martes, 31 de agosto de 2010

Woody Allen

Woody Allen

“Crecí viendo películas. Por entonces vivía en Brooklyn, que está a unos cuarenta y cinco minutos de Manhattan en tren. En mis primeros años, para mí eran más accesibles las películas que el teatro. Entonces no había televisión, de manera que la afición al cine nació pronto y ya desde mi niñez me encantaba ir al cine a ver películas. Estoy hablando de cuando tenía cinco años de edad..., seis, siete, ocho, nueve, diez... Veía películas todo el tiempo, constantemente.”

Allen Stewart Konigsberg nació en el Bronx, New York, el 1º de diciembre de 1935; hijo de la bibliotecaria Nettie Cherry y el mozo y engrapador de joyas Martin Konisberg. En la primavera de 1952, decidió buscarse un nombre más adecuado para un humorista. Como Allan le gustaba consideró que en la variante habitual de Allen constituía un buen apellido y luego se le ocurrió Woody porque "poseía una resonancia ligeramente cómica sin resultar descabellada".
Comenzó su carrera escribiendo en revistas -como The New Yorker con la que aún colabora esporádicamente-, diarios -con textos que serían recopilados en "Getting even" (1971) y "Without feathers"(1975)- y televisión -como guionista de "The Colgate Variety hour"-. Luego se lanzó como humorista ("Woody Allen" -1961-, "Hot dog" -1970/71-, "The politics -and comedy- of Woody Allen" -1972-). Además en TV alternó sus funciones en programas como "What's my line" (1950) y "Your show of shows" y "Caesar's show" con Sid Caesar, Imogene Coca y Carl Reiner con libretos de Mel Brooks, Carl Reiner, Larry Gelbart y Allen; "The Chevy show" y "Stanley" con Buddy Hackett, Carol Burnett y guión de Allen y Neil Simon en 1956. Prosiguió con "The Garry Moore Show", "Candid camera", "The Ed Sullivan Show", "Hootenanny" y "That what's the week that was" (1964) en el que compartió cartel con Alan Alda, Bill Cosby, Elaine May, Art Carney, Kim Hunter, Richard Libertini y Elliott Gould entre otros. En 1980 aparece en el especial "The sensational, shocking, wonderful, wacky 70's", en "The Marx brothers in a nutshell" (1982), "Storytellers: the Pen celebration" (1987) y "Cannes... les 400 coups" (1997) entre otros. En 1986 se produjo un encuentro cumbre en el que nada menos que Jean-Luc Godard lo entrevistó para su cortometraje "Meetin' WA". Durante 2000 hizo la presentación del documental realizado en 1971 por Marcel Ophüls "Le chagrin et la pitié". Su voz apareció en un capítulo de la serie "Just shoot me" protagonizada por Laura San Giacomo, George Segal, David Spade, Wendie Malick y Enrico Colantoni.
Colaboró en la campaña presidencial de Lyndon B. Johnson, hizo sus propios especiales y participó de tres anuncios comerciales -para vodka, anteojos y camisas- además de grabar discos o videos (como "Woody Allen stand-up comic 1964/1968/1978") con sus actuaciones. En 2000 volvió a realizar un aviso publicitario como actor y director en una campaña de una compañía telefónica que también contó con la presencia de Nelson Mandela, Marlon Brando y los directores Spike Lee y Tony Scott y en 2003 grabó un video publicitario contratado por el gobierno francés para fomentar el turismo en su país luego de que las relaciones con Estados Unidos entraran en crisis. En el video Woody demuestra la ridiculez de ciertos patriotismos exacerbados.
Escribió obras teatrales como "Don't drink the water" (1967) con un elenco que integraban Kay Medford, Lou Jacobi, Richard Libertini, Tony Roberts, Anita Gillette y Donna Mills entre otros (de la que dirigió una versión para TV en 1994 con él como protagonista, Michael J. Fox y Julie Kavner y que antes ya había sido llevada al cine), "God", "Sex" y "Death" (1968-75), "Death knocks" (1968), "Play it again, Sam" en 1969 (llevada al cine con el mismo elenco de la versión teatral), "The query" (1976), "My apology" (1980) y "The floating light bulb" en 1982. También escribe en 1995 "Central park west" y comparte la autoría de "Death defying acts" con David Mamet y Elaine May. En 2003 realiza como autor y director "Writer's block" con Paul Reiser y Bebe Neuwirth y en 2004 "A second hand memory" con Nicky Katt, Michael McKean, Dominic Chianese y Erica Leerhsen.
Es el autor de libros como "Non being and somethingness" (1978), "Side effects" (1980), "Woody Allen on Woody Allen" (1989) y "Mere anarchy" (2007). En 1976 se convirtió en personaje de historieta de la mano de los dibujantes Stuart Hample y Joe Marthen con "Inside Woody Allen" publicada por 180 periódicos de 60 países.

“Ciertamente nunca fui alguien que en su juventud tuviera una cámara. Y hasta la fecha, la tecnología no podría interesarme menos. Por lo que a mí concierne, todos los avances tecnológicos que se han producido en la industria cinematográfica únicamente tienen valor en la medida en que permiten contar una historia con más eficacia. Aunque hoy en día se estrenan muchos filmes que entusiasman a la gente sobre todo por los alardes técnicos y el espectáculo que plantean, tanto así que la técnica acaba convirtiéndose en el contenido principal del filme, y en su objetivo mismo. Me quita todas las ganas. Sencillamente no me interesa.”

Es conocida su afición por el clarinete que adoptó cuando descubrió su preferencia por el jazz de New Orleans (especialmente el de Sidney Bechet), luego de aprender a tocar desde sus trece o catorce años el saxo. Durante varias temporadas tocó en el Michael's pub. Actualmente realiza esta actividad en el Cafe Carlyle en Madison Ave. en la calle 76th. de New York junto a su banda "The New Orleans Jazz Band" con la que ha realizado varias giras por Europa (Italia, España, Alemania, Mónaco y Francia). En 2008 realizó su debut como director de ópera en Los Angeles con "Gianni Schicchi" una obra de Giacomo Puccini que toca un tema de la "La Divina Comedia" de Dante Alighieri.
Estuvo casado con Harlene Rose, su primera novia (1956-1962) y luego entró a su vida Louise Lasser con la que "adquirió carta de ciudadanía de Manhattan" (1966-1969). Tuvo relaciones más o menos duraderas con las actrices Diane Keaton (a la que conoció cuando actuaban juntos en la obra teatral "Play it again, Sam" y hoy en día es una de sus más respetadas amigas) y Mia Farrow (con la que tuvo su único hijo biológico, Satchel Konisberg -llamado luego Seamus, nacido en 1987- y tomó en adopción otros dos, Moses y Dylan -luego Eliza June- O'Sullivan Farrow). Actualmente está casado con Soon-Yi Previn (desde 1997), hija adoptiva de Mia y André Previn con la que adoptó dos hijas, Bechet Dumaine y Manzie Tio Konisberg. Vive en el 930 de la Quinta Avenida, cuando no filma en Europa. Tiene planeado trasladarse por primera vez a Sudamérica en 2011 para el rodaje de un filme en Brasil.


Woody Allen


n WOODY ALEN: UN DIRECTOR BERGMANIANO. ADN.es

La última noche de Boris Grushenko es una sátira descacharrante donde la muerte bergmaniana aparece en un escenario de los hermanos Karamazov.
Boris Grushenko ama a su prima Sonia, que ama a su hermano Iván. Cuando éste se casa con otra, Sonia se va con un rico comerciante de pescado y Boris, pacifista, acaba en la guerra contra Francia, donde se convierte en héroe de la manera más accidental.
Al final, Boris Grushenko acaba retando a la muerte como hiciera Max Von Sydow. Sólo que el encuentro acaba en baile y no en ajedrez.
Fué la primera pero no la última vez que Allen recogería esa muerte bergmaniana, que se aparecerá con frecuencia en su obra, siempre en clave de humor. En la última (Desmontando a Harry, 1997), la muerte va a buscar a su víctima a casa y se encuentra con un Toby Maguire al que han prestado el apartamento para un encuentro romántico con una profesional.

Dos películas bergmanianas: Interiores y la Comedia Sexual de una noche de verano
A pesar de todo, sus película más bergmanianas son, sin duda, su primer drama Interiores y la Comedia sexual de una noche de verano. La Comedia evoca, ya desde el título, las Sonrisas de una noche de verano (Sommarnattens leende, 1955), cruzada esta vez con La regla del juego de Jean Renoir.
La Comedia fué un gran éxito de taquilla e Interiores consiguió cinco nominaciones al Oscar en las categorías principales: mejor actriz principal (Page), mejor actriz secundaria (Stapleton), mejor dirección artística, mejor guión original y mejor dirección.
El directorRyan Fleck (Half Nelson) llegó a decir que había hecho Bergman mejor que Bergman. Curiosamente, Allen conoció en los rodajes a las que serían dos mujeres de su vida: Diane Keaton en la primera, a Mia Farrow en la segunda, cuatro años después.

Un innovador silencioso
"No recuerdo ver las películas de Bergman a una edad temprana -dijo Allen hace dos años- cuando vi el Verano con Monika me pareció maravilloso. Después vi La noche desnuda y me quedé completamente cautivado".
Allen ha declarado en muchas ocasiones su admiración por la gramática gestual del sueco. Hace dos años declaraba a The Guardian: "Su particular uso del primer plano como nunca se había hecho antes -utilizando planos muy cercanos, largos y constantes- ayudaba a transmitir los sentimientos más allá de la pantalla". Ambos directores se conocieron durante el rodaje de Manhattan, en 1978.

Más que un amigo
"Tuve una conversación muy agradable con él y me sorprendió que muchos dilemas existenciales que yo había atravesado en mi carrera los había pasado él también en el mismo momento de la suya".
Hoy, la noticia de su muerte ha llenado de tristeza al director. "Para mí -ha dicho- no era sólo el mayor cineasta que haya encontrado en mi vida sino también un gran amigo". "Su muerte me ha causado una gran tristeza", ha dicho desde Asturias al diario sueco Aftonbladet.



n EL HOMBRE QUE HACÍA PREGUNTAS DIFÍCILES. Por Woody Allen

Me enteré de la noticia en Oviedo, una hermosa ciudad en el norte de España donde estoy filmando una película, de que Ingmar Bergman había muerto. Un mensaje telefónico de un amigo mutuo me llegó al set. Bergman me dijo una vez que no quería morir en un día soleado. Sin haber estado allí, sólo me queda esperar que haya tenido el tiempo justo deseado por todo director.
Ya he dicho antes a gente que tiene una visión romántica del artista y consideran la creación sagrada: Al final, tu arte no te salva. No importa cuán sublime trabajo fabriques (y Bergman nos ha dado un menú de increíbles obras maestras) ellas no te protegen del llamado del destino a la puerta que interrumpe al caballero y sus amigos en el final de "El séptimo sello". Así, en un día de verano en julio, Bergman, el gran poeta cinematográfico de la mortalidad, no pudo prolongar su propio e inevitable jaque mate, y el mejor realizador que he conocido en mi vida se había ido.
He bromeado sobre el arte como el catolicismo del intelectual, esto sería, un deseo de creer en la vida después de la muerte. Mejor que seguir viviendo en los corazones y mentes del público, es vivir en su propio apartamento, es como lo dije. Y ciertamente las películas de Bergman continuarán viviendo y serán vistas en museos, televisión y serán vendidas en DVD, pero conociéndolo, esto es una magra compensación, y estoy seguro que el hubiera estado encantado de trocar cada uno de sus filmes a cambio de un año más de vida. Esto le hubiese dado duramente 60 cumpleaños más para seguir haciendo películas; una remarcable producción creativa. Y no tengo ninguna duda de como él hubiera usado el tiempo extra, haciendo lo que el amaba por sobre todo, rodando películas.
Bergman disfrutaba el proceso. Se preocupaba poco sobre las respuestas a sus filmes. Le gustaba ser apreciado, pero me dijo una vez, "Si no les gusta la película que he hecho, me importa... por aproximadamente 30 segundos." No estaba del todo interesado en los resultados de taquilla, aunque productores y distribuidores lo llamaban con los resultados, que le entraban por un oído y le salían por el otro. Dijo, "Para mitad de semana sus pronósticos salvajemente optimistas terminarán reduciéndose a nada." Disfrutaba de la aclamación crítica pero no la necesitaba ni por un segundo, mientras que quería que la audiencia disfrutara de su trabajo, no siempre se las hacía fácil.
Aún aquello que cuesta comprender vale el esfuerzo. Por ejemplo, cuando te das cuenta que las dos mujeres de "El silencio" son sólo dos aspectos de una mujer, el anteriormente enigmático film abre su encantamiento. Si estás actualizado en filosofía danesa antes de ver "El séptimo sello" o "Noche de circo" realmente ayuda, pero tan increíbles son sus dones como contador de historias que tendrá atrapada a la audiencia atornillada y dominada con su difícil material. He oído gente salir de ciertas películas de él diciendo: "No entendí exactamente lo que acabo de ver pero estuve atornillado al filo de la butaca todo el tiempo".
La fidelidad de Bergman era a la teatralidad y era también un gran puestista, pero su trabajo cinematográfico no estaba sólo inspirado por el teatro; se nutría de la pintura, la música, la literatura y la filosofía. Su trabajo probaba su profundo interés en la humanidad, ejecutando usualmente profundos poemas en celuloide. Mortalidad, amor, arte, el silencio de dios, la dificultad de las relaciones humanas, la agonía de la duda religiosa, matrimonios fracasados, la inhabilidad de la gente para comunicarse con el otro.
Y sin embargo el hombre era cálido, divertido, de carácter bromista, inseguro sobre sus inmensos dones, adorado por las mujeres. Conocerlo no fue entrar abruptamente al templo de un formidable, intimidatorio, oscuro y absorbente genio que entonaba complejos pensamientos con acento sueco sobre el horroroso destino del hombre en un débil universo. Era más como esto: "Woody, tuve un sueño tonto, dónde aparecía en el set para filmar la película y no sabía dónde poner la cámara. El punto es, sé que soy bastante bueno en eso y lo he estado haciendo por años. ¿Tienes esos sueños nerviosos?" o "¿Crees que sería interesante hacer una película en la que la cámara nunca se mueva un centímetro y los actores sólo entraran y salieran de cuadro, o la gente sólo se reiría de mí?"
¿Qué le dice uno por teléfono a un genio? Yo no creí que fuera una buena idea, pero en sus manos hubiera resultado ser algo especial. Después de todo, el vocabulario que él inventó para probar las profundidades psicológicas de los actores también hubiera sonado extraño a aquellos que aprendieron realización cinematográfica de la manera ortodoxa. En la escuela de cine (fui echado de la Universidad de New York inmediatamente luego de graduarme en los '50) el énfasis estaba siempre en el movimiento.
Son imágenes en movimiento, los estudiantes lo sabían, y la cámara debía moverse. Y los maestros tenían razón. Pero Bergman hubiera puesto la cámara en el rostro de Liv Ullmann o Bibi Andersson y una extraña y maravillosa sensación única en su brillantez sucedería. Uno sería atraído hacía el personaje y no estaría aburrido, sino conmovido.
Bergman, con todas sus evasivas y filosofía y obsesiones religiosas, nació hilando historias que no pueden evitar ser entretenidas aún cuándo en su mente estaba dramatizando las ideas de Nietzsche o Kierkegaard. Tenía largas conversaciones telefónicas con él. Las arreglaba desde la isla en que vivía. Nunca acepté sus invitaciones a visitarlo porque el viaje en avión me molestaba, y no me apetecía viajar en una pequeña avioneta a algún punto cerca de Rusia para algo que me había imaginado como almuerzo de yogurth. Siempre discutimos películas y, por supuesto lo dejaba hablar porque me sentía privilegiado de escuchar sus pensamientos e ideas. El se proyectaba películas todos los días y nunca se cansaba de mirarlas. Todas clases, mudas y habladas. Para dormir miraba un videocassette de la clase de película que no lo hiciera pensar y relajara su ansiedad, algunas veces un film de James Bond, por ejemplo.
Como todos los grandes estilistas cinematográficos, tales como Fellini, Antonioni o Buñuel, por ejemplo, Bergman tiene sus críticos. Pero salvo por lapsos ocasionales todas estas películas artísticas han resonado profundamente para millones alrededor del mundo. Ciertamente, la gente que conoce mejor los filmes, los que los hacen -directores, escritores, actores, directores de fotografía, montajistas- tienen el trabajo de Bergman en, tal vez la mayor reverencia.
Como yo he cantado sus alabanzas muy entusiastamente por varias décadas, cuándo él murió muchos diarios y revistas me llamaron para comentarios y entrevistas. Como si yo tuviera algo de valor real para agregar a las ceñudas noticias más que una vez más enaltecer su grandeza. ¿Cómo le influyó?, preguntaron. El no pudo influenciarme, dije, el era un genio y yo no lo soy y los genios no pueden ser aprendidos o su magia traspasada.
Cuando Bergman emergió en las casas de arte de New York como un gran realizador, yo era un joven escritor cómico y un comediante de nightclubs. ¿Puede el trabajo de alguien ser influenciado por Groucho Marx e Ingmar Bergman? Pero me las arreglé para absorber una cosa de él, algo que no depende del genio o del talento sino algo que puede ser aprendido o desarrollado. Hablo de lo que es comúnmente llamado ética de trabajo, pero es simplemente disciplina. Aprendí de su ejemplo a tratar de conseguir el mejor trabajo del que soy capaz en ese momento dado, nunca rendirme al tonto mundo de éxitos y fracasos o sucumbir a interpretar el brillante rol del director cinematográfico, sino a hacer una película y moverme a la siguiente. Bergman hizo algo así como 60 películas en su vida, yo he hecho 38. Al menos si no puedo alcanzar su calidad, tal vez pueda alcanzar su cantidad.


n ENTREVISTA A WOODY ALLEN (1). Por Richard Corliss
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Creó alegorías indelebles sobre un hombre de posguerra a la deriva sin Dios. Fue el gran dramaturgo que creo mujeres fuertes y torturadas y el mejor director de actrices. Más que ningún otro realizador, elevó el status de las películas a una forma de arte igual a las novelas u obras teatrales. Sin embargo, cuand Ingmar bergman murió el lunes, la descripción más popular fue: El director favorito de Woody Allen. Filmando su nuevo filme en España, Allen se tomó un tiempo para hablar conmigo sobre Bergman.

Richard Corliss: Bergman tenía 89 años, tuvo mucho tiempo de vida y hay que pensar que dijo lo que tenía que decir.
Woody Allen: Sí, no fue sacado prematuramente de nuestro medio. Sin embargo, el hecho de que haya sucedido solamente, es triste, simplemente terrible, trágico.
RC: Usted es primero, y sobre todo, un hombre de Bergman y lo ha sido por 50 años. Había mucha gente joven en los 50 que veía filmes de Bergman -generalmente "Det sjunde inseglet" ("El séptimo sello")- y salían abrumados y casi con una conversión religiosa. Y la doctrina de esa religión era que el filme era un arte.
WA: Estoy de acuerdo. Para mí fue "Smultronstället" ("Fresas salvajes"), "Det sjunde inseglet" y "Glycklarnas afton" ("Noche de circo"). Ese grupo de filmes que aparecieron nos decían que Bergman era un realizador mágico. Nunca habrá nada como esto. Esta combinación de artista intelectual y técnico fílmico. Su técnica era sensacional.
RC: Luego de largo tiempo admirándolo, finalmente lo conoció, a través de Liv Ullman, que protagonizó muchos de sus filmes y vivió con él por algunos años.
WA: El y yo cenamos en su suite de un hotel de New York; fue un gran trato para mí. Estaba nervioso, realmente no quería ir. Pero él no era para nada lo que uno podría esperarse: el formidable, oscuro, envolvente genio. Era un hombre normal. Compartía conmigo penas sobre las bajas recaudaciones de taquilla, las mujeres y tener que lidiar con los estudios.
Más tarde habló conmigo por teléfono desde su extraña y pequeña isla (Faro, donde Bergman vivió sus últimos cuarenta años). Me confesó sus sueños irracionales: por ejemplo, que aparecía en el set y no sabía donde poner la cámara y estaba en un ataque de pánico. Tuvo que despertarse y decirse a sí mismo que era un experimentado, respetado director y que realmente sabía donde poner la cámara. Pero esa ansiedad estaba con él luego de haber creado 15, 20 obras maestras.
RC: Usted sabe que él es Ingmar Bergman, pero quizás el no. No podía ver su reputación desde afuera.
WA: Exactamente. El mundo lo veía como un genio, y el estaba preocupado por la recaudación del fin de semana. Sin embargo el era simple y coloquial en su discurso, que no estaba lleno de profundos pronunciamientos acerca de la vida. Sven Nykvist (su director de fotografía) me contó que mientras hacían todas esas escenas sobre muertes y muerte, hacían bromas y se contaban chismes sobre la vida sexual de los actores.
RC: Usted trabajó con Nykvist en cuatro filmes. Y parece compartir con Bergman la ética de trabajo.
WA: Le copié algo de eso a él. Me gustaba su actitud de que un film no es un evento para hacer mucho ruido. El sentía que filmar una película era solo un grupo de personas trabajando. A veces hacía dos o tres films por año. Trabajaba muy rápido. Filmaba siete u ocho páginas de guión por vez. No tenía el dinero para hacerlo de otra forma.
RC: Una razón por la cual los hombres de cierta edad se conectan con los trabajos de Bergman es que tenía las más bellas y poderosas actrices en su compañia: Eva Dahlbeck, Harriet Andersson, Ingrid Thulin, Gunnel Lindblom, Bibi Andersson, Liv Ullmann, Lena Olin. Son hipnóticas... y todas trabajaron para él.
WA: Estaba obsesionado con las caras y tenía un maravilloso modo con las mujeres. Poseía la afinidad por las mujeres que tenía Tennessee Williams. Sentiá cierta clase de cercanía. Sus problemas lo obsesionaban.
RC: Una diferencia es que Williams no dormía con sus primeras figuras. Bergman es un famoso encantador y tuvo largas relaciones con Harriet Andersson, luego Bibi Andersson, Liv Ullman. Hubo un rumor de que las siete actrices de "For att inte tala om alla dessa kvinnor" ("¡Esas mujeres!") eran ex-amantes de Bergman.
WA: No me sorprendería porque, según lo oí de Sven, era lo que sucedía. Había mucha socialización y escapadas románticas y sexuales. Era una situación más luminosa de lo que uno podía pensar. Hay tanto sentimiento en la pantalla que crees que debía tener una vida seria, pero no era así. Era un galán. Amaba las relaciones con las mujeres.
RC: Muchos críticos le asignan a Bergman un bajo rango porque, dicen, filmaba obras teatrales. Personalmente no veo eso como limitación, pero ¿está usted de acuerdo que era esencialmente un guionista que dirigía su propio trabajo?
WA: Eso puede decirse también sobre mí. Pero debes tomar los films de Bergman como "Viskningar och rop" ("Gritos y susurros") donde casi no hay diálogo. Esto sólo se puede hacer en filmes. Inventó un vocabulario fílmico que iba con lo que quería decir, que nunca había sido empleado antes. Puso la cámara sobre el rostro de una persona y la dejó allí, la dejó allí y la dejó allí. El opuesto de lo que aprendimos a hacer en la escuela de cine, pero fue enormemente efectivo y entretenido.
RC: OK. Usted piensa que es grandioso y yo pienso que es grandioso. Pero hay mucha gente joven -quiero decir brillantes, sabiondos jóvenes- para los que es ¿Ingmar, qué? RC: ¿Qué relevancia tienen hoy sus filmes?
WA: Pienso que sus films tienen relevancia eterna, porque lidian con las dificultades de las relaciones personales y la falta de comunicación, las aspiraciones religiosas y la mortalidad, temas existenciales que serán relevantes por miles de años. Cuando muchas de las cosas que son exitosas y marcan tendencia hoy hayan sido relegadas a antigüedades, sus cosas todavía serán grandiosas.
RC: Pero no muchos artistas se preocupan por el silencio de Dios estos días. En los medios la batalla actual es entre creyentes militantes y devotos ateístas. Tienes pocos agnósticos torturados.
WA: Cierto. Esa era su obsesión. El creció religiosamente y no era simplemente una cuestión de ser ateo o no. El anhelaba la posibilidad de un fenómeno religioso. Ese anhelo lo torturó toda su vida. Pero al fin era un gran entretenedor. "Det sjunde inseglet", todos esos filmes te atrapan. No es como hacer la tarea.
RC: Si alguien que no ha visto ninguno de sus filmes le dijera que le recomendara solo cinco, ¿cuál sería su set de Bergman para principiantes?
WA: "Det sjunde inseglet", "Smultronstället", "Glycklarnas afton", "Viskningar och rop" y "Persona/Manniskoatarna".
RC: Muchos directores estarían felices de haber hecho sólo esos cinco filmes.
WA: O sólo uno de ellos.


