mundo, pero como Chaplin interpretaba en cada uno un oficio o situación distinta, se los bautizaría luego como Charlot bailarín, Charlot camarero, Charlot de conquista, Charlot ladrón elegante, etc. El éxito fue arrollador, y en 1915 la productora Essanay le robó a Sennett su estrella por un contrato de 1.500 dólares a la semana. Cifra fabulosa para un cómico de cine mudo, que en Keystone venía cobrando diez veces menos.
Con la Essanay, Chaplin pasó a escribir y dirigir los catorce films que rodó ese año. Tenían ya una duración de dos rollos, una trama más complicada que introducía toques románticos y melancólicos en la receta humorística, y un guión meticulosamente estructurado y ensayado.
Chaplin era el protagonista absoluto (en alguno en rol femenino), y en la mayoría de ellos su partenaire era Edna Purviance. Cabe recordar A Night in the Show, The Champion, The Night Out y sobre todo The Tramp (El vagabundo), en la que redondeaba el personaje que luego se conocería como Charlot. Él mismo contaría después que fue escogiendo casi al azar -como lo haría un vagabundo real- el sombrero, el bastón, los anchos pantalones, la chaqueta estrecha y los zapatones. El resultado fue el atuendo más famoso y perdurable en la historia del cine.
La celebridad de Chaplin y su personaje era ya universal (el nombre de Charlot se lo daría en 1915 el distribuidor de sus filmes en Francia), y el exitoso mimo cambió nuevamente de productora en 1916. Con la Mutual realizaría doce películas en dos años, entre ellas The Pawnshop (El prestamista), Easy Street (La calle de la paz) y especialmente The Immigrant (El inmigrante), las tres con Edna Purviance. A principios de 1918 la First National contrató a Charlie Chaplin por la cifra récord de un millón de dólares anuales. Fue también el año de la primera de sus bodas con jovencitas casi adolescentes. Su matrimonio con la actriz secundaria de diecinueve años Mildred Harris, celebrado el 23 de octubre, duraría hasta 1920 y el divorcio le costó a Charles 200.000 de sus preciosos dólares.
También en 1918 realizó una gira para vender bonos de guerra junto a otras dos superestrellas de la época: Mary Pickford (llamada «La novia de América») y el galán acrobático Douglas Fairbanks. Con la First National filmó doce películas entre ese año y 1922, algunas tan clásicas en su filmografía como A Dog Life (Vida de perro) y Shoulder Arms (Armas al hombro). Y también la que se considera su primera obra maestra, en la que cinceló su estilo tragicómico, crítico y sutilmente conmovedor: The Kid (El chico), con Jackie Coogan, la infaltable Purviance y seis rollos de duración. En 1921 regresó por primera vez a Europa para el estreno de esa película y recibió una recepción multitudinaria, al tiempo que la severa crítica europea lo consagró como un genio del cine.
Ya en 1919 Chaplin, Pickford y Fairbanks, junto al director David W. Griffith (sin duda otro genio del cine) habían constituido la productora independiente United Artists, pero Chaplin no trabajó para ésta hasta no acabar su contrato con la First National.
En 1923, con productora propia, sólida fortuna personal y una suntuosa mansión en Beverly Hills, se sintió al fin con las manos libres para desarrollar sin ataduras su creatividad. Ese año dirigió, sin actuar, la excelente A Woman of Paris, con su admirada Edna y Adolphe Menjou. El multifacético
creador tenía ya treinta y cinco años, y el 24 de noviembre de 1924 contrajo matrimonio en México con la jovencísima actriz Lolita McMurray (o Lita Grey), de sólo dieciséis años. La unión duró hasta 1927 y Chaplin obtuvo de ella sus dos primeros hijos (Charles Spencer y Sydney Earle) y pagó un millón de dólares al divorciarse de su Lolita.
En esa época inició la gran trilogía final del personaje de Charlot, rodando en 1925 The Gold Rush (La quimera del oro), de la que en 1942 realizó una versión sonora narrada por su voz y con música propia. Ya en 1927 se estrenó la primera película sonora, El cantor de jazz, con Al Jolson, pero Chaplin seguía fiel al cine mudo cuando en 1928 realizó The circus (El circo), película que él mismo consideraba menos lograda que las que integraban la trilogía, pese a ser un magnífico filme cómico. Por esta película recibió su primer Oscar de la Academia en 1929. Dos años más tarde estrenó City Lights (Luces de la ciudad), paradigma de la ternura y la desolación de su alter ego cinematográfico, con inclusión de escenas sonoras y música de Chaplin.
En 1932 realizó un nuevo y extenso viaje a Europa, donde en una recepción conoció a la actriz francesa Paulette Goddard. Ambos prosiguieron juntos el itinerario de lo que llegó a ser una gira mundial, y al año siguiente Paulette sería su pareja en el último film de la trilogía: Modern Times (Tiempos modernos), una ácida parábola sobre el maquinismo industrial y las miserias del capitalismo.
Al desatarse la guerra y la invasión alemana sobre Europa, Chaplin filmó, en 1940, The Great Dictator (El gran dictador), una divertida y feroz parodia del nazi-fascismo, en la que el actor se desdoblaba en un Charlot transformado en peluquero judío y un Hitler mitómano y paranoico que anunciaba la disposición de Chaplin a encarnar nuevos roles, sin bombín ni zapatones. Lo acompañaba la Goddard, cuyo personaje llevaba el nombre de la madre de Charles (Hannah), fallecida en 1928. Chaplin y Paulette se distanciaron en 1941 y poco después el cineasta se vio envuelto en un proceso por la paternidad de la hija de la actriz Joan Barry, llamada Carol Ann.
Condenado en abril de 1942 por violación de la Ley Mann, debió hacerse cargo de la manutención de la niña. El escándalo no le impidió casarse a sus cincuenta y cuatro años, con la hija del insigne dramaturgo Eugene O'Neill, una hermosa joven de dieciocho años llamada Oona, que permanecería a su lado el resto de su vida.

El patriarca de Vevey
Tras rodar Monsieur Verdoux en 1947, Charles Chaplin cayó bajo la ola del maccarthismo que tenía como blanco a intelectuales y artistas de Hollywood. La crítica social que rezumaba su obra, sumada probablemente a su origen judío y al hecho de ser extranjero (nunca se nacionalizó), lo llevaron a comparecer en 1949 ante el inquisicional Comité de Actividades Antinorteamericanas. Al año siguiente, mientras él y su familia viajaban por Europa, se ordenó a las autoridades de inmigración que lo retuvieran a su regreso. Chaplin decidió no volver jamás y se instaló en una lujosa residencia en Corsier-sur-Vevey, en la plácida ribera del lago suizo de Léman, frente a Ginebra. Oona se encargó de liquidar sus asuntos económicos y profesionales en Estados Unidos.
Inglaterra ofreció a su hijo pródigo un sitio para continuar su trabajo. En 1952 rodó en Londres Limelight (Candilejas), magnífica y sentimental rememoración de sus días de cómico ambulante, y dos años más tarde recibió el Premio Internacional de la Paz. Su resentimiento contra Estados Unidos se reflejó en A King in New York (Un rey en Nueva York), filme de 1957 cuyos altibajos no ocultan el corrosivo humor chapliniano. El gran cineasta era ya un anciano patriarcal y vitalista que comenzaba a escribir sus memorias en 1959. A los setenta y ocho años fue padre de su octavo hijo con Oona, Christopher, nacido en 1962, y en 1964 se publicó en Londres su autobiografía, Historia de mi vida.
Ya octogenario, Chaplin tenía todavía ánimo y energías para escribir y rodar una última película, A Countess from Hong Kong (La condesa de Hong Kong, 1966). Pese a contar con dos protagonistas de lujo como Sofía Loren y Marlon Brando, y al propio director en el rol menor de un camarero, el filme no tuvo éxito y quizá no lo merecía. La mano maestra de Chaplin conservaba cierta elegancia, pero el tema era trivial y el estilo claramente anacrónico. El anciano creador debió de advertirlo, porque no volvió a insistir.
Charles Chaplin vivió todavía una década en su refugio de Vevey, rodeado de sus hijos y acompañado por la leal Oona. En 1972 aceptó un breve retorno triunfal a Hollywood, para recibir un Oscar por la totalidad de su obra. En 1976 Richard Patterson rodó The Gentleman Tramp (El vagabundo caballero), inspirada en su autobiografía, que incluía escenas familiares en Vevey filmadas por el director de la fotografía, el español Néstor Almendros. Otro español, el cineasta Carlos Saura, se casó con Geraldine, la hija de Oona más consecuente con el oficio de su padre. Éste murió a los ochenta y ocho años, el día de Navidad de 1977. Dejaba un total de 79 películas filmadas en más de cincuenta años de actividad como actor y director. En la casi totalidad de ellas fue también autor del guión, y del diálogo y la música en las sonoras. Además de las ya mencionadas, cabe agregar Carmen (1916), según la novela de Merimée; The Vagabond (El vagabundo), 1916; A Day's Pleasure (Un día de juerga), 1919; Pay Day (Día de paga), 1922, y The Pilgrim (El peregrino), 1923, entre las más apreciadas por la crítica y celebradas por el público.