Woody Allen

n ENTREVISTA A WOODY ALLEN (2)

Periodista.-Lleva cinco años siendo protagonista de noticias escandalosas alimentadas por los medios sensacionalistas. Sin embargo, no ha dejado de trabajar. ¿No logra el escándalo afectar a su vida profesional y personal?
Woody Allen.-No. Y, al principio, fui el primer sorprendido. No sé si llamarlo virtud, pero he llegado a saber compartimentar las cosas de una manera incluso sorprendente para mí. Esto me ha permitido no alterar mi vida en base a lo que algunas personas poco honestas y cierta prensa han dicho o publicado sobre mí. Considero que la acción es un antídoto para la ansiedad. De alguna manera, he podido seguir haciendo mis películas y mi música, he ido a juicios para defender mis derechos ante mis hijos y, aunque me considero víctima de una injusticia judicial, he continuado mi vida habitual.
P.- ¿Cómo es un día habitual en su vida?
WA- Tranquilo, quizá incluso le parezca aburrido. Escribo todos los días, sin excepción. Bueno, sí. Una, ayer, en París. No pude escribir por dos razones: un constipado y tener que coger un avión a Barcelona. Por lo general, me levanto no muy tarde y trabajo. Escribo, salgo a comer, practico mi música, vuelvo a escribir, veo algún partido interesante, si lo hay, en la televisión o en alguna cancha, y no hago ningún tipo de vida pública. No soy una persona social.
P.-Los dos últimos personajes que ha creado para sí mismo, el Joe Berlin de Todos dicen I Love You, y Harry Block de Desmontando a Harry, han sido escritores. El último, en pleno bloqueo creativo. ¿Ha sufrido algún estado mental parecido?
WA-Nunca, jamás, no sé lo que es. Sólo recuerdo haber sufrido pánico escénico el primer día, fue en 1960, en que escenifiqué mi primer one man show en el club Blue Angel, de Nueva York. No vomité, pero no pude comer en todo el día. Pero, desde hace 40 años, escribo todos y cada uno de los días de mi vida. Escribir es mi vida. Y siempre escribiré. Nadie va a lograr que me detenga.
P.-El público tiende a relacionarle con los personajes que interpreta, como si sus películas fueran episodios autobiográficos. ¿Cuánto hay de cierto en ello?
WA- Una película es un acto creativo, y ésa parece ser una idea a la que no mucha gente parece acostumbrarse. Las relaciones que he descrito con mujeres no son las mías... en su totalidad. O cuando un personaje va al psiquiatra, es una parte de la narración. Parece que hay que hacer un esfuerzo de imaginación suplementario para no relacionarme con todos mis personajes.
P.-Sin embargo, ¿considera Desmontando a Harry una de sus películas más personales?
WA- Harry habla por mí, lo hace en mi nombre: sus ideas filosóficas, sus pensamientos acerca de las relaciones entre la gente, sus opiniones sobre la religión judía o las demás religiones... todo lo que dice a lo largo de la película expresa mis sentimientos más profundos acerca de las cosas que pienso. Pero, esto ocurre también en la película que acabo de rodar, Celebrity. Lo que ocurre es que Harry no es como yo: yo no vivo su vida. Si lo hiciera, con todo ese ajetreo de mujeres, alcohol, sabotajes sentimentales, pastillas, mentiras y traiciones emocionales, no tendría tiempo para crear. Es un personaje muy extremo y por eso, divertido. Pero, filosóficamente habla por mí.
P.-Harry Block es neurótico, infiel, creativo, mujeriego... ¿No teme que el público pueda establecer afinidades entre usted y el personaje que interpreta?
WA-En primer lugar, no quise interpretar el papel, en absoluto. Busqué a los actores que me parecían idóneos para el personaje: Dustin Hoffman, Elliott Gould, Robert de Niro, Robin Williams, Albert Brooks... pero todos estaban de gira o en otra película. A mi pesar, me tuve que contratar. Soy el último actor en el que pensé, lo cual no me convierte en el más idóneo. Y, en segundo lugar, no soy en la vida real lo que parezco ser en el cine. Los personajes que creo para mí tienden a ser exagerados para resultar graciosos. En esta película soy cobarde, histérico, nervioso, incompetente y neurótico. Y en la vida real... sólo comparto algunos de esos defectos.
P.- ¿Es cierto que quiso subtitular la película, El peor hombre del mundo?
WA-Sí, porque es un tipo desagradable, vacío, superficial y obsesionado sexualmente. Aunque él, en su defensa y cuando una de sus mujeres le acusa de ser el peor hombre de mundo, dice que es el cuarto en la lista, tras Hitler, Goebbels y Goering.
P.-Su humor es muy cruel, ¿hasta dónde puede llegar y qué es capaz de sacrificar por un buen chiste?
WA-Cualquier cómico profesional de cabaret, cine, teatro o televisión aspira a llegar muy lejos por un buen chiste, por alcanzar la carcajada de su audiencia. Yo suelo ir extremadamente lejos, aunque escribo líneas que no pretendo que hieran. Pero suelo ir muy lejos, sobre todo si soy yo el personaje central y los chistes son sobre mí. Aspiro a crear carcajadas, pero lo único que quiero evitar es insultar la inteligencia del público.
P.-Al igual que usted, Harry se relaciona con numerosas mujeres bellas, inteligentes y jóvenes. WA-Las mujeres de la película son mucho más superiores que él. Son jóvenes, inteligentes, competentes, estables y fuentes de su inspiración. Pero, les hace algo terrible, convertirlas en sus víctimas, algo que no puede evitar por el componente autodestructivo de su carácter. En mi vida personal, siempre he encontrado a las mujeres más fiables, sustanciales y con mayores contenidos que los hombres. Y también, por lo que observo alrededor de mí, sienten una mayor afinidad con la vida que los hombres. De hecho, mis mejores y más largas relaciones de amistad, las mantengo con mujeres. .
P.-Usted ha sido comparado con Chaplin en genio y en lo prolífico. Ambos comparten haber creado en plena libertad y con el control absoluto sobre sus obras.
WA-Le considero un creador infinitamente superior a mí. En mi caso, me siento afortunado. Puedo hacer la película que quiero, con el total control sobre todo. Puedo hacer una comedia o un drama y elegir a los actores. Todo eso gracias a un grupo de gente que me da apoyo y libertad, y yo no he hecho nada para merecerlo. Me ha sido dado por personas llenas de generosidad.
P.-¿Ve sus películas antiguas?
WA-No las he vuelto a ver, sobre todo aquellas que realicé en los años sesenta. Me resultaba una experiencia brutal, siempre pensando en que querría rehacerlas, para mejorarlas. Si pudiera, de cada una de ellas cambiaría diez escenas que hoy me resultan embarazosas. Dejar de verlas me evita sentirme deprimido durante semanas.
P.-Los estrenos de sus películas son acogidos como eventos y tiene un público extraordinariamente fiel.
WA-Es algo que no me explico. Yo he tratado justamente de que ocurriera lo contario: de que ninguna película mía fuera un acontecimiento. Yo simplemente amo hacer una película. No leo las críticas ni sigo los resultados en taquilla. Las hago, las dejo a un lado e intento hacer otra. En eso es en lo que encuentro el máximo placer. El resto no es más que incertidumbre y azar.
P.- ¿Qué es el éxito para usted?
WA-Poco menos que nada. El éxito aporta menos alegría de lo que se piensa, está sobrevalorado. En cuanto al fracaso, tampoco es tan terrible como se dice. Por eso, lo que hago es concentrarme en el trabajo. Yo ruedo una película, la estreno y hay gente que va a verla. A veces me preguntan, ¿cuál es su público? Jamás lo he sabido.
P.- ¿Con qué se quedaría si se viera obligado a elegir entre el trabajo y el amor?
WA-Elegiría... nunca he sido un perfeccionista, al contrario, soy un imperfeccionista y el trabajo no ha sido nunca mi prioridad. Trabajo mucho, pero tengo otras prioridades. Pero, ciertamente, el amor es para mí personalmente más prioritario que el trabajo. Mi prioridad ahora es el amor, es la mujer que está conmigo.
P.-Usted ha permitido en el documental Wild Man Blues filmar su relación privada con Soon-Yi. WA-Sí, porque es mi mejor relación, la más armónica, tranquila y feliz que he tenido nunca. Ella es una mujer estupenda que me hace muy feliz.


Woody Allen


n QUERIDO DIARIO ESPAÑOL:

2 de enero.
He recibido una oferta para escribir y dirigir una película en Barcelona. Tengo que ser precavido. España es soleada y yo pecoso. El dinero no es mucho, pero mi agente se las ingenió para darme un décimo del uno por ciento de todo lo que la película recaude una vez que sobreapase los cuatrocientos millones de dólares. No tengo idea alguna para Barcelona salvo la de dos judíos que inician una firma de entrega de embalsamamientos. Puedo llegar a cambiarla.

5 de marzo.
Me he reunido con Penélope Cruz y Javier Bardem. Ella es arrebatadora y más sexual de lo que imaginaba. Durante la entrevista, mis pantalones echaban fuego. Bardem es uno de esos actores de genialidad desbordante que claramente necesitan mi mano dura.

2 de abril.
Le he ofrecido un papel a Scarlett Johansson. Antes de aceptar, me dice que el guión debe ser aprobado por su agente y por su madre. Luego tendrá que aprobarlo el agente de su madre. En plena negociación, cambia de agentes, luego ambos cambian de madre. Scarlett tiene talento, pero da mucho trabajo.

1ro de junio.
Llegada a Barcelona. Asientos en primera clase. Hotel prometido de media estrella, el año que viene instalarán el agua corriente.

5 de junio.
La filmación ha comenzado agitada. Rebecca Hall, muy joven y en su primer rol importante, es un poco más temperamental de lo que pensé y me barrió del set. Le expliqué que el director debe estar presente para dirigir el film. Por más que traté no pude convencerla y debí disfrazarme del hombre que entregaba la comida para poder entrometerme nuevamente en el set.

15 de junio.
El trabajo finalmente se encarrila. He rodado una tórrida escena de amor entre Scarlett y Javier. Hace unos años hubiese interpretado yo su papel. Cuando se lo he dicho a Scarlett, ha soltado un enigmático "uh-huh". Scarlett llegó tarde al set y la he regañado, explicándole que no tolero retrasos de mis actores. Ha escuchado con respeto, aunque me ha parecido que mientras yo hablaba, ella ha encendido su iPod.

20 de junio.
Barcelona es una ciudad maravillosa. Multitudes salen a las calles para vernos trabajar. Por suerte se dan cuenta que no tengo tiempo para firmar autógrafos, entonces se los piden a los miembros del elenco. Más tarde traigo unas fotos mías de 8 por 10 en la que le doy la mano a Spiro Agnew (vicepresidente durante el gobierno de Nixon en USA) y me ofrezco a firmárselas, pero para entonces la multitud se había dispersado.

26 de junio.
Filmamos en La Sagrada Familia, la obra maestra de Gaudí. Pensaba que tengo mucho en común con el gran arquitecto español. Los dos desafiamos las convenciones, él con sus asombrosos diseños y yo usando un babero para langostas en la ducha.

30 de junio.
Las tomas diarias se ven bien. Y aunque la idea de Javier de agregar una escena con una invasión masiva de marcianos con miles de extras y elaborados platillos voladores no me pareció muy buena, igual la filmaré para dejarlo contento y quedará en el cuarto de edición.

3 de julio.
Scarlett ha venido hoy con una de esas preguntas que hacen los actores. "¿Cuál es mi motivación?". He dado un respingo: "Tu salario". Entonces me ha dicho que estaba bien pero que necesitaba mucha más motivación para continuar. El triple. De lo contrario amenazaba con irse. Le gané de mano con su treta y me fui primero. Luego se fue ella. Ahora estamos tan alejados que necesitamos gritar para oírnos. Entonces ella dijo que iba a saltar. Yo salté también... Pronto estábamos en un impasse. En el impasse corrí hacia mis amigos y bebimos juntos. Por supuesto quedé atascado con la cuenta.

15 de julio.
Otra vez he tenido que ayudar a Javier con las escenas de sexo. La secuencia requiere que él agarre a Penélope Cruz, le arranque la ropa y la arrastre a la cama. Ha ganado un Oscar y todavía necesita que le enseñe a interpretar una pasión. Agarré a Penélope y le arranqué la ropa sin saber que todavía no se había cambiado y que era su caro vestido el que había destrozado. Sin dudarlo la llevé frente a la chimenea y me eché sobre ella. Escurridiza como es, rodó a un lado una fracción de segundo antes que yo aterrizara en el piso causándome la fractura de ciertos dientes clave. Buen día de trabajo. Volveré a comer sólido en agosto.

30 de julio.
Las tomas diarias lucen brillantes. Probablemente sea muy temprano para planear la campaña para los Oscars. Sin embargo algunas notas para el discurso de agradecimiento, me ahorrarán tiempo más tarde.

3 de agosto.
Supongo que es parte de esta profesión. Como director uno es en parte maestro, en parte psicólogo, figura paterna, gurú. ¿Con el paso de las semanas ambas, Scarlett y Penélope, han desarrollado un enamoramiento hacia mí? El frágil corazón femenino. Me doy cuenta por el pobre Javier que observa envidioso cuando las actrices me regalan ciertas miradas, pero yo le explico que ese desenfrenado deseo femenino por un icono del cine, particularmente por uno que utiliza un desprecio de frío comando, es de esperarse. Mientras cuando me acerco al set cada mañana bañado y frescamente perfumado, entre Scarlett y Penélope hay un frenesí virtual. Nunca me ha gustado mezclar negocios con placer, pero quizá deba hacerme cargo de la pasión de cada una por una buena llegada a término del film. Tal vez le pueda dar a Penélope miércoles y viernes, satisfaciendo a Scarlett martes y jueves. Como en un estacionamiento alternativo. Esto dejaría el lunes libre para Rebecca, a quien detuve justo cuando se iba a tatuar mi nombre en su nalga. He bebido unos tragos con las damas del elenco para fijar algunas reglas. El viejo sistema de los cupones de racionamiento podría funcionar.

10 de agosto.
Escena emocional de Javier. He tenido que darle unas pautas. Mientras me imita, todo va bien, pero en el momento en que intenta su propia actuación, se pierde. Entonces solloza y se pregunta cómo sobrevivirá cuando ya no le dirija. Intento explicarle con educación y firmeza que debe hacerlo lo mejor que pueda sin mí y que debe intentar recordar mis consejos. Sé que le he animado, porque al dejar su camerino he escuchado sus risas y las de sus amigos.

20 de agosto.
He hecho el amor simultáneamente con Scarlett y Pénelope en un esfuerzo para mantenerlas felices. El trío me dio una idea para el clímax de la película. Rebecca golpeaba y golpeaba la puerta. Finalmente la dejé entrar, pero estas camas españolas son tan pequeñas que no entrábamos los cuatro y cuando ella se nos unió yo no paraba de rebotar en el piso.

25 de agosto.
Hoy terminamos la filmación. Con la fiesta usual y su tristeza. Baile suave con Scarlett. Se le quiebra un dedo. No es mi culpa. Cuando ella me empujó para alejarme se lo pisé. Penélope y Javier están ansiosos por trabajar conmigo nuevamente. Dijeron que si alguna vez tengo otro guión trate de encontrarlos. Trago del adiós con Rebecca. Momento sentimental. El equipo completo entra al lugar y me regala una birome. Hemos decidido llamar a la película "Vicky Cristina Barcelona". Las cabezas de estudio han visto todo el material. Aparentemente aman el filme y están en conversaciones para estrenarla en una colonia de leprosos. Se está muy solo en la cima.

Con amor, Woody Allen.


Woody Allen



U Siendo ya un adolescente, después de la guerra, hubo un gran influjo de cine europeo en Estados Unidos, y ello supuso un punto de inflexión en mi vida, porque de repente comprendí que las películas podían ser algo con sustancia y entrañaban un potencial maravilloso. No tenían por qué ser esas historias de vaqueros vacías, sólo de tiros, o esas comedias bobas que realmente no eran tan divertidas, ni tampoco historias de amor inofensivas, de evasión pura. A mis ojos, no eran lo bastante buenas.