Cronología:
1889 16 de abril: nace en Londres
1894 Primera aparición en escena. Es trasladado al asilo para pobres.
1896 Su madre es ingresada a un sanatorio psiquiátrico.
1897 Se une a los Eight Lancashire Lads.
1904 27 de diciembre: actúa en el estreno de Peter Pan de James Barrie.
1906 A finales de año es contratado por Fred Karno.
1908 Conoce a Hetty Kelly y se enamora de ella.
1910 Primera gira a los E.U.
1913 Primavera: es contratado por la Keystone Company.Trabaja con Mack Sennett.
1914 2 de febrero: Se estrena su primera película Ganándose la vida o Charlot periodista (Making a Living). Ese año filma 35 películas.
1917 Termina su contrato con Mutual Fims y firma con First National el primer contrato de la historia del cine superior a un millón de dólares.
1918 23 de octubre: contrae matrimonio con Mildred Harris.
1919 Se constituye la productora United Artists con Douglas Fairbanks, Mary Pickford y D. W. Griffith. El único su hijo con Harris muere al nacer.
1920 Rodaje de El chico y divorcio de Mildred Harris.
1924 Se casa con Lita Grey de 16 años.
1925Filma La quimera del oro ,
1927 Se divorcia de Grey. Se estrena El cantante de jazz, primera película sonora. El cine mudo inicia su decadencia.
1928 Recibe un Oscar por su película El circo. Junio: muere su madre
1929 Recibe su primer Oscar por El Circo.
1932 Conoce a Paulette Godard.
1938 Filma El gran dictador.
1942 Conoce a Joan Barry, aspirante a actriz.
1943 Inicia el primer proceso Barry por violación a la ley Mann. Se declara inocente. Comienza jucio de paternidad por la hija de Barry. 16 de junio: se casa con Oona O ´Neill de 18 años, hija de Eugene O´Neill.
1944 Es condenado injustramente a pagar pensión de paternidad a la hija de Barry.
1950 Vende su participación en la UA.
1952 Estrena Candilejas, su más apreciado filme de madurez. En un viaje familia al extranjero, la persecusión mccarthista del gobierno de los E.U. ordena detenerlo si intenta regresar al pais hasta que su lealtad sea “firmemente demostrada” Chaplin decide no volver.
1954 Recibe el Premio Internacional de la Paz. Oona adopta la ciudadanía británica.
1962 Es nombrado doctor honoris causa por la Universidad de Oxford.
1967 Filma su última película, La condesa de Hong Kong.
1969 Críticos franceses publican una carta en la que invitan a Chaplin a reeditar sus películas.
1972 En medio de un gran despliegue publicitario, recibe su segundo Oscar, esta vez honorario, como un acto de reconciliación de los E.U. con él.
1975 Recibe el título de Sir.
1977 25 de diciembre: muere en Vevey, Suiza.
1978 Su cuerpo es exhumado y robado para extorsionar a la familia. Once semanas después se recupera el cuerpo y es enterrado en el mismo lugar.
1991 Oona muere en Vevey, Suiza.

Filmografía:
El cómico y cineasta británico Charles Chaplin es una de las personalidades más destacadas de la historia del cine. Las películas que dirigió y protagonizó han mantenido su popularidad a lo largo de los años y continúan siendo contempladas con deleite por personas de distintas generaciones. Figura pionera de la cinematografía, Chaplin supo sacar partido de sus extraordinarias dotes como mimo para convertirse en uno de los personajes más populares del cine mudo. Destacó por su capacidad para combinar el humor con el sentimentalismo en unos argumentos de gran complejidad. Su gran dominio de la gestualidad y su capacidad para crear situaciones hilarantes le permitieron superar las limitaciones que imponía el hecho de no poder valerse del lenguaje oral. De esta manera, elaboró un cine basado en la pantomima y en la expresividad de la imagen, que ha sido imitado décadas después por cómicos como Mel Brooks o Mister Bean.
Chaplin se hizo popular gracias a su Charlot, probablemente el personaje más famoso de la historia del cine. Las aventuras de este vagabundo ingenuo y sentimental han sido exhibidas en infinidad de ocasiones. De hecho, es difícil que alguien sea incapaz de identificar a este personaje de peculiar bigote, que viste pantalones anchos, chaqueta estrecha, un sombrero de bombín desvencijado y que empuña un bastón de caña: su imagen ha sido reproducida hasta la saciedad en revistas, periódicos y programas de televisión.
Algunas de las películas de Chaplin se han convertido en verdaderos clásicos y han despertado la admiración de los cinéfilos, como ocurre con El chico (The kid, 1920), La quimera del oro (The gold rush, 1925) o Luces de la ciudad (City lights, 1931). Otros de sus filmes han destacado por su capacidad de reflejar con ironía los acontecimientos históricos. Es lo que sucede, por ejemplo, con Tiempos modernos (Modern times, 1935), obra en que se trataban de forma crítica las consecuencias de la industrialización y el capitalismo, o El gran dictador (The great dictator, 1940), filme en el que Chaplin parodiaba al dictador alemán Adolf Hitler.
La vida del cómico británico fue llevada a la pantalla en Chaplin (1992), un filme dirigido por Richard Attenborough y protagonizado por Robert Downey Jr.

1914
Charlot periodista (Marking a Living).
Carreras sofocantes (Kid Auto Races at Venice).
Aventuras extraordinarias de Mabel (Mabel's Strange
Predicament).
Todo por un paraguas (Between Showers).
Charlot y el fuego (A Film Johnnie).
Charlot en el baile (Tango Tangles).
Charlot extremadamente elegante (His Favorite Pastime).
Un amor cruel (Cruel, Cruel Love).
Charlot, huésped ideal (The Star Boarder).
Mabel y el auto infernal (Mabel at the Wheel).
Charlot de conquista (Twenty Minutes of Love).
Charlot camarero (Caught in a Cabaret).
Charlot y la sonámbula (Caught in the Rain).
Charlot sufragista (A Busy Day).
El mazo de Charlot (The Fatal Mallet).
Charlot, ladrón elegante (Her Friend the Bandit).
Charlot, árbitro (The Knockout).
Mabel, vendedora ambulante (Mabel's Busy Day).
Charlot en la vida conyugal (Mabel's Married Life).
Charlot, falso dentista (Laughing Gas).
Charlot "regisseur" (The Property Man).
Charlot pintor (The Face on the Bar-Room Floor) . La pícara primavera (Recreation).
Charlot, artista de cine (The Masquerader).
Nueva colocación de Charlot (His New Profession).
Charlot y Fatty en el café (The Rounders).
Charlot, conserje (The New Janitor).
Jes, rival de Charlot (Those Love Pangs).
Charlot panadero (Dough and Dynamite).
Mabel y Charlot en las carreras (Gentleman of Nerve).
Charlot domina el piano (His Musical Career).
Charlot se engaña (His Trusting Place).
Aventuras de Tillie. El romance de Charlot (Tillie's Punctured Romance).
Charlot tiene una mujer celosa (Getting Acquaninted).
Charlot prehistórico (His Prehistoric Past).

1915
Charlot cambia de oficio (His New Job).
Charlot trasnochador (A Nigth Out).
Un campeón de boxeo (The champion).
Charlot en el parque (In the Park).
Charlot vagabundo (The Tramp).
Charlot en la playa (By the sea).
Charlot trabajando de papelista (Work).
Charlot, perfecta dama (A Woman).
Charlot, portero de banco (The Bank).
Charlot marinero (Shanghaied).
Charlot en el teatro (A Night in the Show).
Carmen (Carmen).
Charlot, licenciado de presidio (Police).
Aventuras de Charlot (Triple Trouble).
La revista de Charlot (The Essanay Chaplin Revue).

1916
Charlot, encargado de bazar (The Floorwalker).
Charlot bombero (The Fireman)
Charlot, músico ambulante (The Vagasond).
Charlot, a la una de la madrugada (One A. M .).
El conde (The Count).
Charlot prestamista (The Pawnshop).
Charlot, tramoyista de cine (Behind the Screen).
Charlot, héroe de patín (The Rink).

1917
Charlot en la calle de la Paz (Easy Street).
Charlot en el balneario (The Cure).
Charlot emigrante (The Immigrant).
El aventurero (The Adventurer).

1918
Vida de perro (A Dog's Life).
¡Armas al hombro! (Shoulder Arms!).
The Bond . 1919 Al sol (Sunnyside).
Un día de juerga (A days pleasure).

1920
El chico (The Kid).

1921
Vacaciones (The Iddle Class).

1922
Día de paga (Pay Day).
El peregrino (The Pilgrim).

1923
Una mujer de París (A Woman of Paris).

1925
La quimera del oro (The Gold Rush).

1927
El circo (The Circus).

1930
Luces de la ciudad (City Lights).

1935
Tiempos modernos (Modern Times).

1940
El gran dictador (The Great Dictator).

1946
Monsieur Verdoux (Monsieur Verdoux).

1952
Candilejas (Limelight).

1956
Un rey en Nueva York (A King in New York).

1966
La condesa de Hong-Kong (A Countess From Hong- Kong)


CHARLES CHAPLIN PERTENECE AL MUNDO. Por Paula María Martin (La Nación, 2005)
Dueño del cine mudo y de la comicidad; fue actor, productor y director

Corsier sur Vevey, Suiza, guardó la calma de sus últimos años y lo vio desaparecer un 25 de diciembre de 1977; Londres, lo vio nacer, el 16 de abril de 1889 y sufrir los desafortunados hechos de su primera infancia y también conoció el germen de su carrera artística. Amado o perseguido, no pasó desapercibido. Fue un hombre de vida profesional y privada de gran agitación. Aquí algunas líneas de un grande del cine: Charles Chaplin.
"Vida de perro". La infancia de Charles Spencer Chaplin transcurrió entre el hambre y el desamparo.
Junto a su madre, Hannah -cantante- frecuentó el mundo de los escenarios desde pequeño, y tuvo que ser protagonista en ellos cuando quedó indefenso junto a su hermano.
Un día Hannah se quedó sin voz y se vio obligada a dejar el oficio; luego, fue internada en un manicomio. Su padre, Charles Chaplin –actor- se había separado de su madre. Era borracho y murió joven.
Con su hermano mayor, el "genio del cine", comprendió que zapateando y ejerciendo la pantomima y la pirueta se ganaría el pan. La mímica era su fuerte; más tarde, sería ésta cualidad la que lo llevaría a la fama. Sus 17 años se tropezaron con Fred Karno, quien le abriría las puertas hacia un nuevo mundo, Estados Unidos.
Luego de su éxito y fama adquiridos en Hollywood y lanzados en todo el mundo, hubo una época de persecución en los Estados Unidos hacia todos aquellos que sospechaban tenían tendencias comunistas. Varias personalidades cinematográficas se sintieron señaladas, entre ellas Chaplin, quien abandonó en 1952 la tierra que años atrás le había dado la bienvenida, y marchó hacia su lugar natal para estrenar "Candilejas" (1952).
La existencia de Chaplin tuvo desafortunados momentos, aún después de muerto. En 1978, su tumba, ubicada en el cementerio del mismo lugar donde murió, fue profanada y su ataúd secuestrado. Sus restos fueron encontrados más tarde en un campo.
"Charlot en la vida conyugal". Tuvo una complicada vida amorosa. Diez hijos y cuatro mujeres.
La problemática con sus esposas pasó desde divorcios hasta demandas en su contra. Varias de sus mujeres fueron niñas-adolescentes. En 1998, se leyó en las páginas del diario The Sundays Times, que algunas biografías describían al actor con una obsesión particular hacia las niñas.
Con Oona O´Neill se casó en 1943, después de tres fracasos matrimoniales. Con ella compartió su vida hasta el final. De esta unión, nacieron ocho hijos; uno de ellos es la tan conocida actriz Geraldine Chaplin, que en una entrevista concedida a LA NACION declaró: "Fue un buen padre y nos hacía reír mucho a pesar de que era muy estricto".
"Charlot cambia de oficio" . Charles viajó por primera vez a EE.UU. en 1910. Después de dos años se instaló definitivamente y desarrolló su carrera.
Al contrario de lo normalmente pensado, pareciera que la casualidad formó parte de la vida de Chaplin. Su éxito nació de la renuncia de uno de los actores de la productora Keystone cuyo creador fue Mack Sennett. "Por azar descubrí a Charles Chaplin, en el año 1913. Estábamos con Mabel Normand presenciando los números de un music-hall de tercer orden, en Nueva York. Nos reímos mucho con un hombrecito con bigotes que hacía un borracho en una pantomima, dentro del elenco de Fred Karno." (cita extraída del libro de "Los monstruos sagrados de Hollywood", de Calki). Cuando Sennet, que tenía su compañía en Hollywood, se enteró que se había quedado sin un actor cómico, pensó en ese chico que había visto en el music-hall y le ofreció trabajar para él. Aunque Chaplin dio su negativa en primera instancia, su administrador Al Reeves apoyó la idea y le aconsejó que probara con el mundo cinematográfico. Chaplin accedió. No fue mala su elección, pues permitió disfrutar a generaciones enteras de sus mímicas y comicidad sin límites. Después de un tiempo, con la Keystone nacería Charlot.
A lo largo de su carrera, Chaplin pasó por algunas productoras más, entre ellas, la Essanay, la Mutual y la First National; pero tiempo más tarde sería productor de sí mismo. Su ingenio y habilidad artística lo llevaron a conquistar no sólo la actuación en el cine mudo, sino también la producción, la composición y la dirección. Fue cofundador en 1919 de la United Artists, junto a David W. Griffith, Douglas Fairbanks y Mary Pickford. Esta empresa realizó varios largometrajes. El primero de ellos fue "Una mujer de París" (1923).
Tanto los films que actúo como los que produjo, trataron grandes temas de la humanidad, como la guerra, el comportamiento de la aristocracia, el romance, las relaciones familiares, la inmigración, la pobreza, entre otros. Los gags y situaciones cómicas fueron moneda corriente; más tarde se alternaron con lo melancólico y dramático.
"Charlot, artista de cine". Se convirtió en "el genio del cine". Fue un inolvidable de la comicidad mundial que marcó con su sello la historia cinematográfica.
En 1913 comenzó a aparecer en rodajes que serían el germen de su fama; luego transformó el entretenimiento en algo único cuando el mundo conoció a Charlot, su personaje inmortal. En su primera película "Haciendo por la vida"(1914), que produjo la Keystone, aparecían los primeros pero tímidos rasgos de su famosa personificación. Es en la segunda que protagonizó, "Carreras de Autos para niños" (1914), donde Charlot aparece con su traje definitivo. Luego se extendió una larga lista de films en los que fue definiendo su personalidad hasta llegar a ser el señor de zapatones negros, bigotes y bastón tan conocido por todos. La última aparición de esta caracterización fue en "Tiempos Modernos" (1936).
Grandes del espectáculo hollywodense tuvieron la dicha de trabajar junto a Chaplin. Sophia Loren y Marlon Brando protagonizaron "La condesa de Hong Kong" (1966), que fue el último largometraje producido por Chaplin y la única película en color.
Como los grandes artistas, Chaplin tuvo varias congratulaciones. En 1954, recibió el Premio Internacional de la Paz del Consejo Mundial y, en 1957, la reina Isabel de Inglaterra le dirigió el título de Sir.
Hollywood premió al artista en 1929, "por la versatilidad y el genio demostrado al escribir, interpretar, dirigir y producir" el film "El Circo" (1928); y en 1972, se le concedió una estatuilla honorífica "por su contribución en convertir el cine en el arte del siglo veinte".
"Tiempos modernos". El cine mudo tuvo su metamorfosis cuando, a fines de 1920 comenzó a divulgarse el sonoro. Chaplin no se sentía entusiasmado con el cambio, de hecho se mostraba hostil, al punto que sus películas sonorizadas fueron pocas. "Tiempos Modernos" fue su último film mudo, que aunque utilizó algunos efectos sonoros, no fue hablado; lo mismo ocurrió con su antecesora "Luces de la ciudad" (1931). La primera que trabajó plenamente con las técnicas sonoras fue la tan conocida "El Gran Dictador" (1940).
* * *
Datos.
En 1964, se publicó su autobiografía.
* * *
Aunque su carrera se consolidó en Hollywood, y por este motivo gran parte de su vida transcurrió en los Estados Unidos, Chaplin nunca se nacionalizó norteamericano. Esta postura llevaba consigo un pensamiento. Chaplin alguna vez afirmó: "pertenezco al mundo". Y no se equivocó, pues sus films son vistos aún hoy alrededor del planeta. Supo ganarle la batalla al paso del tiempo, que no tuvo el gusto de dejarlo ir... su famoso personaje, Charlot, vive en el recuerdo, en los posters, en las fotografías, en los colegios y universidades que no logran deshacerse de su nombre cada vez que deben evocar la historia cinematográfica a nivel mundial.