n WOODY ALLEN DE NUEVO. Fernando Méndez-Leite. Publicado el 19/12/1999. ADN.es

Allen Stewart Konigsberg es un tipo bajito, pelirrojo y con gafas, un judío que llena sus horas libres tocando el clarinete, que ha pasado media vida intentando analizar la otra media en el diván de su psicoanalista y que conoce la isla de Manhattan palmo a palmo. Probablemente ustedes le conozcan por el nombre de Woody Allen, que utiliza desde hace más de cuarenta años cuando escribía programas de televisión que interpretaban otros actores, como Sid Caesar, Carol Channing, Pat Boone o Art Cartney.
Allen, que había nacido en Brooklyn en 1935 y se había educado en el Bronx, tiene ascendencia austriaca por parte de madre y rusa por parte de padre. Note Cherry, su madre, trabajaba como contable en una de las empresas del mercado de la calle Greenwich. Allí conoció a Martin Kónisgberg, que también trabajaba en un negocio de su padre en aquel mercado y que más tarde fue corredor de apuestas en el hipódromo de Saratoga. Allí se hizo famoso por su extraordinario parecido con el galán de la época George Raft, aunque si hay que hacer caso al biógrafo de Allen, Eric Lax, a quien realmente se parecía era al cómico francés Fernandel. Para evitar convertirse en uno de aquellos mafiosos que acostumbraba a interpretar Raft, el padre de Woody Allen abandonó aquel trabajo, vendió joyas por correo, trabajó en un salón de billares, fue examinador de huevos, extraña profesión que ignoro en qué consiste, condujo un taxi y despachó cervezas en un bar.
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Modelo de compostura
En ese ambiente creció el autor de Annie Hall en la difícil América de Roosevelt, frecuentemente al cuidado de niñeras que no duraban más allá de quince días en el empleo. Cuando Allen tenía tres años una de esas niñeras le tapó la cabeza con una manta impidiéndole respirar y le dijo: "¿Ves?, podría ahogarte ahora mismo y echarte al cubo de la basura y nadie se enteraría nunca". No es extraño que el futuro Woody Allen tuviera que visitar tan asiduamente a su terapeuta y que hoy en día conserve la costumbre de evitar túneles y ascensores, que le producen una claustrofobia insuperable. El régimen familiar se completaba con frecuentes peleas a navaja abierta entre sus padres, que podían surgir en el momento más inesperado y sin que hubiera para ello un motivo grave. Simples desavenencias conyugales, que se reproducirían en la vida adulta de Allen y que él ha sabido convertir en materia de sus mejores películas, que -por cierto- son casi todas.
Cuenta Eric Lax que estas peleas familiares podrían explicar el carácter de Woody Allen, que es un modelo de compostura, nunca levanta la voz ni en su vida privada ni en el trabajo, jamás reprende a un actor ni a un técnico y que sólo se enfurece con sigo mismo cuando siente la frustración de una escena que no consigue atrapar de acuerdo con su propósitos. Curiosamente, este hombre que siempre ha querido evitar las discusiones, se ha visto enzarzado en uno de los más virulentos procesos de separación que se conocen tras su ruptura con la actriz Mia Farrow, a la que previamente había convertido en fuente de inspiración para sus protagonistas femeninas, del mismo modo que lo había hecho con su antigua compañera Diane Keaton, con la que mantiene una buena relación y que aún recientemente ha intervenido en alguna de sus películas.
Al parecer, Woody Allen era un niño inteligente y activo, pero taciturno y de trato difícil, rasgos que también se han traducido en su imagen pública posterior. A los seis años descubrió Manhattan y quedó maravillado: "No sólo me enamoré de Manhattan a primera vista -ha contado después- sino que amaba cualquier película ambientada en Nueva York, las películas de detectives, las comedias románticas, las que transcurrían en los clubs nocturnos o aquellas en las que se veían los áticos de Nueva York". Esta fascinación se ha hecho patente a lo largo de su filmografía y tiene su expresión más conseguida en la titulada directamente Manhattan, homenaje a su ciudad a través de la música de Gershwyn.
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Como Tyrone Power
Fue Blancanieves de Walt Disney, que vio a los tres años, el origen de su pasión por el cine. Su madre ha contado que durante la proyección el niño se empeñaba en levantarse de la butaca para tocar a los personajes de la pantalla. A los siete años ya estaba enganchado al cine y conocía el nombre de todas las estrellas de Hollywood. Enseguida pensó que él quería ser como Tyrone Power, como Bob Hope, que constituyó para él una revelación y hacia el que ha conservado siempre una admiración no demasiado compartida, como Humphrey Bogart, cuyo fantasma convocaría años más tade en Sueños de un seductor. Su afición al cine de esta época ha quedado reflejada en muchas de sus películas, de La Rosa Púrpura del Cairo a Balas sobre Broadway. De entre todas las películas que vio en su infancia, Woody Allen escoge Perdición de Billy Wilder, lo que explica diciendo que posee todas las características de una película clásica de los cuarenta, porque es en blanco y negro, tiene réplicas rápidas, es muy ingeniosa y tiene un argumento de la era dorada de Hollywood. Además salen Edward G. Robinson, Barbara Stanwyck y Fred Mac Murray y la voz en off es de lo más dura. Los diálogos son brillantes y la música de Miklos Rozsa es perfecta. Es, según el autor de Delitos y faltas, la mejor película de Wilder, y en realidad una de las mejores películas que se han hecho nunca.
Desde el nacimiento de su hermana Letty, cuando tenía ocho años, las mujeres se convirtieron en el centro de su interés, muy por encima de los hombres. Su cine arroja un balance expresivo de su preocupación por el mundo femenino, al que ha dedicado películas completas, como Interiores, Hannah y sus hermanas, Otra mujer y Alice. Allen confesó que, al sentirse príncipe destronado tan sólo cabían dos opciones: cargarse a su hermanita o convertirse en el hermano perfecto. Optó por esto último, porque estaba mejor visto. Letty pasó a ser el ojito derecho de su madre, mientras Allen sufría los rigores de un colegio que le aburría a morir.
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Refugio en los cines
Nunca fue un buen estudiante y era un experto en fugarse de las clases para refugiarse en los cines y en los partidos de rugby. Mientras tanto, empezaba a mirar a las mujeres, pero ellas no parecían enterarse. A este respecto, el autor de Maridos y mujeres ha comentado: "Desde una edad muy temprana me sentí atraído por cierto tipo de mujer. Es difícil definir con precisión ese aspecto que tanto me excitaba, pero en términos generales se trataba de chicas estilo Jules Pfeiffer, esas chicas que solía dibujar con una larga cabellera negra, sin maquillaje, casi siempre vestidas de negro, con un bolso de piel y pendientes de plató". A decir verdad, no responden a este modelo Diane Keaton y Mía Farrow, y mucho menos Soon Yi. Pronto se dio cuenta de que estas chicas querían vivir en Greenwich Village y estudiar arte, filosofía o llegar a ser escritoras. También las había que querían poner una bomba en un edificio público. Allen pensó que, si no se interesaban por él, era por su profunda incultura. Sus conocimientos de béisbol no parecía atraerlas. Así es que empezó a leer y descubrió que le gustaban las novelas de Faulkner y Hemingway y, más tarde, el teatro de Tennesee Williams y O'Neill. Tanto se aficionó a la literatura que una actriz que trabajó en Manhattan comentaba asombrada que en los descansos entre plano y plano el director devoraba las páginas de Las tres hermanas de Chéjov. Seguramente estaba tomando notas para enfrentarse al rodaje de Hannah y sus hermanas, aunque el tema ya lo había tratado en Interiores, rodada justo unos meses antes.
En sus últimos años escolares, Allen ya escribía chistes que enviaba a algunos periódicos y que ya empezaban a publicarse. En 1953 se matriculó en NYU en la especialidad de Producción Cinematográfica, pero las clases no le motivaban suficientemente, aunque asistía gustoso a las proyecciones de películas. De esa época data una tesina que escribió por razones académicas y que versaba sobre Traidor en el infierno de Billy Wilder. Pero Alíen no era un teórico. A los 18 años abandonó definitivamente la Universidad y se dedicó por entero a escribir gags y más tarde sketchs para cómicos entonces muy populares. Su afición a la música le llevó a conocer a Harlene Rosen, que sería su primera novia y con la que se casaría unos años después cuando ya trabajaba como guionista de sketchs en Hollywood.
En muy poco tiempo Woody Allen, que utilizaba ya este seudónimo, pasó a ser un escritor muy cotizado. Trabajó para la NBC y fue contratado por los estudios de Hollywood para escribir para la televisión. Allí aprendió la técnica junto a Danny Simon, hermano del dramaturgo Neil Simon. A los 21 años se casó con Harlene y pocas semanas después escribía a un amigo: "Todo lo que cocina mi mujer sabe a pollo. No cabe duda de que soy feliz en mi matrimonio, salvo el tiempo que paso fuera de la cama". Fascinado al leer Deseo bajo los olmos, escribió al mismo amigo: "Mis ideas carecen de oficio y de un punto de vista coherente, tienden siempre hacia lo que sólo puedo describir como una atmósfera poética construida a partir del horror existencial, la demencia y la muerte". Aquel cómico veinteañero anunciaba ya al director de La última noche de Boris Gruschenko, Sombras y niebla o Delitos y faltas.
Pronto Woody Allen s presentó como actor de sus propios sketchs ante el público. Fue animador -entertainer- en colonias veraniegas y clubs nocturnos, y alternó esa actividad con la dirección de su propios sketchs para el teatro y la televisión. De ahí al cine sólo había un paso y en 1965 debutó como actor en la película de Cllve Donner What's New, Pussicat?, compartiendo cartel nada menos que con Peter O'Toole, Romy Schnelder, '' Peter Sellers, Ursula Andress y Paula Prentiss. En ese cartel el único desconocido era un tal Woody Allen. Antes de pasar a la dirección interpretó El número uno, Casino Royale y Los USA en zona rusa.
En 1969 Woody Allen dirigió su primera película, Toma el dinero y corre y con este sólo título se convirtió ya en un cineasta de culto. Por entonces estaba casado con la actriz Louise Lasser, que interpretaba uno de los papeles femeninos, pero la protagonista fue Janet Margolin, una joven actriz que se había popularizado con la película de Frank Perry David and Lisa. El guión lo había escrito Alíen con su antiguo compañero de colegio Mickey Rose, que también colaboró en el de Bananas, su siguiente filme. Más adelante escribiría algunas de sus más famosas películas con Marchan Brickman, y hoy tiende a escribir los guiones en solitario. En un principio escribió este guión pensando que lo dirigiera Va¡ Guest, con el que había trabajado en Casino Royale, pero la United Artists se negó a aceptar al autor de La jungla de la belleza y tampoco a Jerry Lewis, a quien Allen propuso en segundo lugar. Poco a poco se abrió paso a la idea de que había llegado el momento de que Woody Allen dirigiera películas.
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Comedias irregulares
Sus tres películas siguientes, Bananas, Todo lo que usted quería saber sobre el sexo y no se atrevía a preguntar y El dormilón, son tres comedias muy irregulares, pero por momentos muy divertidas, que en ningún caso permitían predecir que Woody Allen iba a llegar a ser el más importante cineasta americano del último tercio del siglo. Bananas, rodada en 1971, era una sátira sobre una revolución en un país latinoamericano imaginario.En 1972, además de escribir e interpretar Sueños de un seductor, que dirigió Herbert Ross, y que fue la película que consagró su personaje, dirigió el filme de episodios Todo lo que usted quena saber sobre el sexo y no se atrevía a preguntar, en donde aparecen ya en el reparto nombres famosos, como Lynn Redgrave, que había sido nominada al Oscar por Georgey Girl, el británico Anthony Quayle, el cómico Gene Wilder, Lou Jacobi, el fordiano John Carradine, Burt Reynolds y Tony Randall. También intervenía en un sketch la señora Allen, Louise Lasser.
En 1973 colabora por primera vez con Marshall Brickman en el guión de El dormilón, una comedia de ciencia ficción que deja ver ya la evolución del talento del autor. Allen cuenta el origen de esta película: "Quería hacer una comedia neoyorquina en la que al final el protagonista se acerca a una máquina criogénica y es accidentalmente congelado. Luego habría un descanso, puesto que la película tenía que durar cuatro horas, y en el segundo acto el protagonista se despierta quinientos años después". Más tarde se decidió que la película contaría sólo la segunda parte de la historia. Tal vez la primera diera lugar unos años después a Annie Hall, lo que no deja de ser una especulación por mi parte. El dormilón es la primera película dirigida por Allen que protagoniza Diane Keaton, que se había convertido ya en su compañera y que le acompaña en La última noche de Boris Grushenko, Annie Hall, Interiores, Manhattan y Misterioso asesinato en Manhattan.
Después de La última noche de Boris Grushenko, rodada en Francia y Hungría en 1975 y que es una reflexión en clave de parodia sobre el amor y la muerte, ambientada en la Rusia de 1812, Allen sorprendió a propios y extraños con Annie Hall, una originalísima comedia realista sobre las relaciones de pareja, a caballo entre las calles de Nueva York y Los Angeles, Consiguió los Oscar a la mejor película, mejor director y mejor actriz -Diane Keaton- y se convirtió en un punto y aparte en la carrera todavía incipiente del director.A partir de ese momento, Woody Allen ha desarrollado su propio mundo con entera libertad a razón de una película por año, variando sus temas y estilo o repitiéndolos sin excesivo pudor, trabajando con los actores que le gustan y olvidándose de la relativa distancia con que Hollywood le contempla. Muchos aficionados esperamos la entrega anual de Allen como agua de mayo, aunque a España suelen llegar más bien en febrero, tras su habitual estreno en el Festival de Venecia en septiembre, Si esperamos a Woody Allen con cierta ansiedad es porque su película suele ser la mejor del año. No lo piensa así la Academia de Hollywood, que después de aquel recibimiento fundacional en el 77, suele ignorar sus películas en las nominaciones anuales, reservándole habituales menciones en las especialidades de guión o actriz secundaria -Dianne Wiest lo ha ganado dos veces, por Hannah y sus hermanas y Balas sobre Broadway-.
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Influencia decisiva
Las grandes comedias sentimentales de Woody Allen rodadas después de Annie Hall, es decir, Manhattan, Broadway Danny Rose, La Rosa Púrpura del Cairo, Hannah y sus hermanas, Días de radio y el maravilloso mediometraje Edipo reprimido, están en la base de la evolución del género en la década de los noventa. Tengo la sensación de que este director tan influenciable, en cuya obra hay referencias directas al expresionismo alemán -Sombras y niebla-, a la comedia americana clásica, a la Nouvelle Vague, a Fellini, a Bergman o Rohmer, ha influido decisivamente en el cine de hoy, hasta el punto de que no se puede escribir ahora una comedia que no se sustente en las lecciones de Woody Allen, en la extraordinaria libertad con que diseña sus historias y estructuras, en el particular punto de vista sobre las mismas, en cómo construye sus personajes con un par de brochazos de salvaje ingenio. Sus tanteos en los años 80, en donde se encuentran títulos como Zelig, Comedia sexual de una noche de verano o September, le condujeron directamente a Delitos y faltas, su última película de la década y compendio de una visión de la vida y del cine.
En los años 90 el cine de Woody Allen ha seguido creciendo y hablándonos de la soledad, la incomunicación, del papel de la mujer en la sociedad, de las difíciles relaciones matrimoniales y extramatrimoniales, del cine como fuente de inspiración, de la novela negra, de los gangsters y el teatro, del mundo de las celebridades sin razón conocida, de los judíos y los gentiles, de los conservadores y de las putas, de las madres y las esposas, de las artistas y las modelos... y siempre de él mismo, hasta llegar a Desmontando a Harry, otro film-compendio. Ha variado los tonos y alternado los géneros, ha experimentado con la planificación y la banda sonora, y ha creado un singular mundo de claves reconocibles, haciendo convivir el humor y el drama con extraordinaria facilidad y sencillez. Títulos como Maridos y mujeres, Misterioso asesinato en Manhattan, Balas sobre Broadway, Poderosa Afrodita, Todos dicen l love You o Celebridades dan la medida de la importancia de la obra de Allen al borde del siglo XXI. Por eso estamos esperando a Woody. Como todos los años por estas fechas.


n WOODY ALLEN Y SU NEW ORLEANS JAZZ BAND. Crítica por Richard S. Ginell

Jack Benny y Henny Youngman tocaban el violín, Morey Amsterdam el cello, Johnny Carson la batería. Pero Woody Allen ha llevado su clarinete más allá del sustento o hobby con sus famosos Monday night New York club gigs (ahora en el café Carlyle), un tour europeo y ahora uno en Estados Unidos. Ha hecho apariciones en Los Angeles antes, pero en el Jazz Bakery, no en el muchísimo más grande Royce Hall. Los curiosos llenaron la entrada al teatro este sábado a la noche para encontrar un tradicional septeto de jazz de New Orleans con su alabada celebridad como líder tocando en el punto justo.
Esta banda obviamente conoce el jazz de New Orleans con sus rutinas de solo y sus ensayadas cadencias de cierre junto con la soltura de los contrapuntos improvisados en la tradición de Crescent City.
Muchos de los componentes de la banda tienen curriculums impresionantes y la banda está conducida por el veterano maestro del olvidado arte del jazz banjo Eddy Davis que mantiene el ritmo brincando. Los solos fueron de calidad variable, aunque ocasionalmente ardían, particularmente con algún crepitante trabajo del trompetista australiano Simon Wettenhall y erupciones de imaginativos pasos de piano del zambio Conal Fowkes.
El amplio repertorio cubrió un amplio espectro de antiguas composiciones con frecuentes incursiones en el gospel. Allen tocó en el estilo subiendo las notas, salpimentando sus pasajes con tiznaduras y otros elásticos efectos cómicos. Tuvo más suceso con las notas rápidas que en los registros altos.
Felizmente, Allen todavía tiene el entusiasmo de un amateur en el buen sentido. Cuando la banda volvió luego del final, Allen extendió la noche bastante más allá de los anunciados 90 minutos, notablemente alto tono tras tono, dando su mejor solo de la noche.
Al final, dijo una línea: "Pueden decir por ustedes mismos que es peor, si mis películas o mi ejecución del clarinete".


n WOODY ALLEN Y EL JAZZ

Entrevista de un diario español al cineasta y clarinetista Woody Allen, gran fanático de jazz. Muy interesante, demostrando su gran genio permanentemente. Lee el reportaje y conoce los dichos sobre jazz de este gran personaje.

Algunas frases de Woody Allen con respecto a su calidad como músico, su opinión sobre el jazz antiguo y actual:
"No soy más que un clarinetista amateur. Si yo no fuese célebre, la gente no vendría a mis conciertos. Vienen más a verme que a escucharme".
"Aprendí a tocar el saxo soprano cuando tenía 13 o 14 años, pero después escogí el clarinete porque siempre he querido el jazz de New Orleans, especialmente a Sydney Bechet". Woody siempre se sintió encantado con la ciudad de Nueva Orleans (donde creció Louis Armstrong) y de Nueva York, donde se encuentran algunos de los más importantes clubes de jazz.
"En mis horas perdidas escucho otro tipo de música, ópera, clásica, jazz moderno, también me gustan las canciones de los musicales de Broadway, pero mi preferencia va hacia la música de New Orleans"
En el año 1984, en el curso de una entrevista para el Nouvel Observateur, dijo: "Lo que sí me sabe mal es no haber sido un gran músico, como Sydney Bechet, Arthur Rubinstein o Charlie Parker". El cineasta sostuvo en varias entrevistas que deseaba dedicarse al basquetbol o al béisbol y temrinarcomo músico.
Fue discípulo en su juventud de Gene ´Honey Bear´ Sedric, clarinetista que ha trabajado con el gran Fats Waller. Empezó a tocar en público a principios de la década de 1970, con su actual grupo, en el Michel´s Pub de Manhattan; hoy día lo hace los lunes por la noche en el Hotel Carlyle de la Nueva York, a donde acuden muchos turistas para verlo actuar de cerca.
Allen se reconoce puntos débiles pero, "como compensación", los integrantes de su orquesta "son todos profesionales reconocidos que sobresalen en este tipo de jazz". El director musical de la agrupación, el bajista Eddy Davis, cuenta con una larga trayectoria que incluye colaboraciones con Jabo Smith, Tom Waits y Benny Goodman.
Completan el grupo el zambiano Conal Fowkes, contrabajista formado en el Royal College of Music de Londres y que se instaló en Nueva York en 1997. Desde entonces ha destacado en el jazz latino y ha trabajado con Paquito D´Rivera, Johnny Pacheco y Dave Valentine. En la actualidad también se pone al frente del piano en el grupo cubano Los Soneros de Oriente.
El trompetista Simon Wettenhall se ha especializado, a pesar de su profundo conocimiento del blues, en el jazz de New Orleans y toca regularmente con Dan Barret, Steve Little y Eddie Gómez, lo que da cuenta de su versatilidad. Cierra la lista el trombonista Jerry Zigmont, que empezó a tocar con Allen en 1992 y que cuatro años después se integró definitivamente a la New Orleans Jazz Band.



Woody Allen

U En mis inicios estaba más interesado en convertirme en un dramaturgo. Las películas no me interesaban particularmente. En aquellos días, siendo un adolescente, las películas me parecían tontas, y las obras de teatro tenían mucho más peso y caché en Estados Unidos. Los autores de teatro hacían el mejor trabajo, porque los cineastas eran básicamente gente de estudio que en su mayor parte se dedicaban, usted ya sabe, a la producción más comercial, de modo que no estaba demasiado interesado en orientar mi carrera hacia el cine. Solo empecé a interesarme por el cine tras la escritura de "What's new Pussycat?" Como guionista, estaba obligado a estar en el plató y mirar lo que allí sucedía. Y ésa era la quintesencia de las producciones de Hollywood (casi una sátira en si misma). Con películas de esa clase se asociaba el empleo de todos los recursos detestables que sirven para provocar la risa (o la vergüenza). Cuando se estrenó no pude soportarla. Me sentí profundamente avergonzado y humillado por la experiencia. Juré que nunca más escribiría otro guión para el cine a menos que pudiera dirigir la película. Y fue así como me inicié en el mundo del celuloide.
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n WOODY, SU ESTATUA Y SU VIDA DIARIA. Por Norma Meyer
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Woody Allen se ríe porque está siendo objeto de vandalismo. Hace cinco años, se erigió una estatua tamaño natural en bronce del realizador en la ciudad española de Oviedo, donde más tarde rodó parte de su filme, "Vicky Cristina Barcelona". Los cazadores de souvenirs viven robando del rostro esculpido sus característicos anteojos. "Los anteojos son de bronce igual que la estatua, y están soldados. Pero vienen con sopletes y los sacan. Es un problema constante", dice un divertido Allen, mirando a través de sus gafas gruesas.
Cuando la charla gira hacia su obsesión con la muerte, piensa en qué regresará reencarnado: "Siempre pensé en una esponja". Lo que más se destaca durante el diálogo, sin embargo, es la cantidad de veces que, como ocurre con cualquier esposo y padre feliz, habla de "mi esposa" y "los chicos". Hace ya una década que Allen se casó con Soon-Yi Previn. Allen y Soon-Yi tienen dos hijas adoptadas, Bechet, 9, y Manzie, 8, las dos con nombres de músicos de jazz de New Orleans. Y Allen se muestra como un padre cariñoso.
"Hago todo con ellas. Las despierto a la mañana... es la primera tortura del día. Y después desayuno con mi mujer y las chicas. Y las llevo al colegio", dice Allen, que tiene chofer. Luego enumera las actividades padre-hijas de esta semana: fueron a ver una comedia de los Hermanos Marx, jugaron al Monopoly y participó de una clase de guitarra. Con una exasperación fingida, cuenta que las chicas le rogaron que inventara otro cuento antes de dormir, cosa que, se queja, cada vez le cuesta más porque "me estoy agotando".
Cuando le llega el turno a Soon-Yi, de 38 años, describe su unión como "pura suerte" que se produjo por "una concatenación absurda de hechos... Si alguien me hubiera dicho cuando era más joven que me casaría con una chica asiática mucho más joven que yo y sin el menor interés por el mundo del espectáculo, habría dicho que eso no podía funcionar. Pero todo marchó fantásticamente". Ni Bechet ni Manzie han visto películas de Allen -"mi mujer ha visto como máximo, la mitad de mis películas"-.
Al preguntarle si alguna vez tuvo un ménage à trois a cuento de "Vicky...", Allen suelta una carcajada. "Es algo en lo que pienso. Pero no demasiado. Es decir, lo he pensado. Probablemente no sabría por dónde empezar". Como Cruz y Bardem en la película, Allen dice que una vez tuvo una relación romántica salvaje que era "fantástica y enloquecedora. Era una persona extremadamente bella y sexy y brillante y difícil, muy difícil". ¿La mujer? La actriz Louise Lasser, con la que estuvo casado a fines de los '60.
Pese a tener el pelo más ralo ya canoso y las arrugas más marcadas, Allen parece estar en plena forma, sentado en el sofá con una camisa a cuadros y pantalones anchos. Entonces, ¿de qué se queja? "Ah, bueno, las mismas cosas de siempre, las existenciales. Estoy más viejo. Me lastimo el pie y tarda dos meses en curarse. Y eso no me gusta. Antes hacía ejercicio por placer. Ahora tengo que hacerlo. Igual que con las cosas que debo comer. Odio envejecer".
De su dieta, que incluye verduras verdes y pescado, dice "todas esas cosas sin ninguna gracia y para nada placenteras que supuestamente te mantienen sano". Luego señala que sus padres comían carne y helado todos los días y su padre llegó a los 100 y su madre a los 95. Siempre celebró sus buenos genes, pero leyó una nota donde decían que la longevidad no es hereditaria. "Entonces me quejé por eso", dice.
Durante muchos años, Allen hizo terapia, pero lleva más de una década sin hacerlo. Se dio cuenta de que hacer cine era tan valioso como el sofá. "Al tratar de entender a todos los personajes para hacerlos interactuar, uno tiene que pensar forzosamente en las motivaciones y las personalidades y los caprichos y defectos psicológicos". Al oírlo hablar de su vida actual -que no se pierde ni un solo partido de los Knicks, que mira béisbol todas las noches por TV- el director que tira toda esa angustia en la pantalla parece, en la superficie, absolutamente equilibrado.
No sabemos qué le depara el futuro a Allen... ni a sus anteojos. El alcalde de Oviedo dedicó la estatua de Allen caminando por la calle en 2003, cuando el autor había recibido uno de los mayores honores de España por su contribución al cine, el Premio Príncipe de Asturias, al que luego se sumaría el Doctor Honoris Causa de la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona. "Es una estatua excelente. Lo que la hace ridícula es que sea yo -dice-. Al principio pensé que era una especie de broma, que la ponían cuando llegaba y la sacaban en cuanto me iba".



Judy Davis, Woody Allen y Mia Farrow en "Maridos y esposas"


n CHICOS POCO LUMINOSOS. Por Sara Vilkomerson

"Diane Keaton siempre me decía, 'Soy terrible, soy terrible, no puedo hacerlo, debes conseguir a alguien más. Y ella siempre fue brillante. Bueno, Larry es así", dice Woody Allen a través del teléfono de su departamento en el Upper East Side de New York. El director nos habla de su nueva película "Whatever works" ("Si la cosa funciona"), que protagoniza Larry David, y abrió el Festival de Cine de Tribeca el 22 de abril para estrenarse el mes que viene.
"Yo siempre había sido su fan. Le pregunté si quería hacerlo, y dijo: 'Pero yo no puedo actuar. Sólo puedo hacer lo que hago, no soy un actor, te decepcionaré'", afima Allen.
"Ya sabes, esos son los que siempre pueden hacerlo. Los que te digan cuan grandes son nunca lo harán". "Larry es todo, 'No puedo hacerlo. No puedo hacerlo', pero cuando llegó el momento de actuar, de sacarlo todo afuera, lo hizo. Y no sólo la comedia, que yo esperaba, sino todas las otras cosas que tenía que hacer, las que requieren actuar y tocar emociones, también."
"Ni siquiera sabía que estaba en la mira de su radar, a decir verdad", dice Larry David, con la máxima seriedad, hablando desde Los Angeles un par de días más tarde. "Estoy muy sorprendido por eso. Cuando escuché que Woody Allen es un fan mío... (pausa) Es sorprendente"."Le di todas las oportunidades para que encontrara otra persona. Estaba incómodo. Fuera de mi zona de confort ", afirma. Entonces ríe. "Por supuesto, mi zona de confort no es muy grande. Hago un paso a la derecha y estoy fuera de ella".
Analizando, una nueva película de Woody Allen protagonizada por Larry David filmada aquí, en la ciudad de New York. ¿Podría haber una más radical muestra de talento, comedia y neurosis? Para la mayoría de nosotros, Woody Allen es como la quintaesencia de Nueva York, como el edificio Chrysler. Muchos neoyorquinos se criaron con una visión de esta ciudad que es la suma de "Annie Hall" más "Manhattan" y "Hannah and her sisters", donde en el horizonte siempre se tuerce y el romance acecha en cada esquina, entre sesudos y nerviosos hombres y jóvenes, encantadoras, ingenuas y hermosas mujeres en grandes departamentos, donde hay países con langostas para cazar los fines de semana y siempre, siempre, un amor encontrado y fallido. Y está Larry David, otro chico bueno de Brooklyn, co-creador y escritor de la serie Seinfeld, que definió New York de nuevo en los años 90, con su exquisitez, un sinfín de exámenes y la sudoración de las pequeñas cosas, maestro de los garages y de las camisas holgadas. Desde su especial de 1999 en HBO Larry David: Curb your entusiasm, y esa serie que siguió y se sigue transmitiendo, ha realizado obras maestras de las situaciones insoportables. La noticia de que iba a protagonizar la última de Allen había dejado a algunos frotándose las manos con deleite de antemano y a otros afilando sus cuchillos, todos ansiosos por ver si David podría salir de ésta como un paradigma del Woody misantrópico. Cosa que es más difícil de lo que podría parecer... ¿Recuerdan la desastrosa actuación de Jason Biggs en "Anything else" o de Kenneth Branagh en "Celebrity"?Pero vamos a seguir adelante y decir que: "Whatever works" es Woody Allen exactamente como usted desea a su Woody Allen. Es ingenioso, oscuro, emotivo, cómico y divertido, y presenta una New York filtrada a través de su lente como nunca la hemos visto antes. Es decir, olvidemos el Upper East Side. Esta película se arrastra a través de las torcidas y estrechas calles del Lower East Side y Chinatown. Y David sale bien parado.
El título hace referencia a una filosofía pragmática cuando se trata de nuestros traidores corazones humanos, a saber, que si encuentras algo o alguien en tu vida que te hace feliz, vayas hacia ello. Independientemente de si a primera vista parece que está todo mal. "Yo creo firmemente en ello," afirma Allen. "Mientras no esté perjudicando a nadie ... o causando algún daño o lastimando a alguien, o algo horrible, que lo que funcione (whatever works, en inglés) para conseguir sobreponerse y continuar con tu vida está bien. Todas las tonterías sobre lo que uno debe y no debe hacer y lo que es apropiado, entre comillas, de acuerdo a lo que yo llamo la "policía de lo apropiado", es absurdo. Es la dura pelea por la vida", continúa. "Una situación trágica. Cualquier cosa que ayude a salir adelante en la medida en que no haga daño a nadie, está bien".
"Whatever works" tiene su parte justa de rincones oscuros, pero el público puede ser sorprendido agradablemente en última instancia, con un mensaje soleado. "Creo que mi filosofía ha sido coherente a lo largo de los años, y puede que sea persuasiva o idiota en función de cómo la película es de buena", dice. "Si hago una película y la película en sí funciona, entonces creo que la gente dice: 'Caramba, aquí la filosofía tiene sentido'. Y si hago una película en la que me he atascado, he hecho malas elecciones artísticas y no es buena, entonces piensan, 'Sus ideas son estúpidas, narcisistas e irrelevantes'. Pero en realidad las ideas han sido siempre las mismas... Es sólo que he fallado artísticamente".
El concepto de cosas que parecen correctas enfrentado al de estar en lo correcto, ha aparecido en las películas de Allen antes. "Esto sucede todo el tiempo", dice Allen. "Conoces a alguien y tienes una relación con esa persona y, en los papeles, parece una relación totalmente lógica y correcta y lo es. Sin embargo, por algún motivo inexplicable, te acercas hacia la persona que está mal para ti, y hace de tu vida un infierno. Y eso te atrae aún más. Y así has resuelto para la persona que era justa en los papeles, que ella no habría sido feliz".
De regreso en Los Ángeles, Larry David considera que la filosofía de "lo que funcione" puede aplicarse a él (de hecho, tomó una noche para pensarlo antes de estar de nuevo en el teléfono con sus pensamientos sobre el tema).
"Aunque podría ser algo justo sobre el papel, no significa necesariamente que va a funcionar", dice. "Considerando que algo muy extraño en los hechos puede ser perfecto, si hay algo acerca de esa persona que te hace sentir bien, eso es lo más importante. Pero generalmente esas son las primeras personas a las que rechazo. Las que me hacen sentir bien. ¿Por qué debo sentirme bien cuando hay mujeres que no pueden estar conmigo y de quienes no puedo estar cerca? Esas son las que quiero".
Este tipo de sentimiento es exactamente lo que era de esperarse de David que en Curb Your entusiasm desempeña una versión bizarra de sí mismo. Pero considere esto: si la persona que creemos conocer de la serie, está ahora en "Whatever works", jugando una nueva versión cinematográfica de Woody Allen, estamos realmente perdidos en altos niveles de confusión cuando se trata de distinguir la línea entre el artista y la realidad. ¿Dónde estamos ubicados? ¿Es Boris, con sus aplastantes inquietudes y asco para con la raza humana, una representación del propio director?
"No conozco tanto a Woody bien, pero es bastante obvio de que Boris es por lo menos alguna de las facetas de Woody," dice David. "Aunque debe haber visto algo en mí para hacerme un pasable doble suyo". David llevó recientemente a su casa "Annie Hall" para que la viera su hija de 14 años. "Ella no pudo soportarla debido a que (el personaje de Woody) le recuerda demasiado a mí. Y no puede verme tampoco... Por lo que sé, somos las únicas dos personas de las que dice eso".
Uno podría pasar horas con la lista de las similitudes entre Allen y David (ambos nacidos en Nueva York en barrio judío, plumas fuertes, importante capacidad verborrágica), pero las diferencias son más interesantes. Por ejemplo, aunque los dos pueden ser llamados pesimistas, las formas en la que lo son se encuentran en lugares opuestos."Creo que Woody es probablemente más un pesimista sobre el panorama general," afirma David. "La desesperanza, la falta de todo sentido, la negrura de la eternidad; esa clase de preguntas. Sospecho que yo soy probablemente más pesimista acerca de cosas más pequeñas: la relación quecno funciona, Obama pierde, los Yankees también, cosas así. La gente no puede ver deportes conmigo porque soy muy pesimista. No soy divertido".¿Pero qué ocurre cuando Obama gana? "¡Lo sé! Mi mundo va patas arriba. Y todavía no puedo creerlo".
Respuesta de Allen a lo que quizá se vea como un final feliz. "Soy siempre tan didáctico en todo lo que hago, y así de firme, quería que quede claro que, a pesar de que fue un final feliz, todos siguen viviendo en esta trágica situación, y con una vida trágica, y que la historia termina con un cierto grado de felicidad sólo temporal," dice. ¿Um, realmente? "Quería retratar Larry asumiendo la vida más cerca de la realidad que otras personas. Él puede parecer un quejoso, un descontento, un misántropo, un cínico, o un nihilista. Pero independientemente de las palabras con que desees describirlo, hay una enorme y triste realidad en su percepción. Y yo quería que quedara muy claro al final de la película".
Larry David rió cuando le conté después lo que dijo el director. "Creo que en general hay momentos de alegría, pero al final todo es negativo," afirma. "Entonces hay una gran piscina, que es lo negativo, en la que vives sumergido y de vez en cuando se puede nadar a la superficie como un delfín y obtener alguna alegría y, a continuación, volver abajo"."Tengo lo que yo llamo, lo que yo percibiría como una visión muy realista de la vida. Mientras otras personas me critican todo el tiempo por ser, ya sabes, cínico, nihilista y misántropo", dice Allen. "Y sabes, no creo que esto sea así. Aunque es posible que lo sea y tengo un punto ciego. Pero no lo creo. Creo que mi percepción es correcta y que un acontecimiento trágico requiere de verdadera improvisación, suerte y trabajo para sobreponerse a él".
El rodaje de "Whatever works" fue agradable en todos los sentidos. Allen dirige largas, difíciles tomas, pero mantiene horarios civilizados, y para los nativos de New York como Patricia Clarkson, fue una oportunidad de caminar a casa del trabajo. Michael McKean, quien interpreta a uno de los pocos amigos de Boris, había trabajado con Allen en 2004 en la producción del teatro Atlantic, Secondhand memory, afirma que Allen estaba especialmente enérgico y feliz. "Parecía estar de buen humor. Tuvo una gran relación con su director de fotografía y el resto del equipo. Él sabe lo que quiere y eso es clave. Y fue un buen grupo". McKean continúa diciendo que el director llevaba a David y Evan Rachel Wood (recomendada para el papel por Soon-yi Previn) a Katz deli para un corned beef de medianoche.
"Él escribe esas notas realmente hermosas", comenta por su lado Clarkson, sobre recibir su segundo guión de Woody Allen. "Con 'Whatever works' fue algo gracioso como: 'Si usted tiene algo mejor que hacer, la entenderé'. Y, a continuación, abrir el guión y descubrir este papel divino".
Y cuando dice notas, quiere decir notas. Nada de e-mails para Woody Allen. "Me sobrepasa", es su comentario sobre la era de Internet. "No tengo un ordenador, no tengo un procesador de textos o cualquiera de esas cosas. Nunca he sido capaz de trabajar con esos instrumentos. No tengo todos esas herramientas. Tengo una máquina de escribir y aún, después de todos estos años, tengo grandes problemas para cambiar su cinta". Relata. "Sé que me estoy perdiendo algo. Que los amigos buscan en Google información instantánea o cosas". El mantiene un diccionario Webster siempre a su lado. "Es sólo que a mí me sigue pareciendo tan futurista... Todavía me esfuerzo y lo hago de la otra manera. No digo que con orgullo, o que sea una buena cosa. No creo que lo sea. Simplemente nunca he sido capaz de hacer la transición". Allen dice que él siempre le dice a sus actores que improvisen. "Si vas a pedir el divorcio, pide el divorcio. Y hazlo con tus propias palabras". David, un excelente improvisador por naturaleza, quiso ceñirse al guión, aunque tuvo el impulso en el inicio del rodaje de intentar cambiar las cosas. "He estado diciendo mis propias palabras toda mi vida", dice David. "Puede ser refrescante tener las palabras de alguien más en mi boca." ¿Se acostumbró? le preguntamos. ¿Cuándo se comenzó a sentir cómodo en su papel protagónico? "Tal vez el penúltimo día," se rió. "Sí, el último día. Estaba como '¿Sabes qué?, Pienso que esto es muy fácil'".
Allen afirma que ahora que ha terminado su película, que ha hecho las copias para el exterior y está terminando las correcciones de color en DVD, nunca va a verla de nuevo.
"Hice 'Take the money and run' en 1968 y nunca la he visto, igual que a cualquiera de las demás". Allen asiste a los estrenos pero nunca ve la película. "Voy, camino por la alfombra roja ... una sonrisa... responder a las preguntas y continuación, me siento en la sala y al segundo que las luces comienzan a bajar, estoy fuera. Estoy en un restaurante con mi esposa cenando. Y luego a ir a la fiesta y cambio nuevamente a modo de falso tono social para el intercambio de enormes mentiras... Han odiado la película, pero están diciendo, 'Cielos, gran película. Gran film'".
Se puede esperar este tipo de comentario de Boris, pero no de Woody Allen...
"Puedo decir que nunca he sido feliz con mis películas", dice tranquilamente. "Es siempre la misma historia: me puse a hacerlas y me había propuesto hacer, ya sabes, lo más grande que jamás se ha realizado. 'Othello' o 'Citizen Kane'. Pero para el momento que he finalizado, cuando está terminado, y lo he estropeado artísticamente, no pude conseguir aquel actor y no tenía dinero suficiente para ello e imaginé mal esta broma... Cuando armé la película, he pasado de estar seguro de que iba a hacer la próxima gran obra maestra a rezar porque sólo no sea una vergüenza". Suspira. "Así que me encuentro en la sala de montaje tomando un momento de aquí y pegandolo allí. Poniendo un fragmento de música aquí y emparchando algo allá, con la esperanza de respirar y sobrevivir. Y ya he abandonado toda esperanza de integridad y de una obra maestra sin concesiones".Al tener a Larry David en "Whatever works", Woody Allen ha añadido algo a su canon al que él nunca podría haber llegado por su cuenta. Contrató al único comediante que ha puesto filo cortante en la usual simpatía del intérprete de Woody Allen. "Whatever works" puede no ser una obra maestra sin concesiones, pero es la sorprendente colaboración de dos maestros de la comedia intransigente de la psique romántica y torturada de New York.
Y funciona.


Diane Keaton y Woody Allen, en "Annie Hall"

U Creo que hago de Bob Hope todo el tiempo. Pero no soy ni de lejos tan bueno. Pero sí hago de él todo el tiempo. Es muy evidente en una película como "Love and death" . Cuando recopilaba fragmentos de películas para un homenaje a Bob Hope en el Lincoln Center, decidí incluir algunas partes de "Love and death" para usarlas en paralelo a las de Bob Hope, con el fin de mostrar su influencia sobre mí; quiero decir que..., simplemente lo copio con tanto descaro..., y no me refiero a robar el contenido de sus chistes, pero sí es cierto que hago de él.
Para mí el otro gran hacedor de diálogos siempre ha sido Groucho Marx, por supuesto. Groucho era claramente un genio, y quienes escriben sobre cine con conocimiento de causa, sabiendo de su historia, coinciden en calificar a los hermanos Marx de geniales. Su comedia no tenía tintes trágicos, aunque sí surrealistas. Había un toque de genialidad muy evidente.
Los diálogos de Hope evidencian tanta fortaleza como los de Groucho. Es tan grande como él. Es incluso más real. Groucho era un payaso, en el sentido más estricto de la palabra -de manera que es muy difícil imaginárselo en una situación real- siempre es surrealista (con el bigote pintado), y se muestra a las claras como alguien venido desde la irrealidad con la intención de hacerse un hueco en el mundo real. Hope, por el contrario, se las apaña con esos diálogos y ese comportamiento en un contexto real. Es capaz de interpretar a una persona de carne y hueso, un interés amoroso, a un tipo que finge ser un detective privado,... alguien que actúa como un espadachín, y su trabajo es sencillamente maravilloso
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n ENTREVISTA A WOODY ALLEN (3). Por Hugo Alconada Mon (La Nación)

Es más serio, más oscuro, más pesimista de lo que cualquiera podría imaginar. Woody Allen, uno de los más grandes cineastas de todos los tiempos, el creador de varias decenas de obras maestras, cree que la vida se divide entre lo miserable y lo horrible, que es una tragedia y que con la muerte todo acaba. Nada hay más allá, cree saber. Y eso lo fastidia.
Pero es este mismo Woody Allen el que sigue creando gags desopilantes, el que escribe y filma al menos una película de calidad por año. La última, “Melinda y Melinda”, está por llegar a los cines argentinos. Y es el mismo Allen que concedió a LA NACION una entrevista de una hora y media en su cine privado, allí, en el Manhattan Film Center, que armó en la zona más exclusiva de esta ciudad, en el cruce de Park Avenue y la calle 63. Es el mismo Woody Allen, el de las gafas que son su marca registrada, el obsesivo e hipocondríaco, el admirador de Ingmar Bergman y el lector confeso de Jorge Luis Borges. Pero está distinto, más viejo.
Cumplirá 70 años en diciembre y no le encuentra a eso un aspecto positivo, sino uno risible. “¡Odio ponerme viejo! No te pones más sabio, ni más tranquilo, ni más maduro. No ves el mundo de otro modo de repente ni a las chicas les da por la ternura... ¡Nada de eso!", dice, y ríe. Y cuando replico que se lo ve muy bien, aparece el Woody que todos esperamos: "Bueno, gracias... (calla unos segundos) ¡Salvo que tenga algo y que aún no lo sepa!", retruca. "Pero no soy hipocondríaco, ¿eh?" Y ríe, cómplice, otra vez.