Algunas otras películas
“Charlot en la vida conyugal” (1914)
“Charlot, artista de cine” (1914)
“Charlot cambia de oficio” (1915)
“Vida de perro” (1918)
"El pibe" (1921)
"El peregrino" (1922)
"La quimera del oro" (1925)

LOS 50 DE "CANDILEJAS". Por Marcelo Stiletano

Chaplin escribió, protagonizó y produjo la que es considerada su obra más autobiográfica

La del 6 de julio último no fue una noche más en Bolonia. Sin otro techo que el cielo estrellado y estimulados por el carácter gratuito de la iniciativa, cientos de personas se acercaron ese sábado a uno de los puntos centrales de la ciudad, la Piazza Maggiore, para asistir al cierre del XVI Festival del Cine Recobrado. La convocatoria a esta gala de clausura de la muestra más importante en la materia de toda Europa tenía un atractivo casi irresistible: nada menos que la proyección en una copia nueva de "Candilejas", de Charles Chaplin, a medio siglo de su estreno.
Lo que ocurrió durante esa velada no hizo más que ratificar los amplios méritos que acumula el llamado "proyecto Chaplin", impulsado por la Cinemateca de Bolonia. Además de "Candilejas", recordadísimos mediometrajes de la gran época muda de Chaplin ("Armas al hombro" y "El peregrino") fueron en esta oportunidad exhibidos después de una laboriosa tarea de recuperación iniciada con obras como "El gran dictador", "La quimera del oro", "El pibe" y "Monsieur Verdoux". Y para enriquecer el tono cálido y nostálgico del encuentro estuvieron presentes en la ciudad Claire Bloom, la protagonista femenina de la película, y Sydney, uno de los hijos de Chaplin.
Fue todo un acontecimiento no sólo para el privilegiado conjunto de espectadores que pudo ver de nuevo esta película en pantalla grande, y en plenitud, después de mucho tiempo. El rescate de "Candilejas" en la ciudad italiana, 50 años después de su lanzamiento mundial, constituye un hecho de ribetes extraordinarios, sobre todo porque se trata de la obra más intensamente autobiográfica de quien todavía es considerado por muchos como la máxima figura del cine de todos los tiempos y porque las circunstancias que rodearon la realización del film marcaron definitivamente a fuego la vida y la trayectoria artística de su creador.
Chaplin tenía 63 años cuando escribió, protagonizó y dirigió "Candilejas". Fue su antepenúltimo largometraje, realizado cinco años después de "Monsieur Verdoux", cinco antes de "Un rey en Nueva York" y 14 antes de "La condesa de Nueva York". Pero antes de ésta, su despedida del cine como autor y director, Chaplin experimentó con "Candilejas" otro adiós, porque luego de hacer esta película eligió dejar Estados Unidos para volver a su Europa natal y tomar, casi definitivamente, distancia del país que a lo largo de 42 años primero le abrió la puerta de un éxito sin comparaciones y más tarde, implacablemente, poco menos que lo obligó a esa salida precipitada.