-La crítica coincide en que con "Melinda y Melinda" ha retornado a la senda de sus mejores obras. ¿Usted se siente satisfecho con la película?
WA: Siempre he tenido una confianza extrema mientras escribo. Luego, cuando filmo, me siento más o menos cómodo, y después, cuando edito y veo lo que he hecho? [chasquea sus dedos] toda mi confianza se desvanece. "¡Mi Dios! ¿Qué hice? ¡Tenía una percepción maravillosa... y grabé esto!", pienso, pero no puedo tirar todo a la basura. Hago lo mejor que puedo cuando edito la película y me la saco de encima. Entonces entra la audiencia y a veces les gusta la película y a veces no, pero nunca saben lo que yo tenía en mente. A veces me gustaría decirles: "¡Ustedes no se dan cuenta de la idea maravillosa que tenía y de cómo la arruiné! ¡Sólo han visto el 50 por ciento, el 20 por ciento de mi idea!" Si sólo pudiera rehacer mis películas, realmente podría hacerlas mejor. Así que, volviendo a su pregunta, no, nunca quedo feliz. Sólo una o dos películas me dejaron satisfecho en toda mi vida y no pienso decirle cuáles son.
-¿Me dirá, al menos, hasta qué punto lo satisfizo "Melinda y Melinda"?
WA: Representa la mitad de lo que imaginé.
-¿Pensó en filmarla otra vez?
WA: No es tan fácil. Trabajo con un presupuesto muy bajo para los estándares de la industria. En Estados Unidos el costo medio de una película ronda los 50 o los 60 millones de dólares, y ahora películas de cien millones de dólares son bastantes comunes, mientras que yo nunca consigo hacer películas de más de 12 o 13 millones de dólares, por lo que no tengo el margen para rehacerlas. Filmar se ha convertido en algo prohibitivamente caro, en particular para quienes carecemos del dinero suficiente para armar algo parecido a "El aviador" [de Martin Scorsese, con Leonardo DiCaprio]. Esa película tuvo un presupuesto enoooorme, y está claro que Martin no dilapidó el dinero, pero, a su vez, recaudar semejante dinero es algo impensable para mí.
-Pero lo notable -y, para usted, lo halagador- es que, aun con sus bajos presupuestos, los actores quieren trabajar bajo sus órdenes...
WA: [Sonríe con picardía, por primera vez.] Bueno, sí, si los atrapo en el momento correcto. No van a trabajar en mis películas si algún otro les dice al mismo tiempo que les pagará diez millones de dólares, porque nosotros le damos el mínimo absoluto, mil dólares por día, cinco mil dólares por semana, cuando en otros films cobran fácilmente un millón de dólares por semana. Pero si cuando los llamo están en sus casas y les atrae el guión, entonces dicen que sí, que harán la película porque cobran dinero suficiente por las otras. Pero si les gusta el guión y después los llama Scorsese con una oferta de 15 millones de dólares; eso es todo. [Chasquea sus dedos otra vez.] ¡Se escapan!
-Esta es, desde 1999, la primera película en la que no actúa, y tampoco aparecerá en la próxima, "Match Point". ¿Prevé reaparecer en la siguiente?
WA: Sí, en la que filmaré este verano [por este invierno argentino]. Filmaremos en Londres, con Scarlet Johansonn. [Se pone serio, de improviso.] Cuando aparezco en una película debe ser una comedia. No soy un actor serio: la gente se ríe de mí, y "Match Point" es un film bastante serio. Si apareciera en la película, la arruinaría.
-Usted ha recibido toda clase de reconocimientos. ¿Aun así los estudios no confían en usted?
WA: No, no confían. Quieren sentir que participan en las filmaciones y estar seguros de que sus inversiones son seguras. No les agrada sentir que le entregan dinero a una persona a la cual no le importa lo que piensan o quieren. ¡Quieren ser parte del proceso, y yo no quiero que lo sean!
-"Melinda..." costó unos 12 millones de dólares. ¿Recuperó la inversión?
WA: Esta película recuperará lo invertido, sí. Pero... [tose, incómodo] siempre es un problema. En algunas películas previas, no se recuperó la inversión. Pero ésta lo hará, porque la lanzamos primero en Europa y tuvo una exposición muy fuerte allá. Cuando se lanzó en Estados Unidos ya había reembolsado once millones de dólares. Entonces, no hay ya tanta presión.
-En el caso de "Melinda y Melinda" ¿hay algo en particular que le agrade?
WA: Lo más agradable e interesante fue filmar la mitad dramática. Resultó más divertido, porque he grabado miles de escenas cómicas, pero muy pocas serias. Pero el desafío fue más para la protagonista, Radha Mitchell, porque grabábamos primero una escena cómica, donde ella era graciosa y chispeante, y casi de inmediato filmábamos otra escena en el mismo lugar, pero de la mitad dramática, para achicar los gastos. Y ella tenía que pasar de ser encantadora a las 9 de la mañana a ser un desastre a las 10.30 y otra vez a ser chispeante al mediodía.
-¿Aún siente que en Estados Unidos no entienden sus películas?
WA: Nunca he tenido un gran público aquí, ni siquiera cuando ganamos el premio de la Academia a la mejor película [con "Annie Hall"]. Ha sido una constante en mi vida. Cuando era comediante en los cabarets, los críticos me amaban, pero muy poca gente venía a verme. Me promocionaban en Las Vegas y nadie venía a mi espectáculo. Hice televisión y lo mismo: muy bajo rating. Y mis películas tienen siempre audiencias muy pequeñas, aun más bajas ahora.
-¿Por qué?
WA: Quizás a través de los años he hecho demasiadas películas y [sonríe] algunos de mis fans han muerto, lo que es predecible después de tantos años en este negocio. Además, la gente no va tanto al cine y prefiere alquilar películas, y los cines ofrecen menos variedad. Las películas estadounidenses son poco interesantes y los chicos ven cosas estúpidas, que no promueven una fermentación intelectual.
-¿Iría a la Argentina para impulsar un emprendimiento cultural o cinematográfico? Lo único que me ha prevenido de ir a la Argentina ha sido la extensión del viaje en avión. A mi esposa le encantaría ir, y a mí también. He tenido ofertas para tocar jazz con mi banda allí y en Brasil. Pero me intimida el viaje. No me gusta viajar a Europa, así que imagínese... No soy un gran viajero, pero mi esposa es la que me impulsa.
-¡Así que los argentinos deberían tentar primero a su esposa, para ver si así lo lleva a usted por la fuerza!
WA: [Se ríe] ¡Ciertamente ésa sería una forma de presionarme! Ella insiste mucho en ir a algunos lugares: la Argentina, Brasil y Asia, de donde ella proviene, ¡aunque viajar a Asia me asusta aún más!
-¿Cuál es la primera imagen o idea que le vino a la cabeza cuando mencioné a la Argentina?
WA: Borges [lo pronuncia perfecto]. George Louis Borges. He leído muchas de sus obras e integro varios comités y fundaciones que promueven su obra y honran su memoria. Soy un gran admirador suyo. Pienso también en Alfredo Zitarrosa, aunque era uruguayo. Tengo varios de sus discos. Y, por supuesto, pienso en los clichés que tenemos los estadounidenses: las pampas, los gauchos, los mejores bifes del mundo. También pienso en Buenos Aires como una de las ciudades más sofisticadas, otra París, con un muy alto nivel de arte y cultura.
-En "Bananas" parodió la realidad violenta y pintoresca de América latina. ¿Por qué y cómo la creó?
WA: Hace 35 años, lo que leíamos siempre en los periódicos era la inestabilidad recurrente de las que solían llamarse las "repúblicas bananeras" en América Central y, en menor medida, en América del Sur. Entonces un amigo y yo comenzamos a escribir un guión pensando que sería una atmósfera muy adecuada para una película cómica. -En esa película, un sargento les aclara a sus soldados que pelearán para ambos bandos: "Esta vez, la CIA no quiere perder", les recuerda. ¿Cualquier similitud con la realidad actual es pura coincidencia?
WA: Correcto [sonríe]. Lo notable es que en aquel tiempo la vida cotidiana en la región era más rica que la ficción: había tanta violencia, tantos asesinatos, que sentimos que podíamos relatarla como una transmisión deportiva y colocamos a un par de supuestos periodistas del canal ABC News. Ahora, con la CNN, ese tipo de desastres son más realistas desde el punto de vista de la televisión, pero no resulta nada gracioso.
-Usted pasó de películas cómicas a producciones más profundas o dramáticas. ¿Refleja la evolución de su visión sobre la vida?
WA: Como artista, me siento más cómodo en la comedia, que me surge más naturalmente, pero como ser humano pienso que la vida es una experiencia muy triste y trágica. Por supuesto que tiene aspectos o momentos cómicos, pero la vida es tragedia.
-¿Cómo avizora la muerte?
WA: Como la tragedia última, máxima. No hay nada después de eso. Es la cesación de toda esperanza.
-¿No hay atisbo alguno de religiosidad en su vida privada?
WA: No. No soy religioso en absoluto. ¿Sabe? En "Melinda y Melinda" hay una mitad cómica y otra trágica, pero en realidad sólo se trata de una tragedia. Una mitad muestra una tragedia absoluta, y la otra, una tragedia con algunos puntos risibles en su desarrollo. Pero no existe una opción en la vida: es tragedia, en su comienzo, en su transcurso y en su final.
-Reafirma la visión del personaje de Alvie Singer, que usted encarnó en "Annie Hall", cuando decía que los humanos nos dividimos entre los miserables y los horribles
WA: Sí, sin duda es cierto. La vida puede ser horrible, realmente horrible. Y si tienes suerte, tienes éxito, tienes hijos, un buen trabajo, salud, una mujer que te quiere y todo lo demás, aun así al final envejecerás y morirás. Tus hijos y tu esposa también morirán con los años, y no importa qué hagas desaparecerá todo rastro tuyo. Así que la vida es miserable y puede tornarse terrible.
-¿Entonces cómo lidia con la idea de envejecer? Usted cumplirá 70 años en diciembre próximo.
WA: ¡Gracias por recordármelo! [Ríe.] ¡Odio ponerme viejo! El envejecimiento no viene con cualidades redentoras que compensen los problemas: no te pones más sabio ni más tranquilo ni más maduro. No ves el mundo de otro modo de repente ni a las chicas les da por la ternura ¡Nada de eso! ¡Es un pésimo acuerdo, si es que alguien lo pensó de ese modo!
-Bueno, pero usted está en perfecto estado físico y parece saludable...
WA: Sí, bueno, gracias... [vuelve a sonreír con picardía.] ¡Salvo que tenga algo y que aún no lo sepa! Pero no soy hipocondríaco, ¿eh? [Carcajadas.]
-¿Qué es lo que más lo asusta de envejecer?
WA: El deterioro y la muerte. Hacemos todo lo posible por negar u ocultar que nos van a pasar. En mi caso, me encanta trabajar y me resulta terapéutico, como cuando a un viejito lo ponen a tejer cestos. Trabajo porque me ayuda. Si luego la gente va a ver lo que hago, me hace más feliz, pero si no van, ¡me importa nada mientras pueda seguir haciendo películas!
-¿Acaso intenta alcanzar la inmortalidad a través de sus obras?
WA: ¡No! [tajante.] No existe la inmortalidad. El arte es apenas una catálisis intelectual del artista, que a veces cree que existe la vida después de la muerte y que sus obras le permitirán alcanzar la inmortalidad. Pero no, olvídese, no existe eso. No sé cómo les caerá a los católicos de su país, pero no hay nada después de la muerte.
-Volví a ver "Bananas", que hizo en 1971. Y usted está allí joven, hilarante y sagaz. ¿Acaso eso no es una forma de inmortalidad?
WA: ¡No! Eso no significa nada. Podemos ir juntos a la tumba de Shakespeare y depositar flores sobre ella y hablar de cuán buen escritor era y seguir así por un largo rato. Pero para Shakespeare es lo mismo que estemos allí o que no. ¡El está muerto! Es obvio que implica una gran decepción no aceptar la idea de posteridad, de inmortalidad o de legados, pero en última instancia todo eso no significa nada.
-Se ha dicho que usted, junto a Ingmar Bergman y Akira Kurosawa, formó la trilogía que intentó "hacer literatura" con sus películas...
WA: [Interrumpe.] Para mí, Bergman y Kurosawa son tremendos genios del cine y no siento que alguien pueda ponerme en la misma conversación con ellos. No puedo ser miembro de ese club. Puedo aspirar a ser miembro, pero nunca lo seré, porque carezco de la genialidad que ellos sí tenían.
-¿Son ellos dos los creadores que usted más admira?
WA: Bergman es el que más admiro. Tengo una gran reverencia por Kurosawa y por Fellini, pero Bergman es el que más admiro, por razones particulares. No simplemente porque haya sido el más grande director, por encima del resto, sino porque los temas sobre los que hizo sus películas tienen un significado especial para mí. Otros podrán sentirse más conectados con Fellini o Kurosawa, pero en mi caso siento que Bergman me habla a mí, personalmente, en sus películas. Es mi favorito.
-¿Acaso le atrae en Bergman su planteo sobre el silencio de Dios?
WA: [Asiente con la cabeza.] Bergman me interesa porque sus temas centrales eran los terrores existenciales, el silencio de Dios y las dinámicas religiosas y, en un nivel más personal, su visión sobre las dificultades que tienen hombres y mujeres para comunicarse. Kurosawa me atrae menos por los temas que aborda, pero sí por el modo espectacular en que lo hace, mientras que Fellini me atrae por los temas que aborda, pero en menor medida que Bergman.
-Muchas mujeres consideran que usted conoce muy bien cómo piensan. ¿Siente que es así?
WA: Me siento más atraído por las mujeres. Las encuentro más grandes que los hombres. Desde el comienzo mismo de la vida, ves a los chicos que se pelean, mientras que las niñas son muy dulces. Las mujeres son más civilizadas, gentiles, interesantes y divertidas porque son más complicadas y más emocionales, mientras que los hombres intentan mostrarse fuertes y ocultar sus emociones.
-¿Cómo definiría a la mujer?
WA: Como el género superior. Aun si incluyo a mi madre y a mis ex esposas [sonríe], porque he tenido muy buenas relaciones con ellas. Mi primera esposa era brillante y me ayudó mucho. Sigo siendo muy amigo de mi segunda esposa [por Diane Keaton], y mi tercera esposa... bueno, sigo casado con ella. Todas ellas, más mis amigas y tías, han hecho grandes contribuciones a mi vida.
-¿Cómo se llevaba con sus padres, ya que bromeó sobre ellos miles de veces? Recuerdo "Días de radio" y "Annie Hall", entre otras películas
WA: Mis padres jamás entendieron mis bromas. Nunca. Pero, a la vez, estaban muy contentos con mi éxito. Y aun así habrían sido más felices si hubiera sido médico o farmacéutico o abogado, porque eso es lo que entendían, a diferencia del negocio del espectáculo, de los cabarets, de las películas, aunque también se emocionaban mucho cuando aparecía en el periódico alguna crítica de mis películas.
-Pero ¿qué le decía su madre cuando usted decía, por ejemplo, que el primer regalo que le hicieron de bebe fue poner en su cuna un osito... vivo?
WA: ¡Ja! Bueno, siempre hay que exagerar un poco la verdad? Uno hace cada broma? Como principio, los chistes, como el drama, se basan en los conflictos. Pero la verdad es que mis padres eran muy buenos conmigo. Mi madre fue muy estricta, pero muy generosa al cuidarme... y al sacar el osito vivo de mi cuna.
-¿Qué le disgusta de usted? ¿Su hipocondría, sus obsesiones? ¿Se prepara el mismo desayuno, del mismo modo, desde hace 50 años?
WA: Bueno, tengo algunos pésimos hábitos. Soy perezoso, cobarde, impaciente, corto de mente. Pero también admito que no le deseo mal a nadie, que trato de ayudar y que tengo una actitud de vivir y dejar vivir.
-Los roles que asume suelen ser de indecisos, cobardes, perdedores. ¿Le gustaría, alguna vez, actuar de ganador y conquistar a la mujer más bonita?
WA: No, realmente. ¡No creo que pueda convencer a los espectadores con semejante personaje! Represento mejor personajes con otras condiciones que me son más naturales: incompetentes, cobardes, inestables... Usted sabe, ese tipo de cosillas. -Ultima pregunta: ¿se animaría a ser analizado por un lacaniano?
WA: ¿Usted dice en sesiones cortas? Reconozco que, como decía Bruno Bettelheim [psiquiatra sobreviviente de los campos de Dachau y Buchenwald], a veces se puede mejorar casi de inmediato, como ocurría en los campos de concentración, cuando un neurótico o un fóbico cambiaban en un segundo, y no siempre para mal, con una pistola en su rostro. Dicho esto, le respondo: no, no me animaría con un lacaniano, porque anticiparme a que, en cuanto entre en el consultorio, un tipo me diga: "Vaya directo al punto"... ¡Ah, no! ¡Me haría entrar en pánico! ¡Sería dramático para mí!
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Meryl Streep y Woody Allen en "Manhattan"

U La primera vez que vine a Manhattan, tal como la recuerdo, fue una experiencia asombrosa, aunque vivía a cuarenta y cinco minutos de aquí. Pero como usted sabe, cuando tienes cinco o seis años no viajas libremente. Y fue mi padre quien me trajo. Subimos en al tren en la Avenida J en Brooklyn y bajamos en Times Square, ya en Manhattan. Y cuando salías a la superficie descubrías la la cosa más asombrosa que podías imaginar. Allí donde miraras, en todas direcciones, descubrías salas de cine. Ahora me parece que había muchas, y es verdad que las había cuando yo viví y crecí en Brooklyn. Pero aquí, cada ocho o diez metros, había una sala de cine, a lo largo de toda la calle 42, en toda la calle Broadway, y eso me parecía el colmo del glamour. En esa época las mujeres tenían la imagen de Betty Grable, Rita Hayworth o Veronica Lake, la misma imagen a la que todas aspiraban. Y caminaban por la calle de la mano de los marineros. Y había tipos vendiendo muñecas que bailaban, aparentemente sin cables, allí junto a los edificios, usted sabe, y... y los chiringuitos de papayas y las barracas de tiro al blanco. Me refiero a que no era tan distinto a aquella escena de "The Broadway melody" en la que Fred Astaire está caminando. Eso no era exagerado. Era una variación sobre todo eso. Una cosa verdaderamente asombrosa.
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n ENTREVISTA A WOODY ALLEN (4)
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Periodista: ¿Cuál fue el punto de partida creativo de la historia a la hora de escribir el guión: la trama de misterio, la historia de amor o la idea para el personaje de Scarlett, la tenacidad de la joven periodista?
Woody Allen: No, la idea original era cómo el empeño y la tenacidad de un periodista le llevan a conseguir una exclusiva desde el Más Allá (una historia jugosa de la que se entera después de muerto) y cómo nada ni nadie puede impedirle conseguirla. Era un homenaje al buen periodismo de investigación.
P: Y de ahí, la idea evolucionó para abarcar el personaje de la joven estudiante de periodismo interpretada por Scarlett...
WA: Sí. En un principio, pensé en una reportera porque la idea se me ocurrió antes de conocer a Scarlett. Pero cuando estaba escribiendo el guión y ya sabía que Scarlett iba a interpretar al personaje, me pareció natural que fuera una universitaria de la facultad de periodismo en sus vacaciones de verano.
P: Scoop es la segunda película que rueda en Londres y hay una tercera en camino. Al contrario de lo que sucede con el personaje que interpreta en Scoop, ¿usted sí se ha enamorado de esta ciudad?
WA: Es un lugar estupendo para filmar. A mí me gusta mucho rodar en Nueva York pero Londres se acomoda a mis gustos. El tiempo es muy bueno y las condiciones para rodar (las condiciones económicas, artísticas etc) son buenas. En fin, que es un placer rodar aquí.
P: ¿Tiene ahora algún exterior favorito en Londres, algún equivalente, digamos, a los Estudios Kaufman Astoria o Greenwich Village?
WA: Verá, como no conozco la ciudad tan bien todavía disfruto mucho con todo lo que veo en la ciudad. Me gusta deambular por las calles de Londres, me parece que tienen un encanto especial. Además es muy fácil encontrar buenos exteriores cuando se combina la belleza de la ciudad con la belleza del tiempo que hay aquí todos los días; estos maravillosos cielos sombríos, grises, de luz tenue. Son muy seductores en pantalla.
P: Al escribir e interpretar el personaje de Sid Waterman, alias Splendini, ha vuelto a escribir e interpretar escenas relacionadas con la magia y los magos. ¿Por qué tanto interés? ¿Es algo que le viene de la infancia o no?
WA: Sí. Siempre ha sido una pequeña afición mía. La tenía cuando era pequeño y ahora que soy mayor me sigue interesando. Todos esos cajones japoneses de barniz rojo de mala calidad, los pañuelos de seda, las espadas, las cartas y los aros de plata y toda la parafernalia que le da ese aspecto exótico es algo que siempre me ha fascinado y divertido.
P: Y también la vestimenta del mago ¿no?
WA: La vestimenta del mago, sí. (ríe) En mi caso, bueno, siempre me tomo una pequeña licencia ahí.
P: Siguiendo con el personaje que interpreta en Scoop, ¿podría comentar un poquito su evolución dentro de la historia? Me recuerda a uno de esos personajes de sus películas que se ven arrastrados de pronto por un aluvión de acontecimientos que les llevan, digamos, a descubrir una tierra ignota en sus vidas.
WA: En las películas de suspense o en este caso, en una comedia de suspense, siempre hay un truco estándar que consiste en que un personaje inocente, por una razón u otra, se vea envuelto en una historia que ni le va ni le viene y en la que no quiere inmiscuirse para nada. Pero siempre existe una razón para que acaben involucrándose. En Scoop, Sondra convence a Sid porque es una estudiante simpática, carismática y muy atractiva. Empieza a implicarse en la historia y acaba metiéndose hasta las orejas.
P: En las últimas escenas, parece que se ve obligado a seguir por la chica.
WA: Sí, ella le gusta; no como novia sino como persona. Pero su sentido común le dice que no se implique, ya que lo único que puede sacar son problemas. Pero es paisana suya y del mismo barrio, alguien con quien puede identificarse y sentir empatía. Y cada vez se mete más y más. El entusiasmo de la chica no tiene límites porque es incansable y porque empieza a enamorarse del sujeto de su investigación.
P: En cuanto a las estrellas masculinas, ¿ha sido Cary Grant tal vez una inspiración para el personaje de Hugh Jackman y su caracterización? ¿Tal vez Sospecha, en concreto?
WA: No, creo que Hugh es así; es un tío atildado, encantador, simpático que sabe bailar y moverse con gracia, es apuesto y sabe cantar, así que las comparaciones van a ser inevitables. Siempre van a existir; igual que hubo una época en que también se comparaba a Hugh Grant con Cary Grant, porque también es un tipo muy desenvuelto y encantador, como Hugh Jackman, y las comparaciones van a ser inevitables.
P: Como ya hemos comentado, usted conocía a Scarlett Johansson bien porque acaba de hacer su anterior película con ella. En Match Point nos mostró un lado dramático de la actriz que no habíamos visto nunca. Y ahora en Scoop su lado cómico. ¿Qué tal se la dirige? Y en Scoop, ¿cómo es actuar junto a ella?
WA: Es una delicia. Es como si te tocara la lotería o algo parecido. Simplemente lo tiene todo. La vida ha sido generosa con ella: Es hermosa, sexy, muy lista, divertida, maja, ocurrente y buena compañera de trabajo. Tiene amplitud; garra dramática y humor, cuando se requiere que sea divertida. Ciertas personas con las que he trabajado a lo largo de los años y Diane Keaton ha sido una de ellas, parece que han sido tocados con una varita mágica y todo lo que hacen es artístico. Y a Scarlett le pasa lo mismo. Ilumina el estudio cuando entra; el equipo de rodaje la adora. Está llena de energía y le infunde a todo el equipo ese sentimiento positivo. Es un lujo trabajar con ella y no lo digo solo porque sea su co protagonista. Todo el mundo de la compañía estaba deseando trabajar con ella en la segunda película después de la experiencia de la primera.
P: En las escenas que tiene con usted en Scoop, ¿logró estar a su altura?
WA: Oh, no le llegaba ni a la suela del zapato. (ríe) Mire, es una de esas personas que siempre, ya sea entre bastidores o no, me superan. Por muy buena que sea la frase que se me haya ocurrido, cuando nos ponemos a competir, y nos picamos y eso, siempre acaba diciendo algo mejor. Por supuesto, eso para mí merece un gran respeto porque me considero una persona ocurrente e ingeniosa y cuando alguien me puede consistentemente me parece asombroso. Y lo digo de verdad, pregunte a cualquiera del rodaje.
P: Como sucede con Misterioso Asesinato en Manhattan, en Scoop también hay dos personas que deambulan por la ciudad tratando de encontrarle sentido a algo.
WA: Sí y muchas escenas con diálogos muy rápidos. En Scoop, quería hacer lo mismo. Verá, yo no tengo una gran amplitud como actor, al contrario de Scarlett, mis recursos son limitados. Puedo interpretar a un intelectual (a un profesor de universidad o a un siquiatra) o puedo interpretar a un delincuente (a un corredor de apuestas cutre) En Scoop, soy un mago barato de vodevil.



"Manhattan"

U Las ideas se me ocurren de dos maneras. Una es cuando estoy caminando por la calle o me estoy afeitando y se me ocurre algo y lo escribo en algún papel, lo guardo en un cajón y lo rescato más tarde. Pero yo he sido guionista de televisión, en la época de la televisión en vivo, cuando se comenzaba a trabajar el lunes y el jueves tenía que tener a los actores ensayando con un texto, por lo que siempre tenía que inventar algo. Es algo que todavía puedo hacer. Me puedo meter en un cuarto, cerrar la puerta y no necesito esperar a que me llegue la inspiración. Escribo y aunque no esté demasiado inspirado, he escrito algunas de mis mejores cosas de esa manera, forzándolas. También he escrito algunas de las peores cosas de la misma manera.
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n ENTREVISTA A WOODY ALLEN (5). Por José María Aresté
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Entrevistar a Woody Allen es un honor, que tuve la posibilidad de vivir con ocasión del pasado Festival de San Sebastián, donde el director neoyorquino recibió el Premio Donostia. Hacer una película todos los años, y mantener un excelente nivel, no es tarea sencilla, pero él la aborda con ejemplar puntualidad. Quizá Melinda y Melinda no sea su mejor film, pero como es habitual, su punto de partida ya es toda una sorpresa.

P: La película juega con la idea de comedia y drama. En algunos pasajes he dudado si era comedia o drama. ¿Ha querido jugar a la confusión, es decir, que al final el espectador crea que es todo muy parecido?
WA: Pienso que son mundos tan cercanos que lo mismo se puede ver como una tragedia o como una comedia. Depende del punto de vista con el que se mire, o de la situación en la vida de cada uno. El mismo acontecimiento puede verse de dos maneras diferentes.
P: En varias entrevistas usted ha declarado tener un sentimiento trágico y pesimista de la vida. A algunos espectadores nos resulta imposible creer que esto es así, con su sentido del humor.
WA: Hay momentos en los que me he sentido bien, porque han sido agradables y felices. Algunos ha habido. Pero en general sí que soy muy pesimista cuando pienso en la vida. Espero que mis películas hayan reflejado muchas cosas diferentes, pero pienso que la idea que reina en todas ellas es bastante oscura. Cuando leo el periódico todas las mañanas y veo lo que ocurre, no puedo evitar sentirme pesimista.
P: Usted es uno de los más reputados directores, actores y guionistas del cine actual. ¿Pensó de pequeño alguna vez que podía llegar tan lejos?
WA: No. Me echaron del colegio y tuve suerte, porque escribía chistes. Gracias a eso pude sobrevivir, pero nunca imaginé que podría llegar a esto, que aquello que escribía entonces podría llevarme al éxito. Siempre he dicho que era una persona con mucha suerte. El resto de amigos del colegio se iban convirtiendo en médicos, abogados, o economistas. Yo francamente no sé qué hubiera podido hacer si no me hubiera dedicado a esto.
P: ¿Escribir guiones a partir de una idea es parecido a vivir la vida?
WA: Al escribir todo tiene su lógica. Hay cosas que salen bien y otras que salen mal. Al final, lo único que te puede pasar es que ruedes una mala película. Pero cuando en la vida real reflexionamos sobre algo, y uno se deja llevar por su instinto, las consecuencias pueden ser mucho peores que simplemente una mala película.
P: ¿Qué supone para usted el premio Donostia que recibió en el festival de San Sebastián? ¿Qué piensa de que las comedias apenas reciban premios?
WA: Venir a recibir el premio Donostia ha sido una manera de agradecer al público español su fidelidad y su apoyo durante todos estos años. Para mí es una gran oportunidad estar aquí y poder agradecérselo de esta manera. Las comedias lo tienen más difícil para conseguir premios, porque los trabajos serios siempre calan más hondo dentro de nosotros. El mundo es trágico por naturaleza, y las tragedias nos llegan de una manera más profunda. Se suele decir que la comedia es un trabajo intelectual difícil de hacer, pero al final se ve que realmente las comedias apenas reciben premios. Ahí subyace la idea de que la tragedia es más importante. La comedia se relaciona siempre con destrucción y el drama con la confrontación con la realidad.
P: Siempre se ha dicho que sus películas tienen siempre un carácter autobiográfico. ¿Cree que cada una de ellas representa su estado de ánimo en ese momento? ¿Alguna se basa en una anécdota importante de su propia vida?
WA: Se ha convertido en un tópico, pero estoy de acuerdo en que mis películas reflejan mis observaciones, mis sentimientos y anécdotas específicas que me han ocurrido en momentos determinados. La gente suele aceptarlas como autobiográficas, y no siempre han sucedido las cosas tal cual, pero sí que reflejan mi filosofía y mi forma de pensar.
P: Hubo una época en que siempre trabajaba con Mia Farrow y Diane Keaton, pero ahora cambia de actores en cada película. ¿Siente la necesidad de probar intérpretes nuevos? ¿Conocía a Radha Mitchell antes de darle el papel protagonista?
WA: En el caso de Mia Farrow y Diane Keaton lo único que puedo decir es que nos compenetrábamos muy bien y pasábamos el tiempo juntos. Vivía con ellas y pasaba todo el día con ellas, y creo que fue una experiencia gratificante rodar con ellas. En cuanto a los demás, es cierto que tengo muchas preferencias en cuanto a los actores, a veces escribo pensando en alguno de ellos, y prefiero que sean los que terminen interpretando ese papel. En el caso de Radha Mitchell, la conocí en un corto de diez minutos que había rodado para la universidad. Y me gustó, me pareció una chica muy interesante, guapa y que sabía interpretar. Algunos de mis colaboradores eran reacios y me preguntaban por qué le había dado un papel tan importante, y si sería capaz de hacerlo. Pero yo creía que sí, porque pensaba que si podía actuar diez minutos también podía hacerlo durante dos horas.
P: ¿Por qué en las películas en las que usted no actúa siempre elige a un actor para que haga un papel parecido a la imagen que tenemos de usted?
WA: Me sustituyo por John Cusack o Will Ferrell. Sí que me gusta interpretar a los protagonistas, pero hay que ser realista y ver que ya no soy el más indicado para los papeles románticos. La gente quiere ver los problemas que tiene una persona joven y romántica, y yo ya no estoy para esos trotes.
P: ¿Qué piensa de los resultados de las elecciones estadounidenses?
WA: Pienso que como ciudadano es importante que participemos en la democracia, porque la democracia es el gobierno del pueblo, y si éste no participa, no tiene sentido. De momento hay que participar. Hay muchos votantes indecisos en Estados Unidos, lo cual es inexplicable. Si la Administración Bush fuera una empresa, y Bush el director, llegaría un momento en el que le despedirían, porque el trabajo que ha hecho no es el más adecuado. Creo que está muy claro que habría que haberle sustituido por otros que sean capaces de solucionar los problemas a los que se enfrenta EE.UU. actualmente.
P: ¿Ha venido alguna vez a rodar a Europa? Parece ser que hay un proyecto para que usted ruede en Barcelona, ¿sería capaz de hacerlo? ¿Ha estado en una corrida de toros?
WA: Sí que he estado alguna vez. El año pasado estuve rodando alguna secuencia en Londres y fue muy gratificante. Estaría encantado de venir y rodar en España. Las personas que tienen la idea de rodar una película necesitan encontrar financiación. En cuanto se consiga eso, si se consigue, estaría encantado de rodar en Barcelona, porque es la ciudad que me han propuesto inicialmente. Tendría que hacerse en una gran ciudad. Si me dijeran de ir a Madrid, Salamanca o alguna de las maravillosas ciudades españolas también estaría encantado. No he estado en una corrida de toros. La he visto televisada en México. Me gustó el ambiente que se respira.
P: El New York Times le pidió en una ocasión que comentara una película que usted decidiera, y se decantó por Raíces Profundas. ¿A qué se debió la elección? ¿Le gustaría rodar un western?
WA: Me propusieron comentar una de mis películas favoritas. Elegí Raíces profundas porque me parece el mejor western jamás filmado. Como siempre estoy hablando de Bergman, de Kurosawa, de Fellini, de Buñuel, pensé que por elegir algo diferente no perdía nada. Así variaba un poco. Me parecería un proyecto interesante rodar un western. Pero tendría que rodarlo sin dejar la ciudad de Nueva York, porque estoy acostumbrado a trabajar allí. Si encuentro alguna forma de conseguir que eso se pudiera hacer, lo haría. Me he enterado de que Sean Penn ha hecho una película en la que viaja por todo el territorio estadounidense, por Chicago, Los Ángeles, etc. y que todo eso está rodado en Nueva York. Si yo pudiera hacer lo mismo sin salir de Nueva York, sería ideal para mí.



"Todo lo que usted quiso saber sobre el sexo y nunca se animó a preguntar"


U La gente piensa que soy un adicto al trabajo. Pero no es así. Yo pierdo bastante el tiempo. Voy a hacer deportes, toco el clarinete, practico mi instrumento, pero si uno trabaja todos los días una determinada cantidad de tiempo, de manera regular, el trabajo se acumula. La gente que tiene verdaderos trabajos tiene que ir todos los días a la oficina. Eso es lo que yo entiendo como trabajo duro. Tienen que estar ocho o nueve horas por día en la fábrica o donde sea. Para hacer una película no se necesitan seis meses de angustia, trabajando contra reloj. Si escribo tres páginas por día, en tres meses tengo un guión. Y una vez que lo he terminado, empiezo a filmar. No necesito llamar estrellas simplemente llamo a quienes estén trabajando en ese momento y ya estoy sobre carriles.

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n ENTREVISTA A WOODY ALLEN (6).
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P: Ha explorado las relaciones humanas en todas sus películas ¿Cuáles son las respuestas que ha encontrado?
WA: [...] Barcelona es una ciudad hermosa, hay mucha luz, la música es muy bella y los actores también lo son. Sin embargo, los personajes de Javier y Penélope no pueden estar juntos, pero tampoco pueden vivir separados, por lo que se sienten permanentemente insatisfechos. Lo mismo pasa con el personaje de Scarlett Johansson, que sufre de una insatisfacción permanente, ya que desea algo pero no sabe qué es, de modo que jamás logra encontrarlo. Nunca nada logrará contentarla porque no sabe qué es lo que necesita, pero el problema está en ella. El personaje de Rebecca Hall va a casarse, sabe que le espera una vida aceptable y tranquila, sin altibajos, que de alguna forma será como la que tiene el personaje de Patricia Clarkson. Siempre tendrá la sensación de que ha perdido ciertas oportunidades en la vida. La verdad es que tengo una visión pesimista de las relaciones amorosas. Mi visión es que uno puede hablar sobre eso con sus amigos, hacer conjeturas, planificar estrategias o ir al terapeuta. Puedes ir a ver al consejero matrimonial, tomar medicamentos o hacer todo lo que se pueda, pero en definitiva es sólo una cuestión de suerte. Esa es la pura verdad, sólo pasa por la suerte.
P: ¿Cómo logra crear personajes femeninos tan eficaces en sus películas?
WA: Es curioso, porque en la primera parte de mi carrera nunca fui capaz de escribir buenos papeles femeninos. No lo logré en mis primeras dos películas, tampoco cuando escribía mi espectáculo de cabaret, ni cuando hacía sketches para televisión. Siempre me concentré en el punto de vista masculino. Trabajé de esa forma durante un tiempo, y de hecho la gente me lo comentaba. Luego, trabajé con Diane Keaton en "Sueños de seductor" y comencé a salir con ella, nos fuimos a vivir juntos y estuvimos muy unidos. De esa forma, a través de una especie de osmosis socrática, empecé a escribir papeles femeninos. Comencé escribiendo para Diane, y así descubrí que era capaz de hacerlo. A partir de ese momento, de alguna manera escribí sólo papeles para mujeres. Me refiero a que empecé a hacerlo con mayor frecuencia, hasta que me especialicé en eso. Me gustan las mujeres y disfruto con la compañía femenina. De hecho, la persona con la que hago el montaje, mis ayudantes en la sala de montaje, mis encargadas de prensa y mi productora, son todas mujeres. Su presencia me estimula mucho. Además, por alguna razón me resulta interesante escribir sobre ellas. Aunque también me gustan los papeles masculinos, la verdad es que pongo todo mi corazón sólo cuando escribo para ellas. Lo cierto es que no puedo olvidar esta transición desde una completa incapacidad para escribir papeles femeninos, cuando sólo era capaz de imaginar mujeres unidimensionales, hasta que comencé a escribir para ellas constantemente y adquirí la capacidad de crear personajes que resultaran creíbles. Con el paso de los años he escrito muchos personajes femeninos que llegaron a ser algunos de los más interesantes que he creado en mi carrera.
P: ¿Fue complicado para usted como guionista escribir sobre tres personajes culturalmente tan diversos?
WA: No fue para nada complicado. Siempre tuve una idea para hacer una película sobre dos mujeres que un verano se iban juntas de vacaciones. Alguien me llamó de Barcelona para preguntarme si me interesaba la idea de hacer una película allí si la financiaban. Esa siempre es la parte más difícil de hacer una película. Escribirla, dirigirla y todo lo demás es fácil comparado con lo complicado que es conseguir el dinero para rodarla. Por lo tanto les dije que sí, que aceptaba la oferta. Una o dos semanas después recibí una llamada de Penélope Cruz. No la conocía, quería encontrarse conmigo y estaba en Nueva York. Sólo la había visto en "Volver". Me pareció fantástica en esa película. Me dijo que sabía que iba a hacer una película en Barcelona y que le gustaría participar. Así que todo comenzó con Barcelona y Penélope. Además sabía que quería volver a trabajar con Scarlett. Luego oí que Javier Bardem también estaba interesado. Digamos que poco a poco el proyecto fue tomando forma y escribí la película pensando en esta gente. Y luego confié en mis conocimientos sobre la ciudad. Había estado varias veces en Barcelona a lo largo de mi vida, pero tampoco la conocía tanto. Cuando llegué, el director artístico me llevó a todos estos sitios. Pero todos en el equipo técnico me ayudaron. Me decían que nunca iban a hablar así o que jamás irían a tal restaurante si tuvieran esa edad, y me sugerían otro. Era curioso cómo todos me hacían sugerencias, desde los actores al muchacho que servía el café. Con la ayuda de todos vas construyendo la imagen de que conoces Barcelona, o de que conoces Londres, cuando en realidad no es cierto.
P: ¿Qué opina de la calidad del equipo técnico en España?
WA: [...] Lo difícil es tener un buen guión. Y una vez que tuve un guión decente, el hecho de que nadie hablara inglés no tuvo importancia. En el caso de Penélope y Javier, les estimulé para que improvisaran continuamente. No tenía ni idea de lo que decían. Claramente podía darme cuenta por el lenguaje corporal de que era la escena que había escrito. No eran mis palabras, pero estaban rompiendo la relación, o discutiendo sobre su vida emocional. No supe qué habían dicho en el rodaje hasta que volví a Nueva York y estaba poniendo los subtítulos en la película, y así fue como me enteré de lo que dijeron. No es necesariamente lo que escribí, pero no está mal. Lo importante es tener una historia para contar. Una vez que tienes la historia, todo el mundo puede encontrar su propia forma para contarla.
P: ¿Hubo algo que le sorprendió de trabajar con ellos?
WA: Que se toman a sí mismos muy seriamente. Javier y Penélope son actores muy serios. Y eso siempre me asombra. Como Robert De Niro y otros grandes actores, que son buenos porque se preparan mucho. Lo cierto es que han nacido con ese talento. Son talentosos cuando se levantan por la mañana. Si no se prepararan tanto también harían las cosas maravillosamente bien. La realidad es que nunca ensayé con los actores ni les hablé del argumento ni nada por el estilo. Simplemente llegaba al plato para filmar. Consigo muy buenas interpretaciones con sólo contratar a la gente indicada. Javier y Penélope estaban hablando constantemente sobre el argumento, pero no conmigo. Lo hablaban entre ellos y estaban ensayando todo el tiempo, repitiendo sus diálogos. Me sorprende tanta preparación. Sé que si Javier entrara en este momento en esta habitación podría hacer un papel sin ensayarlo y dejarte con la boca abierta. Lo haría con su carisma habitual, porque es parte de él. Lo mismo vale para Robert De Niro o Jack Nicholson. Es algo habitual en muchos actores.




"Amor y muerte" ("La última noche de Boris Grushenko")

U Soy lo suficientemente feo y lo suficientemente bajo como para triunfar por mí mismo.

U El sexo entre dos personas es una cosa hermosa; entre cinco es fantástico.

U Mis padres no solían pegarme; lo hicieron sólo una vez: empezaron en Febrero de 1940 y terminaron en Mayo del 43.

U La inactividad sexual es peligrosa, produce cuernos.

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n ENTREVISTA A WOODY ALLEN (7). Por Fotogramas (2006)
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Woody Allen vuelve, tras "Match Point", con un film que define como "una comedia ligera sobre suspense y periodismo". En esta entrevista habla de Scarlett Johansson, de su obsesión por el Cielo y el Infierno, de su inminente rodaje en Barcelona y de George W. Bush.
Ningún otro cineasta ha capturado la vitalidad ni la neurosis de Nueva York como Woody Allen, hoy raptado en la habitación del hotel Park Avenue de Manhattan. Rodeado de publicistas e imperturbable por la agitación a su alrededor, habla en voz baja y sin pretensiones, es accesible y directo y responde a cada pregunta con aplomo, aguda inteligencia e ingenio.
P: La suerte es un elemento importante en este film; ¿esto lo convierte en complementario, por el factor fortuna, de Match Point (2005)?
WA: No, no, es un puro accidente. Lo que ocurre es que mientras rodaba Match Point con Scarlett pude hablar mucho con ella, y me pareció que era muy, muy divertida, con mucho sentido del humor y mucha vitalidad. Así que pensé: Esta chica debería estar haciendo comedia. Y también pensé que me encantaría hacerla con ella. ¿Qué comedia tengo en cartera que pueda hacer Scarlett? Y se me ocurrió que este film sería perfecto para ella, y que yo podría tener un pequeño papel. Pero fue puro azar.
P: ¿Es su nueva musa?
WA: No. La gente siempre me lo pregunta. Ella es, simplemente, una chica a la que conocí en Match Point. La usé en ese film y luego hice esta comedia con ella, y espero que algún día podamos volver a trabajar. Ella está haciendo muchas películas y yo estoy trabajando en muchas películas.
P: ¿Le recuerda a Diane Keaton?
WA: Ummmmm.... No, me recuerda a otras personas que he conocido, y Diane no es una de ellas. Scarlett es más de Nueva York, más cosmopolita que Diane. Diane es más la chica de ciudad pequeña, como la que interpretaba en Annie Hall (1977).
P: ¿Da grima escribir su propia muerte en el guión?
WA: No, ya lo había hecho antes. No tengo ningún problema mientras solo pase en el guión.
P: ¿Le viene más a menudo la muerte a la mente, ahora que se está haciendo mayor?
WA: Siempre ha estado presente. Recuerdo que en Bananas (1971) me metía en un ataúd, cerraba la tapa y me estaba un rato dentro por el gag. Y en La última noche de Boris Grushenko (1975) escribí mi propia muerte. Este tema siempre me ha obsesionado, pero no más ahora que me estoy haciendo viejo.
P: Si pudiese escribir su muerte en la vida real... ¿sería divertida?
WA: No; moriría tranquilamente mientras duermo.
P: En esta película aparece el Purgatorio, y es una visión inquietante. ¿En qué piensa cuando se imagina la otra vida?
WA: Siempre pienso en ella en términos clásicos. Describí el Infierno en Desmontando a Harry (1997), y fue un gran Infierno, muy clásico. Gran parte de cómo veo las cosas está influenciada por cómo las he visto en el cine. En Scoop, por ejemplo, la forma en que muestro a los periodistas está imbuida por cómo los veía, de pequeño, en el cine. Eran héroes: hablaban deprisa, bebían café, trabajaban hasta muy tarde, conseguían la historia, y hacían un trabajo más peligroso que la policía, arriesgando sus vidas. Y por eso siempre los he visto de forma carismática. Lo mismo me pasa con Nueva York: la forma en que la describo en pantalla procede de cómo la veía de pequeño en el cine. Porque cuando era un niño no vivía en Manhattan, sino en Brooklyn, que está a 40 minutos.
P: Hay gente que piensa que sus películas son mejores cuando usted no actúa en ellas.
WA: Yo soy de los que lo piensa.
P: ¿Qué le decide a hacer de actor en sus films?
WA: En este caso, había un papel para mí, pensé que podría dar vida a un mago divertido. Pero creo que debería hacer más películas sin mí como actor, porque tengo el problema de que si aparezco debe haber un papel que pueda hacer, lo que hace que la película deba ser una comedia. Y además una comedia tonta. Pero si yo no hago de actor el problema desaparece, y puedo hacer una película como Match Point, o lo que quiera.
P: ¿Qué nos puede decir sobre el film que rodará en Barcelona? ¿Estará hablado en español?
WA: No, será en inglés. Pero usaré a muchos intérpretes españoles y a mucho equipo de allí.
P: ¿Tiene a alguien en mente?
WA: No haré el casting hasta marzo o abril del próximo año. Ahora es demasiado pronto, ya que todavía estoy reescribiendo el guión.
P: Usted y el presidente Bush tienen una cosa en común: los equipos que trabajan con ustedes están en casa a las 6 de la tarde...
WA: Seguro que tenemos más cosas en común. Pero déjeme decir que no me estoy refiriendo a la política; estoy al otro lado del espectro. Por lo demás, a los dos nos encanta ver deportes.
P: Siempre se ha mantenido alejado de la política, pero... ¿no cree que es el momento de que los intelectuales hablen sobre lo que está ocurriendo en USA?
WA: Siempre me he mantenido a distancia porque, desde el punto de vista artístico, nunca me ha interesado la política. Nunca me he considerado un intelectual que tenga algo novedoso o interesante que decir sobre el tema. Mi opinión no es diferente de la del tipo de la calle que siente que la administración no está trabajando bien para nosotros. Así me siento, sin hostilidades personales. Esperaba que la administración Bush hiciera un buen trabajo y no lo han hecho. Y trabajaré duro para que gobierne un partido diferente; creo que eso ocurrirá.
P: ¿Cree que el éxito de Match Point es un lastre para Scoop, ya que se han generado demasiadas expectativas?
WA: No. Creo que cada film tiene sus propios méritos. Match Point y Scoop son tan diferentes que no creo que nadie las pueda relacionar. No me gusta hacer el mismo tipo de película una y otra vez... No quería hacer otra película como Match Point: quería hacer un film como Scoop, y luego, tal vez, otra película como Match Point, y luego un musical... Creo que es importante mantener a mis enemigos desconcertados.


"Annie Hall"

U El negocio más expuesto a la quiebra es el de la cristalería.
U El dinero no da la felicidad, pero procura una sensación tan parecida, que necesitás un especialista muy avanzado para verificar la diferencia.
U Me interesa el futuro porque es el sitio donde voy a pasar el resto de mi vida.
U Algunos matrimonios acaban bien, otros duran toda la vida.

n ENTREVISTA A WOODY ALLEN (8). Por Juan Cavestany (17/10/1995)

¿Son las películas de Woody Allen una metáfora de las distintas etapas de su propia vida? ¿Se interpreta siempre a sí mismo? ¿Por qué le salen todas bien? Las sempiternas preguntas sobre el cine de este genio indiscutido vuelven a plantearse con el estreno de Mighty Aphrodite (Poderosa Afrodíta), una tragicomedia con nombre de la diosa griega del amor, con una profunda base existencial trasladada a Nueva York y tratada con la suficiente frescura como para que el director, escritor y actor pueda afirmar: "No soy un intelectual ni haciendo un gran esfuerzo de imaginación".
Acallada la tormenta sobre la custodia de sus hijos con Mia Farrow (Allen la perdió y la volvió a reclamar sin éxito el pasado verano), el director estrena ahora una fábula sobre hijos adoptivos que hará las delicias de quienes gustan de comparar su cine con su realidad.Woody Allen no niega del todo que exista esta relación, y explica que la idea del guión surgió cuando observaba a una de sus propias hijas adoptivas. "Pensaba que debía haber tenido unos padres biológicos increíbles, porque genéticamente tenía sentido del humor e inteligencia", dice. "No pensaba llevar esto más allá, no iba a salir a buscarles, pero era una noción que me había pasado por la cabeza. Luego, un año después, pensé que podría haber una historia divertida si un tipo que fuera, por ejemplo, escritor de deportes tuviera un hijo adoptado y cuando su matrimonio empieza a descalabrarse se pone a tener fantasías sobre la madre del niño y comienza a investigarlo".
Ésta es la premisa de Mighty Aphrodite, cuyo desenlace no se desvelará aquí en honor al deseo de Woody Allen de que el público acuda a sus películas sabiendo lo menos posible sobre ellas. El director no sólo se niega a adelantar el contenido de sus trabajos sino que tampoco se ha prodigado mucho en promocionarlo. Sus entrevistas se han concedido siempre con cuentagotas, pero desde su reciente asociación con la distribuidora Miramax ha tenido que ceder a algunas imposiciones de la mercadotecnia masiva. "La historia de Mighty Aphrodite tenía una estructura seudogriega desde el principio", explicó anteayer el director a un reducido grupo de periodistas, entre los que estaba un representante de este diario, en la que es su ciudad de referencia eterna. "En todas las tragedias griegas, cuanto más se investiga sobre el pasado, es cada vez peor, se encuentran cosas más terribles".

Casualidad

Mighty Aphrodite tiene bastante más de comedia, pero eso es, según Allen, una pura casualidad: "Ahora me ha salido Mighty Aphrodite, pero me podía haber salido Muerte de un viajante y lo habría hecho igual"."Cuando termino una película", dice, "me meto en el dormitorio e intento pensar en otra. Aquello en lo que piense o que parezca factible después de unos días o semanas es lo que hago. Mi próxima película es un musical, porque me resulta la idea excitante en este momento y soy capaz de mantener la emoción el tiempo suficiente para terminar la película". Este parece ser el secreto de Allen Stewart Konigsberg, nacido en Brooklyn en 1935, para no haber dejado pasar un solo año desde mediados de los sesenta sin escribir, dirigir o protagonizar una película bien recibida por la crítica. Y hay que aceptarlo, porque lo dice con una extremada timidez envuelta en suavidad y con uno de los picos de la camisa saliéndole por el cuello de su discreto jersey de lana verde. Si el Woody Allen de las películas es el mismo de la vida real (él mismo reconoce que no puede hacer más que su propio personaje), entonces el Woody Allen de las entrevistas es inevitablemente el mismo de Manhattan, Annie Hall, Hannah y sus hermanas y, ahora, Mighty Aphrodite.
Allen advierte que ha estado rodeado de "grandísimas malinterpretaciones a lo largo de los años, como que era un intelectual o un adicto al trabajo, cuando lo que me gusta es ir al baloncesto, al cine, a pasear, a no hacer nada. No soy un intelectual ni haciendo un gran esfuerzo de imaginación. Ahora la mayor malinterpretación es que estoy acostándome con mi hija". Soon Yi, con quien Allen convive actualmente, era un miembro adoptivo de la ya extinta pareja (ni matrimonio ni bajo el mismo techo) que éste formaba con la actriz Mia Farrow. "Coino a la gente tampoco le importa demasiado mi vida", dijo, "creo que se quedarán con esa noción de que yo estuve casado con Mia y que ahora me acuesto con nuestra hija". El director declaró en la presentación de Mighty Aphrodite que no está arrepentido de haber adoptado hijos en el pasado y que desea volver a hacerlo próximamente.

Tormenta informativa

"De mí se han escrito cosas falsas, cosas exageradas, cosas incluso malintencionadas", dice Allen, "peto, sobre todo, cosas estúpidas que no sabes ni cómo empezar a analizar. Por ejemplo, últimamente se está diciendo que me he comprado un palazzo en Venecia. Estoy recibiendo llamadas de Sotheby's para recomendarme arquitectos e ingenieros y no sé qué decirles".De la tormenta informativa desatada tras su separación de Mia Farrow, Allen sólo puede añadir que "no tiene ningún valor o sustancia. Es como si te vas de vacaciones y no ves la tele o lees la prensa durante tres semanas y luego vuelves y te das cuenta de que no te has perdido nada. No hay ninguna relación entre los millones de temas y palabras que se publican y la realidad de la vida".
Aparte del baloncesto, Woody Allen remite sus pasiones eternas a ocupaciones como la de tocar el clarinete. "Creo que existe la pasión eterna, pero tienes que ser muy afortunado; no es algo que se consigue con esfuerzo, sino que tiene que ser el gran placer de tu vida. Igual que a mí me gusta el clarinete, a otros les gusta jugar al póquer una vez a la semana, otros van a casa a arreglar su barco... Si encuentras a una pareja con la que te pasa lo mismo, entonces es que has tenido un golpe de suerte. Este momento llega cuando haces las cosas no por complacer al otro o hacerle feliz, sino porque dos personas quieren hacer lo mismo".