Calvero, el payaso
Como nunca antes, Chaplin eligió recorrer ese tiempo, casi su vida entera, en "Candilejas". Aunque hacía tiempo que ya se había despojado del traje que lo hizo famoso (los desmesurados zapatones, el bastón de caña, la galera y el bigote), volvió aquí a vestirse de payaso y adoptó el nombre de fantasía de Calvero para ensayar, como señaló el francés André Bazin, una "meditación shakesperiana sobre la vejez y la juventud, sobre el teatro y la vida".
En el film, Chaplin parece volver a sus orígenes londinenses, cuando procuraba hacerse un lugar -por más pequeño que fuera- en el ambiente del music hall. Pero Calvero no es el aspirante que sueña con un lugar entre las estrellas, sino un viejo payaso que supo disfrutar de esa gloria fugaz, hoy convertida apenas en recuerdo. La película gira sobre el encuentro y el vínculo entre Calvero y una joven bailarina llamada Terry (Claire Bloom) a la que aquél rescata de un intento de suicidio y la protege y alienta hasta que alcanza la fama. Pero ese reconocimiento, paralelamente, acentúa la caída definitiva del viejo y derrotado artista.
El crítico español José María García Escudero anotó que, en "Candilejas", Chaplin reveló "la tragedia del payaso que siente herida su dignidad por las carcajadas que provoca", un planteo dramático muy alejado de las explícitas connotaciones sociales y políticas que venía expresando en sus films previos, sobre todo "Monsieur Verdoux".
Pero, al mismo tiempo, "Candilejas" puede entenderse también como la manifestación más intensa del dolor personal que Chaplin venía acumulando desde los tiempos de la Primera Guerra Mundial y que, precisamente a partir del estreno norteamericano de "Monsieur Verdoux", se había convertido casi en una abierta persecución ideológica.
Este film, duramente cuestionado por sectores conservadores e influyentes grupos de presión como la Legión Americana, obligó a Chaplin a declarar ante la Comisión de Actividades Antinorteamericanas impulsada por el senador Joseph McCarthy, ya que había sido incluido en la lista de figuras veladamente acusadas de apoyar al comunismo. En su intervención, Chaplin se autodefinió como pacifista, pero no pudo acallar del todo los reclamos de quienes hasta pedían que fuera deportado a Inglaterra, donde había nacido en 1889.
Esta carga ideológica se sumó, como detonante final, a la larga serie de cargos y reproches acumulados contra Chaplin en las décadas precedentes. Desde los muchos escándalos judiciales que el actor debió afrontar por su nunca escondida preferencia por compañías femeninas jovencísimas hasta la rotunda negativa a adoptar la ciudadanía norteamericana, dato que la inefable chimentera Hedda Hopper deslizaba maliciosamente aun entre sus comentarios en apariencia más inocuos.

Tiempos difíciles
Todo ese clima adverso estaba casi en su apogeo cuando se estrenó "Candilejas", que para peor inició su carrera en uno de los años más flojos de la industria cinematográfica norteamericana. En 1952, el promedio semanal de espectadores era de 51 millones, cuando esa cifra, diez años atrás, superaba cómodamente los 85 millones. Y el film debió conformarse con una exhibición limitada pese a ser bienvenido por la crítica, que destacó sobre todo la escena cumbre del film, aquella en la que Calvero recupera por un momento la gloria perdida y escapa del ocaso en una admirable escena de music hall compartida entre Chaplin y otra gloria del cine mudo que también vivía por entonces un injustificado ostracismo, el imperturbable Buster Keaton.
Para el estreno mundial de "Candilejas", que tuvo lugar en Londres el 16 de octubre, Chaplin se embarcó a Inglaterra en compañía de su esposa Oona O´Neill (con la que se casó cuando ella tenía 18 años y él 54) con la idea de no regresar a Estados Unidos. Se dijo en aquel momento que de haberlo intentado se hubiese visto en problemas, debido a que el entonces secretario de Justicia habría instruido a las autoridades de inmigración para que rechazaran su visa si no se sometía previamente a un interrogatorio para determinar sus creencias morales e ideológicas.
Al decir del historiador del cine Javier Coma, la partida de Chaplin fue "la punta del iceberg en cuanto a la elección del exilio por parte de notorios profesionales que han sido perseguidos por los inquisidores". Se instaló con su familia en la plácida localidad suiza de Vevey y sólo regresó a Estados Unidos para recibir un Oscar especial en 1972, año en el que curiosamente la música original de "Candilejas" (también compuesta por Chaplin, junto a Raymond Rasch y Larry Russell) se llevó la estatuilla dorada en su categoría. Había podido competir gracias a que sólo ese año, y no antes, "Candilejas" se estrenó finalmente en los cines del condado de Los Angeles.
La reivindicación fue tardía, pero pudo ser testigo de ella. Cinco años antes de su muerte, el 25 de diciembre de 1977, en el mismo lugar en donde experimentó la mayor gloria y los más duros cuestionamientos, Charles Chaplin vivió el rescate de la película que más se acercó a su propio testamento y que quedó definitivamente incorporada a la mejor historia del cine hace 50 años.

Luis Sandrini al rescate
El público argentino debió esperar cuatro años para ver "Candilejas". El estreno local se demoró más de la cuenta debido a que en aquel momento Chaplin (como autor y responsable total de la película) reclamaba una suma de dinero muy alta, que nunca llegó a trascender, y no había distribuidor en condiciones de pagársela. Por otro lado, se creía que una película en la que el actor estaba muy lejos del clásico atuendo de Carlitos y además era dramática no podría tener éxito entre nosotros. La misión parecía imposible hasta la inesperada aparición de Luis Sandrini, que decidió por única vez convertirse en distribuidor y pagar de su bolsillo el costo de la operación. Así, "Candilejas" se exhibió por primera vez en el Gran Rex el 22 de noviembre de 1956.


CHARLES CHAPLIN: A 25 AÑOS DE LA MUERTE DE UN GENIO INMORTAL. Por Fernando López (La Nación, 2002)

Tenía 88 años cuando falleció en su casa en Ginebra, el 25 de diciembre de 1977

Se separaron hace veinticinco años, una mañana de Navidad, en la mansión dieciochesca de Vevey que ahora será museo para celebrarlos a los dos. Uno era sir Charles Spencer Chaplin, el venerable anciano de 88 años que había buscado refugio en ese rincón paradisíaco sobre la margen suiza del lago de Ginebra tras haber sido el cómico genial, el mimo insuperable, el artífice de un capítulo decisivo de la historia del cine, el que disfrutó de los privilegios de la fama y padeció su indeseable reverso de escándalos y persecuciones, el que fue objeto de los análisis más sesudos y las exégesis más desbordadas; el que, en fin, anotó su nombre entre los creadores fundamentales del siglo que pasó.
El otro, su hijo más dilecto, sin edad ni residencia fija, el vagabundo de los bigotitos y el bastón, del bombín y los zapatones, se llama -se sigue llamando- Carlitos, o Charlie, o Charlot, o Chaplín (así, con acento) según dónde se lo nombre, y es el que hizo reír y emocionar a generaciones enteras de chicos y grandes, y lo sigue haciendo cada vez que su figura inconfundible renace en el rectángulo de plata de una sala en penumbras o en la pequeña y doméstica pantalla de una TV últimamente bastante olvidadiza.
El primero es el que ahora invitan a evocar los almanaques porque se cumple un cuarto de siglo del día que se despidió serenamente del mundo. El otro es inmortal: anda por ahí, interminable su marcha saltarina por los caminos polvorientos o por las calles vigiladas por policías, casi siempre hostigado por la fatalidad e invariablemente ducho en el arte de evadirla; siempre dispuesto a la pirueta y la ensoñación; rebosante de fe a pesar de las desdichas, el hambre y la soledad; noble a toda prueba; generoso, travieso, solidario, romántico. Eterno Arlequín en busca de su Colombina.
A Chaplin, al que Bernard Shaw definió como “el único genio revelado por el cine”, se lo evocará en homenajes. En su mausoleo de Corsier-sur-Vevey. En Londres, donde una estatua de bronce dice del orgullo de haber sido su hogar natal. En cualquier lugar del mundo donde haya espíritus sensibles a su ingenio y su poesía. Se leerán discursos, se repetirán los datos de su biografía y quizás ensayarán sus loas los poetas, aunque sus versos resulten apenas –como ya lo intuyó Carlos Drummond de Andrade– “un ramo de flores absurdas mandado por vía postal al inventor de los jardines”.
Al otro, ya se ha dicho, no hace falta evocarlo. Sigue ahí, muy vivo, y basta que un haz de luz reinvente el milagro del cine para que vuelva a luchar contra la malvada puerta giratoria que invariablemente lo devuelve a la calle, contra la mesa movediza que le escamotea la jarra o contra el reloj de péndulo, las alfombras y la escalera que se han confabulado para hacerle tan enojoso el regreso de una noche de copas. O para que el festín solitario de año nuevo lo encuentre saboreando los cordones de un botín como si fueran espaguetis. O para que metido a pastor y a falta de sermón dominguero reproduzca con mímica la escena de David y Goliat y termine saludando como un actor ovacionado. O para que se evada de las encharcadas trincheras de la guerra del 14 y se sueñe héroe, disfrazado de árbol, aniquilando a los enemigos y enamorando a una joven francesa.

El nacimiento de Carlitos
Carlitos sobrevive a Sir Charles. Pero se sabe que siempre hubo entre ellos un nexo sutil, profundo. Chaplin, el creador, se confunde con su mítico personaje. El mismo lo decía: “Nunca pensé en Carlitos como en un personaje. Era un espíritu cómico dentro de mí”.
Lo fue descubriendo de a poco. Y probablemente haya estado naciendo desde siempre, desde que se acostumbró –hijo de un artista de music hall y una cantante– a lidiar con el hambre. Con la madre empezó a deambular por los teatros cuando apenas había aprendido a caminar y conoció el oficio. Se dice que tenía cinco años (había nacido el 16 de abril de 1889) cuando a la extenuada Lily le falló la voz y el chico fue empujado a escena. Bautismo que no marcó el inicio de su carrera, pero sí el fin de la de su madre que, tiempo después, tras la muerte de su compañero, acabó trastornada.
Charlie, como su hermano Sidney, cinco años mayor, no tenía otro horizonte que el de la representación: entre la escuela y el asilo, los dos aprendieron a ganarse unas monedas zapateando en los suburbios de Londres. A los 8, ya integraba un grupo infantil de baile; a los 10, le confiaban pequeños papeles; a los 17, por fin, ingresó en la compañía de Fred Karno, donde estaba Sidney y donde apareció junto a Laurel y Hardy.
Con Karno conoció Estados Unidos en 1910. Volvió dos años más tarde, con Hollywood en plena expansión, y Mack Sennett se lo llevó a trabajar para la Keystone. Los treinta y cinco films que rodó entonces fueron moldeando la figura de Carlitos: los zapatos y los pantalones demasiado grandes, el andar desgarbado, la levita estrecha, el sombrero hongo, el bigotito negro, corto y espeso. Dicen que un día, filmando “Entre chaparrones” (1914) empezó a juguetear con su paraguas. Ahí nació el bastón multiuso que completaría la imagen.
Poco importa si fue así. La cuestión es que en unos meses se convirtió en un comediante ilustre, codiciado por todas las productoras. La Essanay lo contrató en 1915 y fue entonces empapelador, vigilante, campeón de boxeo, marinero y, claro, vagabundo, en un film donde se hacían manifiestos por primera vez ese costado patético y esa honda humanidad que se filtrarían luego en casi todos sus films. También despuntó el toque satírico que sabría emplear con maestría. Desde el comienzo de la serie y hasta 1923, apareció a su lado la irreemplazable Edna Purviance, compañera por excelencia del inefable Charlot (hasta la poco comprendida “Una mujer de París”, de 1923, si se exceptúa una posterior aparición en “Candilejas”).

Un ascenso vertiginoso
Desde muy temprano, se aceptó que fuera director de sus propios films. No era para menos: todos resultaban grandes éxitos, a pesar de que eran rodados a un promedio de dos por semana, y proporcionaban cuantiosas ganancias. Y que se aprecia en el crecimiento de sus salarios: de los 1250 dólares que ganaba por semana en la Essanay, pasó a los 10 mil en la Mutual (más un plus de 150.000 por la firma del contrato en 1916).
Fueron doce películas, doce obras maestras que brotaron de su genio en ese período: “Bombero”, “Músico ambulante” (donde es el violinista que “rapta” a una joven maltratada por los gitanos y en la que se ha querido ver el nacimiento del Chaplin más maduro y el anticipo de mucho de lo que habría por venir); la inolvidable “A la 1 de la mañana” (con su tropezado regreso de la borrachera); “La calle de la paz” (donde, convertido en policía doma al temible rufián Eric Campbell), o “En las termas”, especie de ballet en el que tropieza con un enfermo de gota y con un masajista de torpes modales para terminar en una borrachera general por culpa de una piscina convertida en gigantesco cuenco de alcohol.
El paso siguiente fue en First National y la cifra de su contrato explica el nivel de cotización que había alcanzado: un millón de dólares (de 1917) por ocho películas, entre las cuales figuran “Vida de perro”, “Carlitos al sol”, “Reverendo caradura” y “Armas al hombro”, mucho tiempo considerada, más allá de sus abundantes efectos cómicos, una de los sátiras más despiadadas y esclarecedoras acerca de la Primera Guerra Mundial.
En ese período filma su primer largo formal, “El pibe”: aquí el vagabundo se hace cargo de un huérfano y se aprecian los ecos de los duros años de su infancia en Londres y la tendencia a la emoción anticipa ese sabor agridulce que han de tener sus films de la madurez. La meteórica carrera de Chaplin coincidió con el ascenso del star system. A esa altura su cotización, como la de otras estrellas, estaba por las nubes. El paso siguiente era inevitable: en 1919 cuatro de ellos –Chaplin, Douglas Fairbanks, Mary Pickford y el director David W. Griffith– fundaron Artistas Unidos. Eran ahora empresarios de sí mismos.

Obras maestras
Sus films comenzaron a ser esporádicos, pero no por ello menos inventivos. En su primer trabajo para la flamante compañía, abandonó el protagonismo y se propuso mostrar de cuántos refinamientos visuales y cuántas complejidades temáticas era capaz el cine: rodó un relato dramático y ambicioso, “Una mujer de París”, que impresionó a algunos conocedores (René Clair entre ellos) pero mereció una inesperada frialdad de parte del público.
Siguieron a ésta algunas obras fundamentales de la trayectoria de Carlitos y de la historia del cine: “La quimera del oro” (1925), tragicomedia poética e inolvidable que se cierra con un final feliz, con el ex vagabundo envuelto en pieles; “El circo” (1928), que en la primera entrega de los premios de la Academia le dio un Oscar especial “por la versatilidad y el genio demostrado al escribir, interpretar, dirigir y producir el film”; la maravillosa “Luces de la ciudad” (1931) que rodó sin palabras aunque con música en un tiempo en que el cine ya había comenzado a hablar, y “Tiempos modernos” (1936), feroz parodia de la alienación propia de la civilización industrial: “A través de lo cómico –respondió a los que veían en el film una intención política– quise mostrar lo irracional que hay detrás de aquello que parece racional”.
Posteriormente, puso todo su empeño en el rodaje de “El gran dictador”, donde dijo adiós a su vagabundo, propuso su virulenta visión de Hitler y encontró no pocos tropiezos para su distribución, inclusive entre nosotros.
Sin el hombrecito del bastón y los botines, ya no habría tanta comedia. Ni en la ácida “Monsieur Verdoux”, donde usó el humor negro y la paradoja para convocar al pacifismo recreando la historia de Barbazul o del asesino Landrú, ni en las nostálgicas reflexiones del payaso Calvero sobre el teatro y la vida o sobre la juventud y el ocaso en “Candilejas”, ni en la amarga sátira contra el macartismo que volcó en “Un rey en Nueva York” (1957).
Su último film, rodado en Londres con capitales norteamericanos, fue “La condesa de Hong Kong” (1966). Ni la atracción taquillera de sus dos estrellas, Marlon Brando y Sophia Loren, pudo evitar la fría recepción por parte de público y crítica. Se reservó allí un par de planos para decir adiós con la pícara sonrisa todavía reconocible en su rostro surcado de arrugas. Quien los guarde en la memoria recordará también que en el gesto del anciano camarero de la ficción, tan parecido a sir Charles, despuntaba algo del inmortal Carlitos.