"Bananas"


U No sólo de pan vive el hombre. De vez en cuando, también necesita un trago.
U El dinero no lo es todo, pero es mejor que la salud. A fin de cuentas, no se puede ir a la carnicería y decirle al carnicero: -Mira que moreno estoy, y además no me resfrío nunca; y suponer que va a regalarte su mercancía (A menos que el carnicero sea un idiota).
U En realidad, prefiero la ciencia a la religión. Si me dan a escoger entre Dios y el aire acondicionado, me quedo con el aire.
U Cuando escucho a Wagner durante más de media hora me entran unas ganas de invadir Polonia.
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n ENTREVISTA A WOODY ALLEN (9). Dominical. 29/10/06. Número 215.
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Por más reparo que dé, a Woody Allen hay que gritarle un poco. A punto de cumplir 71 años, el oído es de lo poco que le falla a este menudo y genial brooklynita universal y es él mismo el que pide educadamente que se levante la voz para hablarle [...]
Tras el éxito de crítica y público de "Match Point", la película que Allen cree que está más cerca de lo que podría considerarse una obra maestra en su filmografía, el director ha regresado a la comedia de enredo en "Scoop", su segunda película con Scarlett Johansson [...]
Es precísamente eso, la magia, uno de los elementos de "Scoop" (junto a las relaciones sentimentales y de clase, los fantasmas, una joven estudiante de periodismo, un adinerado galán, una serie de crímenes y hasta un barco capitaneado por la muerte [...] )

P: ¿Cómo ve la magia: como ilusión, como escapismo...?
WA: Siempre he tenido la sensación de que es lo único que puede salvar a la raza humana. Es un pensamiento triste, pero siempre he sentido que cualquiera de las soluciones que se han planteado a lo largo de los años o los análisis de los filósofos, líderes religiosos, políticos, sociólogos, científicos... sólo llegan hasta determinado punto y, al final, lo único que puede salvar a la raza humana del terrible destino y la terrible tragedia de la existencia es la magia. Sin algún tipo de solución mágica no estamos bien posicionados. A no ser que haya un maravilloso truco que vaya a salvarnos, somos una especie condenada, una entidad maldita. La propia idea de un universo, de un cosmos, de la existencia es, en sí misma, mágica. Es asombroso si piensas que toda la masa de todo el universo y del cosmos, en el momento de su nacimiento, estaba condensada en menos de un átomo. Todas las estrellas, todo el espacio... eso es algo alucinante. Todo el universo surgió muy rápido, no fue un crecimiento lento, fue como si alguien le diera a un interruptor y, ¡chas!, todo llegó rápido, millones de años-luz, el Big Bang, todo...
P: ¿El cine es magia y el director es el mago?
WA: Estoy totalmente de acuerdo. Presentas una ilusión al público. Los espectadores vienen, se sientan y tienen la ilusión de que están viendo un acontecimiento real, una historia real, las vidas de gente de verdad, cuando, en realidad, estás creando todo con decorados, actores, maquillaje, cámaras...
P: Y estar tan dentro, saberse el truco, ¿le hace perder algo de pasión?
WA: Pierde el encanto, por supuesto. Si un mago me enseña un truco que yo ya sé, lo disfruto y diré, por ejemplo, que la ejecución es bella, pero si me enseña uno que no conozco y no sé cómo lo ha hecho, es ahí donde encuentro una cantidad enorme de encanto y placer. En cuanto aprendes cómo se hace, desaparece el encanto y se convierte en una cuestión técnica. Eso mismo pasa con el cine. Pero cuando yo voy al cine, no miro la técnica de la película. No me siento y pienso en el trabajo de cámara, o en cómo han hecho determinadas cosas. Me dejo ennvolver por la historia y así consigo que sea un placer para mí.
[...]
P: ¿Qué busca trabajando con tanta intensidad?
WA: Te pierdes durante un año en un mundo imaginario y así no tienes que estar en el mundo real, que es un lugar muy desagradable. Cuando yo me levanto por la mañana y estoy haciendo una película, estoy en una tierra donde hay bellas casas, mujeres hermosas, hombres encantadores, el diálogo es especial, se ponen los vestidos, suena la música... Mientras escribes, mientras ruedas, mientras montas... estás viviendo en ese mundo día tras día durante casi un año y es una distracción muy buena del horror del mundo.
[...]
P: Siendo estadounidense, y uno de los cineastas con los que la imagen de Nueva York tiene una deuda mayor, es considerado uno de los directores más europeos. ¿Cómo lo explica?
WA: Vi tantas películas europeas que, cuando me puse a hacer cine, me salieron películas europeas. Si eres músico y te gusta mucho un autor, te pones a tocar y, sin querer, suenas como él. No es consciente. Yo siempre quise ser como Bergman, como Fellini, como Truffaut, como Buñuel... Ahora ruedo en Europa por razones económicas y me encanta pensar que la gente me ve como un director europeo, porque eso significa que, por accidente, me he convertido en lo que siempre quise ser. Respecto a la imagen de Nueva York, hay un hecho curioso: yo crecí en Brooklyn, no en Manhattan, viendo películas de Hollywood y creo que mi concepción de Nueva York la saqué de esas películas. Es lo mismo que me ha pasado en "Scoop" con los periodistas: tengo la visión carismática de los reporteros que me ha dado el cine.
[...]


"Celebridades"



P: Dice usted que la suerte juega un papel mucho más importante en nuestras vidas de lo que estamos dispuestos a admitir.
WA: Soy un cazafortunas, en el sentido literal. Lo que uno hace con su vida tiene un efecto relativo sobre ella. Si comes sano, haces ejercicio y trabajas bien seguro que estarás mejor que alguien que no lo haga. Pero la suerte juega un papel importantísimo y eso es aterrador. Puedes engañarte diciéndote: Controlo mi vida, trabajo bien, tomo las decisiones adecuadas, soy sensible, como sano y me hago un chequeo médico y una colonoscopía cada año. Todo irá bien. Pues las cosas no van así. Puedes hacer todo esto pero tener mala suerte y adiós mundo cruel. Te mereces lo mejor, seguro, pero recibes lo peor. Un día puedes cruzar una calle justo cuando en la esquina dos matones se están tiroteando y recibes un balazo. ¿De qué te sirve toda la comida macrobiótica entonces? ¿De qué te ha servido la colonoscopía? ¿Y qué pasa con el trabajo hecho a conciencia? Por eso creo que es muy, muy importante tener suerte y me horroriza constatar cuánto peso tiene en nuestra vida. Y eso vale también para las relaciones de pareja.
P: ¿Se considera una persona afortunada?
WA: He superado con creces mi cuota vital de suerte. He tenido mucha, mucha suerte. Ahora solo me queda rendir cuentas. Es como lo que Javier Bardem le dice a Scarlett Johansson en Vicky Cristina Barcelona: si eliminas algo tan pequeño como la sal de tu dieta, puedes acabar muriendo. Eso sirve también para las relaciones de pareja. Crees que todo va bien pero solo que falte un pequeño detalle la relación se resiente, se enquista y acaba por estropearse. Tenerlo todo es cuestión de suerte. Trabajarte tu matrimonio o tu relación es un eufemismo para esconder que tienes problemas. Estar con alguien no debería ser un trabajo, debería ser como un hobby o como salir a navegar con un bote, algo que te encanta hacer y que funciona sin necesidad de trabajártelo. Porque te gusta, porque te hace feliz.
P: En un mundo como el que describe, ¿hay espacio para la comedia? ¿De dónde saca las ganas de reír en su vida?
WA: Siempre he tenido un buen sentido del humor. Y las personas graciosas siempre me han hecho reír. Reía con Groucho Marx o Buster Keaton o W.C. Fields en su tiempo y hoy siguen haciéndome reír. Los viejos chistes siempre funcionan. Los nuevos no tanto, la verdad. Las comedias de hoy en día me parecen, en su mayoría, muy estúpidas. Películas tontas hechas para niños, llenas de chistes de pedos... Y si no, cintas de acción aún más tontas. Hay pocos cómicos contemporáneos americanos que me hagan reír. Larry David o Tracey Ullman son de los pocos que lo consiguen.
P: ¿El humor hace que el mundo gire? ¿Sobrelleva usted así todos los problemas políticos y económicos que afligen a nuestro mundo?
WA: Siempre he pensado que los problemas del mundo iban más allá de la política. Imagínese que eliminamos todo el arsenal nuclear, que musulmanes y judíos se llevasen bien... pues aún viviríamos en un mundo lleno de ansiedad y problemas. Seguiríamos preguntándonos: ¿Qué hacemos aquí? ¿Cuál es el sentido de mi existencia? Si se pusiese fin al hambre, a las guerras... ¿Qué se supone que tenemos que hacer en este mundo? Vivimos sin entender la razón de nuestra vida. Envejecemos, enfermamos, morimos. Nada parece tener sentido. Estos son los dilemas que me obsesionan. La política no es más que una expresión del vacío de la existencia humana, del miedo a no saber qué hacer con una vida que, además, pasa en un suspiro y se acaba antes de que te des cuenta. Si supiésemos con certeza que existe un Dios o tuviésemos claro cuál es el sentido de la vida, muchas de las cuestiones que alteran el día a día político desaparecerían. Por eso no me interesa el cine político... creo que estas cuestiones son las verdaderamente básicas.


n ENTREVISTA A WOODY ALLEN (11). Por Álex Vicente París

P: ¿Ser feliz implica tener talento para contarse esas mentiras?
WA: Por supuesto. La felicidad depende del grado de habilidad que tengas para el autoengaño. En ese sentido, el amor es el principal mecanismo de supervivencia que nos ha dado la naturaleza.
P: ¿El cine es otra mentira que ayuda a que el trago sea más llevadero?
WA: Las películas te permiten distraerte y dejar de pensar sobre lo terribles que son las cosas, ni que sea durante una hora y media. Te metes en una sala, observas a Fred Astaire o a Penélope Cruz en la pantalla y la vida se vuelve un poco más bonita durante un rato. Cuando sales del cine y vuelves a la vida real, te sientes un poco más fresco. El cine es como tomarse una bebida fría en un día de un calor sofocante.
P: ¿Se acentúa el escapismo en tiempos de crisis económica?
WA: Uno de los pocos efectos buenos de la crisis es que ha provocado que el cine vaya mucho mejor. En tiempos de dificultades, la gente necesita más distracción y espectáculo. En la Gran Depresión de los años treinta sucedió exactamente lo mismo. Esta crisis no está siendo tan dura como aquella, pero tampoco está nada mal.
P: "Envejecer es un mal negocio: intenten evitarlo si pueden", ha dicho. ¿No tiene nada bueno?WA: De joven me preguntaba por qué todo el mundo odiaba hacerse mayor. Ahora lo entiendo. No hay nada bueno en la vejez. De nuevo, es una de esas mentiras que nos contamos. El cuerpo empieza a fallarte, tus opciones disminuyen, el futuro se acorta, te vuelves sordo y pierdes la vista. Ya me dirá qué hay de bueno en todo eso.
P: ¿Tal vez la experiencia?
WA: Contrariamente a lo que se dice, al hacerte mayor no te vuelves más sabio. Yo siento la misma ansiedad hoy que a los 20 años. Claro que aprendes cosas sobre la vida, pero son cuatro tonterías prácticas y poco más. Por ejemplo, con la edad aprendes a utilizar una lente u otra para rodar una escena. En cambio, en lo que se refiere a las relaciones humanas, las mujeres, la familia, el amor y los asuntos existenciales, no tienes la mínima idea ahora ni la tendrás nunca. Nadie ha tenido nunca la menor idea sobre esto. Ni los filósofos griegos ni Dostoievski ni nadie.
P: ¿Se ve capaz de rodar sobre la guerra en Irak o en Afganistán?
WA: La política me interesa como ciudadano, no como cineasta. Podría hacer una película sobre Irak, pero no me dice nada. Todos estos asuntos son efímeros. Hoy estamos convencidos de que tienen una importancia desmedida, pero en años se quedarán anticuados. Es como el divorcio, la infidelidad o el aborto. Hoy nos parece ridículo que en otra época la gente se escandalizara por cosas así. Los temas de actualidad caducan. En cambio, dentro de 100 años seguiremos interesándonos por los temas de los que hablo.
P: Es decir, por la muerte.
WA: Por la muerte, la angustia y todos los demás problemas existenciales. El resto de cosas tienen solución. Otra cosa es que seamos tan estúpidos de no encontrarla. Pero la pobreza tiene solución, las dictaduras tienen solución y el sida tendrá solución algún día. En cambio, la muerte.
P: ¿Los lugares donde rueda son intercambiables?
WA: Mis películas podrían transcurrir en cualquier ciudad, siempre que sea sofisticada como Nueva York, Londres, París o Barcelona. Pero no podría hacer una película en Sudán o en el Amazonas. Cuando ruedo en una ciudad me mudo allí con mi familia durante tres meses, así que busco lugares cómodos y agradables. Y luego, claro, está la cuestión del dinero. Me marché a Londres porque era mucho más barato que Nueva York. Aunque el dinero no es lo único que cuenta. Nunca iría a rodar a Abu Dhabi, por muchas facilidades que me pusieran. Y nunca rodaría en el desierto, como hizo David Lean durante el rodaje de "Lawrence of Arabia". ¿Se puede creer que se pasó dos años viviendo allí?
P: ¿No tiene curiosidad por descubrir lugares desconocidos?
WA: No soy una persona nada curiosa. He vivido toda mi vida a una hora de avión de Canadá, pero no fui hasta los 65 años. Y nunca he ido a México, que está a la vuelta de la esquina. Soy una persona con hábitos muy determinados. Siempre voy a los mismos restaurantes, hago los mismos paseos y veo los partidos de los mismos equipos. Cada día desayuno los mismos cereales Cheerios y una banana que corto inalterablemente en siete pedazos.
P: Pero sí tiene curiosidad por la vida humana.
WA: Sí, pero tampoco hay que pasarse. No es como si me encantara conocer a decenas de personas nuevas ni que me pase horas escuchando historias sobre la vida de los demás. Nada de eso. Soy un tipo muy sencillo, que se pasa el día en casa vestido en camiseta y con una cerveza en la mano, viendo deportes en la tele y tocando el clarinete. No soy una persona que lea ni que se pase el día meditando sobre la vida.P: ¿Es usted un nostálgico?
WA: Intento no serlo, porque la nostalgia es una trampa. Es muy fácil acomodarse en ese sentimiento tan maravilloso que, al mismo tiempo, resulta inútil y pegajoso. Es como acurrucarse en una silla recubierta de miel, que al cabo de poco te paraliza y te impide escapar. El pasado no sirve de nada.
P: En ese caso, sorprende que siga negándose a utilizar música actual en sus películas.WA: Me gusta la música antigua, porque es lo que escuchaba en la radio cuando era joven. Por ejemplo, Cole Porter, George Gershwin y Richard Rodgers. A partir de los cincuenta todo se volvió eléctrico y ruidoso. La cultura emprendió un giro radical, pero yo decidí quedarme donde estaba. Mis amigos me dicen que estoy ciego, que me estoy perdiendo cosas estupendas. Y seguro que tienen razón, pero me da un poco igual.
P: Cuando rodó en Barcelona le llovieron ciertas críticas acerca de los estereotipos. ¿Le dolió?WA: No, porque era justo lo que buscaba. Estaba mostrando la ciudad desde el punto de vista de dos turistas. ¿Qué quiere que vayan a ver, más que Gaudí? Hacen lo que haría todo visitante que nunca ha estado allí, que es exactamente lo mismo que hice yo cuando vine por primera vez. Es la Barcelona que quería proyectar, la ciudad observada a través de mi prisma. No tenía ninguna intención de ser realista. En todo caso, no me duelen las críticas, porque siempre me han dicho cosas así. Cuando rodé Manhattan, todo el mundo dijo que ese Nueva York no existía. Y tenían razón: Martin Scorsese y Spike Lee describen la ciudad de una forma mucho más precisa y fiel. Pero yo nunca he querido ser preciso o fiel, sino imaginativo. Y les advierto que con París sucederá exactamente lo mismo.
P: ¿Cómo está transcurriendo el rodaje de "Midnight in Paris"?
WA: Está siendo genial. París me gusta porque me recuerda a Nueva York. Tiene el mismo tráfico, el mismo ruido, la misma gente nerviosa y estresada, la misma acumulación de restaurantes, teatros y librerías. Pero encima es diez veces más bonita que Nueva York. Por eso, cuando estoy aquí, me entran ganas de volar.
P: El 24 de agosto de 2010 estará en Avilés para el estreno de "You will meet a tall dark stranger". ¿Cómo se enamoró de Asturias?
WA: (Se entusiasma) Por puro accidente. Llegué para recoger el Príncipe de Asturias sin esperar nada en particular, pero me acabé encontrando con un lugar absolutamente maravilloso. Me gustó todo: la gente, el clima, el paisaje y la comida. Es como un paraíso que no se ha echado a perder, pero que tampoco resulta primitivo. Es un lugar sofisticado y cultivado, donde todo resulta magnífico. Si tuviera que escaparme del mundo y escoger un refugio, ese lugar sería Asturias.
P: Si decide jubilarse, ¿le veremos allí?
WA: Si me jubilo, creo que me quedaré en Nueva York, porque es donde tengo a todos mis amigos. Pero si tuviera que escapar de allí porque todo el mundo hubiera decidido odiarme, entonces mi plan B sería Asturias. Sin ninguna duda. Qué lugar tan maravilloso. A mi familia le encanta ir allí. Cuando supe que el estreno sería en Avilés me puse a dar saltos de alegría. Cualquier excusa es buena para volver.
P: ¿Dónde le llevará su próxima película?
WA: Todavía no lo sé. Tengo que hablarlo con mi mujer.




"Crímenes y pecados"