CHARLES SPENCER CHAPLIN (BIOGRAFÍA 2)

Charles Spencer Chaplin nació en East Street, en el barrio de Walworth (Londres) el 16 de abril de 1889, según información dicha por él mismo ya que no consta ocumentación oficial de su nacimiento, por lo tanto éste es el primer misterio en la vida de Chaplin. Sus padres fueron artistas de music-hall. Comúnmente se suponía que era judío, lo que parece no ser cierto, lo cual mencionaría en una entrevista en 1940 durante el estreno de El gran Dictador donde dice: -No soy judío, aunque estaría feliz de serlo-. Se sentía fuertemente identificado con los judíos, a los que defendía, pero no hay ninguna fuente documentada para afirmar con certeza si su padre era de origen judío. Por el otro lado, se sabe que su madre, Hannah Smith, de nombre artístico Lily Harley, fue una mujer de la etnia gitana Romanichel, y probablemente también su padre lo fue. Cuenta el hijo de Chaplin en su biografía que su padre se sentía extremadamente orgulloso de su sangre romaní.
La familia de Charlie vivía sumida en la terrible pobreza urbana del Londres de finales del siglo XIX. Su madre (actriz de teatro) vio truncada su carrera debido a que padecía esquizofrenia, y su padre era un cantante alcohólico. Charlie creció en el barrio de Kensington, rodeado de muchos actores de music-hall.
Charlie quedó al cuidado de su madre cuando el matrimonio se separó, poco después de su nacimiento. Su padre murió cuando Charlie tenía 12 años, y éste (junto con su hermano Sidney) pasó largos períodos en orfanatos. Charlie era zurdo, al igual que su hija Geraldine Chaplin y sus nietos Tania Chaplin, Suso Chaplin y Dolores Chaplin.

Los comienzos
Charles y su hermano Sidney, dos años mayor, habían heredado el talento artístico de la familia y comenzaron a trabajar en ello desde niños. Cuenta el propio Charlie que su primera aparición pública fue a la edad de 5 años, sustituyendo a su madre en un teatro londinense. Ahí empezó a trabajar como actor infantil en el teatro, y recibió buenas críticas. Mientras, su hermano se había convertido en una de las estrellas del grupo cómico de Fred Karno, y convenció a éste para que contratara a su hermano para hacer un sketch, y posteriormente, lo envió de gira por Estados Unidos, a comienzo de la década de los años 1910. Fue en estos años cuando Chaplin, en un evento, observa a un hombre con un aparato capaz de capturar imágenes en movimiento. Chaplin, curioso, se pasea repetidas veces frente al misterioso aparato. De esta forma surge el primer vínculo entre Chaplin y el cine.

Primeros años en el cine
La compañía de teatro de Fred Karno se dirige hacia una gira por Europa y América y fue en este último lugar donde es observado por el productor cinematográfico Mack Sennett quien trabajaba para la compañía cinematográfica Keystone con la cual ya había rodado cortometrajes cómicos como the keystone policeman. Sennet le ofreció un contrato, y Charlie se fue con él a Hollywood. Al llegar a la «meca del cine» ya tenía una buena reputación como comediante y rápidamente se encontró protagonizando películas que tuvieron un éxito inmediato. En su primera película, Charlot periodista, todavía no tenía la imagen que le caracterizaría siempre, pero ya en la segunda Carreteras sofocantes, en 1914, llevaba su indumentaria de vagabundo.
Parece ser que el famoso traje se lo compuso mediante aportaciones de cómicos amigos: la chaqueta de Charles Avery, los pantalones de Fatty Arbuckle, las botas de Ford Sterling, y el bigote de Mark Twain.
En todas sus posteriores películas interpretó a un vagabundo que buscaba mejorar su vida sin conseguirlo nunca. La población que buscaba el «sueño americano» se identificaba con estas historias, y las aventuras del vagabundo tuvieron éxito continuo durante más de diez años, aunque el personaje fue evolucionando.
En la compañía Keystone, Charlie rodó más de 30 películas, y a partir de la vigésima empezó también a dirigirlas.
En febrero de 1915 cambió de compañía, esta vez se unió a la Essanay, donde dirigió y protagonizó algunos de sus mejores cortometrajes, y empezó a usar una serie de actores fijos para sus películas, como Edna Purviance o Eric Campbell. En sus últimas películas para esta productora empezó a hacer un cine con una gran crítica social.
Por aquel entonces, Chaplin ya cobraba 10.000 dólares a la semana, más extras. Empezó a rodar películas cada vez más complejas y con unos gags mucho más elaborados que en sus películas anteriores, como Charlot en la playa (1915), The Cure, 1917), o Charlot a la una de la madrugada (One A.M. 1916), y tocó temas muy críticos con la realidad norteamericana, como El inmigrante (The Inmigrant, 1917) o Charlot, músico ambulante / El vagabundo (The Vagabond, 1916).

El chico
En otoño de 1917 Charlie volvió a cambiar de productora, esta vez firmó para la First National, con la que colaboraría en los siguientes años y que le consiguió el estudio en el que rodaría la mayor parte de sus películas. Allí hizo Vida de perro (A Dog's Life, 1918) y Armas al hombro (Shoulder Arms, 1918).
Fue entonces cuando rodó El chico (The Kid, 1921), con el niño Jackie Coogan, con quien comenzó a entrenar para el cine en 1918 bajo la autorización de los padres del niño quienes admiraban profundamente al cómico. Esta obra maestra del cine acabó por convertir a Charlot en uno de los iconos, no ya del cine, sino de la historia. Este largometraje es una de las piezas más fascinantes en la historia del cine y sin duda es de las mejores que haya realizado Chaplin. Tal es así que en el año 1971 él mismo compuso la música para la misma, que había sido rodada muda. La película tiene como eje central la importancia del amor humano, de los afectos y como siempre una alta crítica social. Cuenta la historia de un hombre que encuentra, adopta y decide criar a un bebé que fue abandonado por su madre. La relación entre ellos dos (Charlot y el niño) es fantástica y muy enternecedora, a tal punto que lleva al espectador al llanto. Esta cinta fue tan importante para él porque buscó mostrar en el niño lo que había sido su propia infancia. La filmación duró más de un año y en la misma Chaplin afrontó varios sucesos importantes que habían marcado su vida.
El chico es el primer film en el que Chaplin no oculta su intención de expresar lo trágico. Hasta entonces parecía resistirse, querer recrear la vida bajo el signo del humor, pasando alternativamente de la broma a la fantasía. Esta vez nos presenta un drama banal que bajo ese aspecto alcanza el nivel de obra maestra. Para expresarlo renuncia a la utilización de rostros y de decorados que ha quedado como uno de sus secretos.
Siendo ya millonario, Chaplin regresó a Europa sólo para buscar y llevarse a América a su madre, que se encontraba recluida en un psiquiátrico. Pese a esto, ella nunca sería consciente del triunfo de su hijo debido a su estado mental.
Particularmente con la película The Circus, Chaplin tuvo diversos problemas en el rodaje, debido a su reciente divorcio con la joven Lita Grey, quien lo acusó de haber cometido bárbaros actos sexuales. El rodaje de esta película comenzó en 1926 y finalizó en 1928. En este trayecto de tiempo, Chaplin escapa repetidas veces de su estudio cinematográfico por los continuos problemas legales que le imponía su esposa, amenazando al cómico con robarle la película que estaba rodando. También, en este tiempo, el estudio de Chaplin sufre un gran incendio el cual quedo inmortalizado en una fotografía donde se observa a Chaplin desahuciado por la situación y detrás toda una construcción quemada. Más allá de esto, la película se estrena en 1928 ya entrando en el período sonoro, sin embargo, el film tuvo muchísimo éxito y Chaplin recibe un Premio de la academia en la primera edición del mismo que abarcaba el período 1927 - 1928.

El cambio al sonoro
Chaplin fue reticente a abandonar el cine mudo, por lo que sus películas perdieron un poco el atractivo frente a las nuevas producciones sonoras que empezaron a producirse a partir de 1929. No quería que su personaje, Charlot, que había creado con tanto trabajo, hablara, porque sabía que eso sería su fin. De hecho, aunque en El gran dictador (The Great Dictator) y en Candilejas (Limelight) Chaplin sí habla, el personaje del vagabundo Charlot nunca lo hizo en una película, ni siquiera en Tiempos Modernos donde el resto del elenco sí lo hace. Es así que Chaplin rodó Luces de la ciudad (City Lights) como película muda, pero con música grabada dentro del film, compuesta por él mismo. La banda sonora incluía una versión instrumental de La violetera del español maestro Padilla. Chaplin había conocido esta canción en la voz de Raquel Meller, que entonces triunfaba en los Estados Unidos y a quien deseó incluir como protagonista femenina, sin conseguirlo.

ORWELL DELATÓ A CHAPLIN, PERO TODO FUE POR AMOR. Por Marcelo Justo (Página 12)
A cien años de su nacimiento, el autor de “1984” vuelve a ser eje de una polémica: una mujer habría influido en su decisión de denunciar por “filocomunistas” a una treintena de artistas.

En cada vida hay un secreto bien guardado que a veces persigue hasta después de la muerte. El centenario del nacimiento del autor de 1984, George Orwell, que se celebra hoy, revela uno de esos hechos que cambian la percepción pública de un personaje. Porque según publica el historiador británico Timothy Gaston Ash en el matutino The Guardian, Orwell, el escritor independiente, “la conciencia de una generación”, el gran visionario de los peligros de un Estado burocrático y totalitario, confeccionó para los servicios secretos británicos una lista de 38 escritores, periodistas o actores a los que denunciaba por sus “simpatías filocomunistas”. El historiador descubrió, además, que este “trabajo” del escritor tuvo que ver con su amor por una hermosa mujer vinculada a una oficina de la Cancillería británica.
En esta lista de Orwell, entregada a los servicios secretos un año antes de su muerte, figuran Charles Chaplin, el actor Micheal Redgrave, padre de los famosos Vanessa y Corin, el historiador E.H. Karr, el biógrafo de Trotsky, Isaac Deutscher, y uno de los escritores ingleses más populares de la época: J.B. Priestley. La lista, publicada este fin de semana, contenía el nombre, la profesión y una columna dedicada a las observaciones, en las que Orwell calificaba a cada uno de los individuos de acuerdo a la afinidad que les sospechaba respecto de la Unión Soviética.
El método clasificatorio de Orwell distinguía entre simpatizantes, compañeros de ruta, criptocomunistas, dudosos (con signo de interrogación), miembros del Partido Comunista y algún que otro rasgo puramente individual como el caso del historiador de la revolución bolchevique E.H. Carr, a quien tildaba de “apaciguador”, por la política de no confrontación que había tenido con Adolf Hitler. A Charles Chaplin, Michael Redgrave y J.B. Priestley les cabía un signo de interrogación que significaba que el mismo Orwell no sabía si eran “criptocomunistas” o “compañeros de ruta”.
En algunos casos la columna de observaciones traía una descripción bastante completa de la opinión de Orwell. Es el caso del editor de la revista de izquierda New Stateman, Kingsley Martin: “Demasiado deshonesto para ser criptocomunista o compañero de ruta, pero pro-ruso en los temas importantes”. Con Isaac Deutscher es igualmente minucioso: “Simpatizante. Judío polaco. Previamente trotskista. Cambió de punto de vista por la cuestión judía. Podría cambiar nuevamente”.
Orwell estaba profundamente desencantado con la experiencia del comunismo soviético. En los años ‘30, Orwell había empezado por denunciar la explotación y miseria del proletariado británico durante la depresión y había terminado luchando con los republicanos en la guerra civil española, experiencia que volcaría en su famoso Homenaje a Cataluña. La guerra civil, que valoró por el heroísmo de los combatientes, inició un distanciamiento de los comunistas que se profundizó en los años posteriores.
En febrero de 1949, internado en un hospital debido a una tuberculosis, Orwell acababa de terminar 1984, una denuncia del peligro de una experiencia totalitaria en Gran Bretaña. El avance en toda Europa del estalinismo sumado a su pobre salud y a su soledad (había enviudado unos pocos años antes) lo habían sumergido en una profunda depresión. A su juicio, la guerra fría estaba casi perdida.
Pero estas razones político-históricas son apenas la punta de la madeja, según el historiador Timothy Gaston Ash, quien recibió la “lista de Orwell” que publicó en The Guardian de manos de Ariane Bankes, hija de Celia Kirwan. En 1949, Kirwan era una hermosísima y activa mujer que trabajaba en una oficina de los servicios secretos de la Cancillería británica, el Departamento de Información e Investigación (IRD, en las siglas inglesas). Orwell la había conocido en los primeros meses de su viudez en París, a través de su amigo y escritor Arthur Koestler, otro desilusionado del estalinismo (escribió la admirable Darkness at noon), casado con la hermana melliza de Kirwan. Poco después, Orwell le propuso matrimonio. Celia no lo aceptó, pero ambos permanecieron amigos y en 1949 cuando Kirwan regresó a Londres y se integró a la Cancillería, se puso en contacto con el escritor.
De ese contacto surgió la idea de que el escritor colaborara con los objetivos del IRD. El escritor abrazó la causa con entusiasmo como hace notar la misma Celia en su memorando oficial del encuentro: “Expresó su completa y entusiasta aprobación de nuestros objetivos”. De una lista original de 130 nombres, Orwell confeccionó una final de 38 personas, sobre las que no tenía duda que podían ser una barrera a los propósitos propagandísticos de la Cancillería.
En los meses que siguieron hasta poco antes de su muerte en 1950, Celia Kirwan y George Orwell mantuvieron una nutrida correspondencia. Para Timothy Gaston Ash, estas cartas revelan el trasfondo secreto de la “lista de Orwell”. Según el historiador británico, “en las cartas de Orwell se nota la penosa necesidad de complacer de alguien que está enamorado o desesperado por enamorarse”. Ash continúa: “Solitario, encerrado en un sanatorio, despreciando la idea de que a los 45 años ya estaba terminado, es posible pensar que necesitó combatir la muerte con el amor de una hermosa mujer. No se trata de trivializar su decisión política. Pero uno debe preguntarse: si en vez de Celia Kirman, la propuesta de colaborar con el departamento le hubiera llegado de uno de esos grises funcionarios de Cancillería, ¿habría hecho lo mismo?”.

1 comentario:

  1. lo mas impresionante que he leido en mivida por algo pasan las cosas me aecho reflexionar sobrelo que soy, quiero y puedo hacer no se nace siendo afortunado si no la fortuna la hace uno mismo bendita vida que dios nos dio a todos el saber que fuimos algo en este mundo donde se conjugan las iliciones con la realidad es impresionante que solo seamos polvo en el viento y nada mas que una simple ilucion de nuestra imaginacion hoy seque valgo por estar vivo y hacer cosas por los de mas eso es vivir y no ambicionar la ulmidad nos hace ser mejores persona y alcansar lagloria bye exelente leectura

    ResponderEliminar