n ENTREVISTA A WOODY ALLEN (12). Por Gloria Scola

P: En "You will meet a tall dark stranger" están presentes el amor, el sexo, la crisis creativa, la culpa... En definitiva, la vida y los problemas amorosos. Como en casi todas sus películas.
WA: Efectivamente, una vez más. Es que eso es lo que hay. Los hombres y las mujeres componen la población y, después de miles de años, siguen teniendo los mismos problemas que tenían en la antigüedad, y lo ves leyendo a Sófocles o a Aristófanes.
P: El personaje de Anthony Hopkins cae en lo ridículo queriendo recuperar su juventud. ¿Qué opina?
WA: Creo que es muy triste. Es un hombre que se despierta en mitad de la noche y por primera vez se da cuenta de que es mortal y de que no vivirá para siempre. No es que no lo supiera, pero de pronto lo ve claramente y ve lo que implica. Se siente tan traumatizado que empieza a hacer ejercicio, a comer sano, a intentar negar la mortalidad... y su mujer, Gemma Jones, se convierte para él en una pesada. Le dice: “Oh, deja de hacer ejercicio, que ya no tienes 20 años y te vas a hacer daño en la espalda”.P: ¿El título de dónde viene?
WA: En Estados Unidos, si alguien va a una adivina o a una gitana y le dicen: “Conocerás a un extraño alto y moreno”, generalmente la mujer dice: “Oh, qué bien, fenomenal”. Ese extraño alto y moreno es el símbolo de la mortalidad. En Estados Unidos ese extraño representa la experiencia romántica que uno quiere tener, pero también es ese extraño que nos espera a todos.
P: Qué triste. Y eso que es una comedia muy divertida. Sigue usted con su visión pesimista.WA: Sí, y casi todos los personajes están perdidos, excepto los que se mienten a sí mismos y se hacen ilusiones. Suena muy pesimista, pero yo lo siento así. Creo que la vida es muy inestable y da miedo. Y la gente está desesperada por creer en algo y que les den una respuesta mágica. A algunos les llega de un sacerdote, a otros de un rabino, todos se engañan a sí mismos. Creen que la vida tiene un sentido, o que hay cielo, y al final... Algunos de mis personajes creen en una vida anterior, hay mucha locura en cuanto a ese pensamiento de la nueva era. La gente está desesperada por creer en una nueva religión, o en la medicina alternativa. Te dicen: “No vayas al médico porque tengo un amigo que va a fulanito y es fantástico”. Y tienen métodos locos. Una nueva terapia para el reúma, el culto a los alimentos sanos... En América se han convertido en algo religioso. Te dicen: “Tómate estas vitaminas porque han cambiado mi vida”. Y les replicas: “Pero la medicina ha probado que no te hacen nada”. E insisten: “No, no me digas eso, porque yo cuando las tomo me encuentro mejor. Quizá no tenga ningún sentido, pero me hacen sentir bien”. La gente está desesperada por creer y agarrarse a algo.P: Las películas también son terapia.
WA: Sí, y la gente también se engaña a sí misma en el arte. Incluso los artistas se engañan a ellos mismos creyendo que su vida sí tiene sentido porque su arte permanecerá, pero lo cierto es que ellos morirán y el hecho de que su trabajo les sobreviva no significa nada, ya que sólo permanecerá durante un tiempo. Todo lo que escribió Shakespeare y lo que pintó Goya y lo que compuso Beethoven... Todo desaparecerá, es un panorama triste, pero la gente se agarra a lo que sea, y la clarividencia les sirve más que la medicina. La medicina es ciencia, y la ciencia es limitada. El médico puede ayudar, no puede hacer todo. Y con la clarividencia, vas al cura, al mago, y es magia. Pueden hacer que cualquier cosa ocurra, y eso te reconforta.
P: Y usted, ¿ha probado alguna vez lo de ir a una bruja o a una adivina?
WA: ¿Yo? No, nunca. Sería estupendo poder hacerlo, levantarme una mañana y poder engañarme a mí mismo diciendo: “He encontrado a alguien que tiene las respuestas mágicas para mí”, pero no, tengo una mente demasiado científica, y es una pena, porque ese es un don, como el que nace en una familia católica y cree en Jesucristo, pero no por la presión o porque esté de moda, sino porque lo cree en su corazón, y es un afortunado. Yo creo que se engañan a sí mismos, igual que si van a un adivino o una gitana, pero son felices. Tuve una conversación con Billy Graham, el famoso evangelista, y me dijo: “Incluso aunque tú tuvieras razón y yo estuviera equivocado, y no existiera Dios, aun así yo tendré una vida mejor que la tuya”. Y no pude rebatírselo.
P: ¿Cómo lleva eso de ser un filósofo del siglo XXI?
WA: Simplemente creo que las cosas que me interesan de una forma natural, como el cine o la escritura, son cosas que encajan en un área filosófica. Hay directores a los que les interesan los temas actuales de política o asuntos sociales, como Oliver Stone o Spike Lee, y hacen películas maravillosas. A mí nunca me interesó plasmar eso en el cine. Como ciudadano voto y hago campaña, pero cuando escribo me interesan cosas que caen en un área más filosófica, siempre por accidente. Siento que existen problemasfilosóficos, no políticos. Aunque se cambiaran los regímenes políticos de algunos países y todos fueran democracias, o todos vivieran bajo el islam o el comunismo, no todos entenderían qué hacemos en el mundo, por qué estamos aquí o por qué tenemos que morir. Y las relaciones entre hombres y mujeres también serían difíciles, porque los problemas reales son siempre filosóficos. Los otros, los políticos, se pueden cambiar.
P: Es curioso, pero usted no tiene una relación difícil con la muerte.
WA: No puedes evitar el hecho de que naces y de que vas a morir para siempre y de que el universo acabará y de que vives en el contexto de una experiencia sin sentido, y de que es importante para ti encontrar alguna razón para continuar en el día a día. Dices: “Si nada tiene sentido, ¿para qué seguir viviendo?”. Y tienes que descubrir por ti mismo qué sentido tiene, porque si te paras a pensarlo... Yo siempre he sentido que este es un tema no intelectual y que cuando lo piensas no puedes ganar, porque no tiene sentido y la vida es triste y trágica y todo se desvanece, pero si coges una pistola y me apuntas, te diré: “¡No, no me dispares, no me dispares!”. Y dirás: “¿Por qué? Si nada tiene sentido”. Y te diré: “No sé, pero no, no lo hagas”. Buscar esas respuestas es el trabajo más extraño, y por eso me interesa más eso que la política en el arte.
P: Habla de los cambios políticos. Usted apoyó a Obama. ¿Está contento con él?
WA: Sí, estoy encantado con Obama. Es estupendo, y ojalá los republicanos se quitaran de su camino y dejaran de intentar herirlo. Le hacen más daño que ninguna otra cosa, pero él es genial y está consiguiendo cosas. Soy admirador suyo.
P: Antes mencionaba a Oliver Stone y a Spike Lee. ¿Todavía va al cine y ve lo que se hace? WA: Sí. Si se trata de una película seria y de un buen director como Oliver Stone, sí que la veo, porque le considero inteligente y quiero ver su trabajo. Pero no me molesto en ver muchas de las películas que se estrenan en EEUU y que están muy de moda, porque son demasiado infantiles o tontorronas. Pero las de Scorsese, Stone... siempre voy a verlas. P: Y hace homenajes a películas clásicas. En "You will meet a tall dark stranger" la chica que toca la guitarra en la ventana de enfrente a la de Josh Brolin recuerda a "Breakfast at Tiffany's".
WA: La verdad es que no lo había pensado. Lo hice porque desde la ventana trasera de mi apartamento de Nueva York veo muy bien al vecino y desgraciadamente es un hombre que está ante el ordenador. Pero pensé: “¿Y si fuera una mujer guapa? Qué idea tan romántica, con el jardín, se saludan con la mano...”. Pero he visto muchas películas porque me encanta el cine y me resulta un placer. Ahora menos placer, porque hay películas malas. Y las buenas generalmente no son estadounidenses. Veo una película a la semana, y me doy cuenta de que las mexicanas, iraníes, francesas, españolas o chinas que me inspiraban eran tan buenas como algunas americanas. Ahora hay algunas americanas que vería, y las que no vería, las malas, son las que recaudan 400 millones de dólares. Se estrenan películas que los adultos no quieren ver pero que recaudan fortunas y tienen un gran público.
P: Veintiún nominaciones al Oscar, tres estatuillas (por el guión de "Manhattan" y el guión y la dirección de "Annie Hall") y nunca fue a recogerlas. Y en Cannes siempre fuera de competición. ¿Por qué?
WA: Es mi quinta vez en Cannes, pero nunca he estado en competición. No creo en la competición en el arte. La gente hace su trabajo artístico y otros lo disfrutan. ¿Cómo podrías decir que un Picasso es mejor que un Matisse, o al revés? Ambos son maravillosos. Y lo mismo ocurre en el cine. ¿Por qué tenemos que decir que una película es mejor que otra? No hay mejores. Si alguien hace una película maravillosa y otro también, ambas son maravillosas.
P: ¿Qué piensa del 3D? ¿Habrá una película de Woody Allen en 3D?
WA: No, no puedo, pero me han dicho que Playboy va a sacar una edición en 3D y te dan los anteojos, y eso sí que lo puedo entender, porque con esas mujeres en tres dimensiones tú ganas algo, pero nadie querría verme a mí en tres dimensiones. No tendría sentido. Yo soy básicamente mejor en una sola dimensión.
P: ¿Y ve positivos los avances tecnológicos en el cine?
WA: Sí, creo que pronto todo será digital, y eso es bueno porque ya no habrá proyeccionistas que pierdan el hilo al cambiar el rollo, ni saltos de pantalla en negro... Ahora se meterá el disco en el reproductor o se verá a través del satélite y lo verás sentado desde tu butaca. Lo que ocurre es que cada vez se ve más cine en casa, la gente se hace su salita de cine con una gran pantalla plana, y llaman y dicen: “Quiero ver la nueva película de Michael Douglas”, y la ven. Pero eso ayudará al teatro en vivo, porque el ser humano necesita la experiencia de sentarse con otras 500 personas y ver y compartir algo, así que volverán al teatro y a los conciertos de música para vivir su experiencia. Cuando yo era pequeño, veía a los hermanos Marx con otras 500 personas y todos nos reíamos. En el futuro serán diez amigos en casa, pero no esa comuna del cine, así que eso enviará a la gente al teatro a ver comedia y drama.
P: "You will meet a tall dark stranger", al igual que "Vicky Cristina Barcelona", está producida por Mediapro. ¿Qué tal le ha ido con los productores españoles?
WA: Fenomenal. Los de Mediapro, desde el punto de vista personal, son estupendos y muy sensibles con el artista. Te apoyan mucho y, a diferencia de los americanos, que se meten en tu película y quieren saberlo todo, son extremadamente beneficiosos para el artista. Ha sido una experiencia maravillosa y como personas también son gente agradable con la que salir a cenar.
P: ¿Volverá a rodar en España?
WA: Seguro que sí, porque tuve una experiencia maravillosa. Fue un gran placer.
P: ¿Y rodará en Brasil el año que viene?
WA: Pues no lo sé, estamos explorando esa posibilidad y mi productor fue a Brasil para mirar cómo van las cosas allí. Pero lo único cierto es que ruedo en Francia "Midnight in Paris". Más allá de eso, ni idea.

n ENTREVISTA A WOODY ALLEN (13). Por Josh Horowitz

No lo consideres o ponlo en un pedestal, pero Woody Allen continúa haciendo lo que sabe hacer mejor. Un nuevo film suyo aparece virtualmente cada año, y la discusión comienza: "- Solía ser tan bueno." "- Está de vuelta." "- ¿Por qué no hace otra comedia?" Y aquí vamos con "Cassandra's dream", un drama digamos, más cercano a "Match point" que digamos, a "Sleeper". La legendaria máquina de citas habló con nosotros sobre su último trabajo, por qué tiene algo con Scarlett Johansson y por qué probablemente lo veas jugando con un iPhone.
P: "Cassandra's dream" es el tercer filme seguido que ha hecho en Inglaterra. ¿Siente que las nuevas locaciones lo han revitalizado?
WA: Tentador como sea decir eso, en realidad no es así. Estaba con toda mi energía en New York y entonces escribí "Match point" para New York. Luego los fondos vinieron de Londres. Luego las naciones europeas empezaron a llamarme para sus países. Tenía una oferta para filmar en Francia, otra para hacer uno en Italia y acepté hacer un film en España. He completado una película con Javier Bardem, Penélope Cruz y Scarlett Johansson en ese país.
P: ¿A cuánto tiempo atrás se remonta la idea de "Cassandra's dream"?
WA: Había escrito una obra off-Broadway años atrás sobre una familia que dependía económicamente de su tío. En esa obra no había asesinato ni nada de eso. Pero se me ocurrió mientras la dirigía, ¿y si el tío los abatiera? Cuándo ellos le pidieran un favor, él entonces les pediría otro a ellos... Ese fue el germen de la idea.
P: Hubo una noticia el otro día de que usted y Scarlett Johansson iban a ser parte de una antología fílmica neoyorquina...
WA: Una fabricación total y absoluta. Armada como un poema de Coleridge. Completamente falso. Ni siquiera está basado en una conversación ni nada.
P: Sin embargo es cierto que Scarlett y usted tienen una buena relación laboral. ¿Por qué piensa que ustedes se conectan?
WA: Apareció en mi vida profesional inadvertidamente. Supuestamente la protagonista de "Match point" iba a ser Kate Winslet, pero a último momento ella estaba exhausta y llamó para decir que no podía hacerlo porque venía de película tras película y quería pasar tiempo con sus hijos. Lo entendí completamente. No creo que las películas deban ser prioridad de nadie. Dije: "Por supuesto, no hay problema." Pero estba mintiendo porque evidentemente era un problema para nosotros. Tratamos de buscar a alguien que estuviera disponible. Y Scarlett lo estaba. Todo fue en un fin de semana. Tan pronto nos conocimos, tuve buen rapport con ella. Es encantadora, brillante y divertida. Levanta el ánimo del set. En el momento en que ella entra el amperaje sube 200 puntos. Es una chica genial y muy talentosa. Puede cantar, puede hacer cosas dramáticas y bromas si la quieres para eso. Cualquiera sea el papel que deba hacer, probablemente ella sea mi primera elección.
P: ¿Quién más desearía que actuase en una de sus películas?
WA: Siempre he querido hacer un filme con Reese Whiterspoon y Cate Blanchett. Son personas que tengo muy arriba en mi lista. Me encantaría encontrar algo para hacer con ellas.
P: Me decía que no recibe casi ninguna oferta para actuar en filmes de otros directores.
WA: Mejor di nunca.
P: Recuerdo que se habló de que iba a co-protagonizar con Jim Carrey "Stuck on you".
WA: Primera vez que oigo eso. En toda mi carrera tuve una oferta cercana a esa. He hecho una o dos cosas en estos años como favor no por dinero. Nunca tengo verdaderas ofertas. Y podrías decir que hay ciertos papeles para los que sería natural hacerlo: un profesor, un psicólogo o alguien humilde.
P: Me sorprende.
WA: Podrías pensar que las partes de un Walter Matthau hubiera hecho a esta altura vendrían a parar a mí. Pero nadie me pide hacer del padre, el viejito adorable, o el manager de un teatro. Nunca recibo nada.
P: ¿Usa computador para algo?
WA: No. No tengo computador. Escribo a mano y luego lo paso con a mi Olympia portátil, la uso desde que tenía 16 años. Es la misma y la he usado con cada cosa que he escrito en mi vida. Funciona bien. No sabrías si la compré ayer.
P: ¿Tampoco iPhone o iPod?
WA: Tengo un iPhone. Alguien puso allí toda mi música de New Orleans entonces cuando viajo no tengo que llevar tanta cosa conmigo. Así puedo sentarme en mi hotel y practicar con mis auriculares.
P: Hablando de música, se podría pensar que ha habido interés en volver alguna de sus películas un musical para el teatro.
WA: Todo el tiempo. Pero nunca he estado muy dispuesto a ello. He tenido un millón de ofertas por "The purple rose of Cairo", un millón de ofertas por "Bullets over Broadway", pero nunca he estado demasiado entusiasmado con ello. Siento que una vez que están hechas es todo. No quiero estar involucrado en eso. Se puede dar la situación de que acceda y cuando vaya al estreno pongan una bala en mi cabeza. No es algo que me interese demasiado.
P: ¿Siente el mismo interés por la actuación que siempre ha tenido?
WA: No salgo de mi camino para escribir algo para mí. Soy demasiado viejo para ser el interés amoroso de alguien en una película, por lo tanto me mantengo fuera.
P: ¿Tiene una actuación favorita de las suyas?
WA: Siento que estuve igualmente bien o mal en todas ellas. Realmente no puedo actuar. Hago alguna cosa. Pero tengo un rango limitado. Si tomas a un actor como Dustin Hoffman o Philip Seymour Hoffman, pueden interpretar sesenta tipos diferentes. Yo tengo un pequeño margen que puedo hacer, que es casi como no actuar. Puedo hacerlo y hacerlo bien porque nunca me aventuro a la zona dónde soy desafiado. Es un menú limitado de papeles que puedo hacer. He sido bueno en todos mis filmes, pero lo bueno está acotado para mí.
P: Muchas de sus líneas se han vuelto famosas. ¿Lo han sorprendido alguna vez las que más éxito han tenido?
WA: Sí, me sorprende porque siento que he hecho un buen número de líneas que se merecen más la inmortalidad. Por ejemplo, dije años atrás: "Ochenta por ciento de la vida es mostrarse." Esto ha sido citado veinte millones de veces es una de las frases menos ingeniosas que he dicho. Las ha habido más profundas y que han tenido sus risas en las películas pero no han llegado al panteón de "Bartlett's".
P: ¿Hay alguna línea poco apreciada sobre la cuál quisiera llamar la atención?
WA: Hay una en "Deconstructing Harry": "Toda la gente conoce la misma verdad. Nuestra vida consiste en como decidimos distorsionarla." Es una buena línea que nunca ha tenido notoriedad.




"Hannah y sus hermanas"

n ENTREVISTA A WOODY ALLEN (14). Por XL Semanal

Un encuentro con Woody Allen es una constante sorpresa; un puro gozo. Abierto a cualquier tipo de pregunta y con respuestas siempre brillantes, pero sin darse, eso sí, la más mínima importancia, el cineasta neoyorquino resulta, simplemente, genial.
Exquisito y atento en las distancias cortas, a sus 74 años, Allen, uno de los directores vivos más prolíficos, con más de 40 películas en su haber, ha rodado una nueva reflexión sobre la muerte, la vejez, el amor, el engaño y demás obsesiones personales. Como ocurre desde hace años, Conocerás al hombre de tus sueños –que se estrena en Avilés el 24 de agosto, con la presencia del propio Allen– reúne a una nueva pléyade de actores ilustres que nunca antes habían trabajado con el autor de Annie Hall o Manhattan. A saber: Anthony Hopkins, Naomi Watts, Josh Brolin y Antonio Banderas.
Rodada en Londres hace un año, tras el torneo de tenis de Wimbledon, del cual Allen es un asiduo, ésta es su película número 42 como director, a un ritmo de casi una por año. Nominado al Oscar en catorce 0casiones y ganador de cuatro –tres por Annie Hall y uno por Hannah y sus hermanas–, Allen asegura que trabaja «por diversión y desesperación» y con los pies en la tierra. «Cada nuevo trabajo es algo nuevo, así que nunca aprendo nada que me ayude en el siguiente –explica–. Curiosamente, siempre empiezo pensando que va a ser lo mejor que he filmado en mi vida y acabo diciéndome que haría cualquier cosa con tal de evitar la vergüenza de que sea proyectada. De todos modos, lo fascinante de cualquier forma de arte, ya sea el resultado bueno, mediocre o terrible, es que nunca será perfecta. Al acabar, estás empujado a intentarlo de nuevo.»
XLSemanal. Alfie, el personaje de Anthony Hopkins en esta película, pierde el norte porque no quiere admitir que ya no es joven. ¿Es un tema contra el que también lucha usted?Woody Allen. Es duro envejecer. Nadie quiere admitir que ya no es joven, pero el peligro es llegar a perder la cabeza por ello, el equilibrio mental. El ego masculino puede cegar y, literalmente, llegar al extremo de lo que le sucede a Alfie. Él cree que por cambiar de mujer, comprarse un coche deportivo y practicar deporte va a evitar lo inevitable. Lamentablemente, no es así. Pero hay que admitirlo: envejecer es terrible. No encuentro ninguna ventaja. No te vuelves más listo, ni más sabio ni más amable. No sucede nada bueno. La espalda te duele más, tienes más indigestiones, pierdes vista y oído... Yo tengo 74 años y aconsejo encarecidamente a todo el que pueda que no envejezca.XL. Sus padres pasaron ambos de los cien años...
W.A. Sí, llevo en mis genes esa longevidad. Pero eso no es más que un accidente de buena suerte. Hace unos meses leí un artículo en The New York Times que afirmaba que la longevidad en los padres no implica que la vayan a heredar los hijos. Y yo sigo estando fuertemente en contra de la muerte.
XL. Cada uno busca consuelo donde puede. En su película, Helena, uno de sus personajes, lo encuentra en una adivina.
W.A. Cada cual necesita sus pequeñas ficciones o soluciones mágicas para afrontar las durezas de la vida, alguien que te diga que, si haces ‘lo correcto’, todo estará bien. Puede ser una adivina, un rabino o un cura. Desde niño fui consciente de que la gente quiere soluciones mágicas. La ilusión es mejor que la medicación. La única forma de escapar a la condición humana es la magia.
XL. Dice usted que la felicidad sólo es posible viviendo en una nube...
W.A. Así es; solamente puedes alcanzar la felicidad si te aíslas en tus cuentos de hadas y falseas la realidad. La única forma de vivir feliz es negando la realidad y comprando ilusiones que den sentido al universo. Existe toda clase de fantasías para negar la aflicción de la condición humana.
XL. Al final de su filme, todo queda en suspense, como en la vida. No hay respuestas. ¿Cómo se enfrenta usted al misterio?
W.A. Yo me enfrento al misterio de la vida de forma extraña. Lo paso muy mal, y lo digo en serio. Sufro mucho, tengo mucha ansiedad y miedo y estoy realmente confuso. Y combato todo esto lo mejor que puedo; por eso trabajo mucho. Me ayuda y me distrae de los problemas reales. Cuando trabajo, mis problemas se centran en los actores, el guión, el vestuario... problemas, más bien, fútiles que, si no funcionan, tampoco sucede nada catastrófico. Cuando estoy en mi casa, pienso: «¡Dios mío, la vida es corta, terrible y triste y yo soy viejo».
XL. Visto así, es comprensible que sea un adicto al trabajo.
W.A. El cine es una distracción maravillosa. Hacer películas es mi mejor terapia y las hago por puro placer y diversión. También por desesperación, para no pensar cosas mórbidas.XL. Dice que necesita una vida muy sistemática y rutinaria, pero, a la vez, es usted muy creativo en muchos campos: cine, música, escritura...
W.A. La creatividad me ayuda a atravesar la vida. Confieso que siempre fui muy bueno en todo lo que requiere concentración y práctica. De niño estudiaba magia y era capaz de hacer muchos trucos; pasaba horas y horas practicando con cartas, monedas y pañuelos; me fortalecía y mantenía mi mente centrada. Cuando crecí, pasaba horas escribiendo y practicando con mis instrumentos de música. Cualquier cosa que me mantenga ocupado es buena, como les sucede a los pacientes de los manicomios.


n ENTREVISTA A WOODY ALLEN (15). Karl Rozemeyer (Nueva York) - FOTOGRAMAS - 28/09/2009
"Por suerte, no todo el mundo se suicida. La mayoría de la gente se las arregla para ir tirando"

P: ¿Qué tiene que decir sobre las actrices de Si la cosa funciona?
WA: No tenía ni idea de quién era Evan Rachel Wood hasta que mi esposa me habló de ella. Me dijo: Hay una chica, si alguna vez necesitas a una jovencita, que es una gran actriz. Y sí, resultó ser una maravilla. Y no lo digo porque esté en una de mis películas. Ya era fantástica antes de trabajar conmigo. Su amplitud de registros es brillante: tan pronto es dramática como oscura o cómica. Creo que le aguarda una carrera espléndida. Y Patricia Clarkson, bueno, está siempre perfecta... como en Vicky Cristina Barcelona. Evan ha sido una sorpresa. Nunca la había visto. No sabía ni cómo se llamaba.
P: En Manhattan (1979) deslizó una relación lésbica, pero aquí muestra, por primera vez en sus films, a una pareja gay con todas las de la ley...
WA: Cuando escribo todo se evalúa según su potencial cómico: una relación gay, un hombre maduro saliendo con una mujer mucho más joven, una relación interracial... si funciona como comedia, me va bien. Nunca antes en mi filmografía había aparecido un ménage à trois y resulta que, en mis dos últimas películas, hay uno. El primero en Vicky Cristina Barcelona y el segundo en esta. Pura coincidencia. ¿Por qué? Ni idea. 35 películas sin tríos y de repente dos seguidos.
P: Decía que escribió el guión hace tiempo. ¿Ha tenido que retocarlo mucho para actualizarlo?WA: No en la estructura. La idea siempre ha sido la misma: tres personas que salen de la América profunda y que ven cómo sus dogmas, el odio a todo lo que oliese a Nueva York o a intelectual, comunista, ateo o pervertido, se tambalea cuando llegan a la Gran Manzana. Ese fue siempre el motor. Solo cambié lo que en su momento funcionaba pero que hoy había perdido fuerza.
P: Al principio del film, Boris le dice al público que esta no es una de esas películas con las que uno sale contento del cine... algo que acaba resultando falso. ¿Cómo se lo explica?WA: Espero que así sea. Vivimos unos tiempos horribles. Deje que me explique... Nos tratamos unos a otros de una forma horrorosa. En teoría el cristianismo, el marxismo... todos los sistemas podrían funcionar pero fracasan porque somos mezquinos y la vida no tiene sentido alguno y nada importa nada y Dios ya no existe y, en realidad, no hay objetivo a perseguir. Así que, a mi entender, el film es de un realismo absoluto. Hay quien dirá que es pesimista o nihilista... pero no. La realidad es así. Eso sí, ya no todo el mundo va matando a sus semejantes. Hay quien intenta construir algo: una chica y dos chicos, dos chicos, un chico con una chica mucho más joven o con nadie, intentar ser feliz junto a tu perro o tu colección de sellos... Lo que sea que funcione. Pero Boris deja claro el mensaje del film: la vida no tiene sentido, no hay nada ahí arriba y somos un fracaso como especie.
P: Eso es lo que Boris argumenta y contradice en el film, puesto que él mismo se enamora...WA: La vida tiene estos oasis de alegría pero, al final, uno no puede más que rendirse ante la evidencia de que la vida es una experiencia trágica. Puedes pasar un par de años maravillosos con alguien pero, tarde o temprano, eso se acaba... Mirémoslo a largo plazo: el Sol acabará extinguiéndose y todo desaparecerá. Nosotros y las obras de Shakespeare o de Beethoven seremos historia. Así que aquí estamos, condenados a vivir en este marco desalentador e irremediablemente trágico. ¿Y qué podemos hacer? Encender una pequeña luz. Durante unos segundos la cosa parecerá que funciona. No intento arruinarle el día, se lo aseguro, pero es como cuando celebramos Nochevieja o una boda y brindamos deseándonos lo mejor mientras forzamos una sonrisa...
P: ¿Vivimos en un simulacro emocional permanente?
WA: Intentamos engañarnos permanentemente. Teniendo en cuenta la penosa situación en la que nos encontramos, hacemos lo que podemos. Hay una metáfora del poeta W.H. Auden que lo describe perfectamente: el distante sonido de un trueno en un picnic. Puedes seguir disfrutando de tu bocadillo, aunque sabes que está condenado a terminarse. Pero bueno, no todo el mundo se suicida. La mayoría de la gente se las arregla para ir tirando.



"Misterioso asesinato en Manhattan"

"Los secretos de Harry"

n ENTREVISTA A WOODY ALLEN (16). 21/05/10

“Envejecer no ofrece ninguna ventaja. Por el contrario, te quedas sordo, te indigestas y te afeas. Mal negocio. Les doy un consejo: si pueden, no envejezcan. No tiene nada de romántico ser el abuelo de la historia. Es mejor ser el galán y quedarse con la chica.” Woody Allen arrancó carcajadas al referirse, en entrevista con La Jornada, a su reciente entrega You will meet a tall dark stranger,comedia fuera de competencia, que deleitó a la atiborrada sala de críticos y devotos de su cine.Allen propone cada año, de modo siempre original y sorprendente, variaciones sobre el mismo tema: historias que se entrelazan, de por medio amor, traición, pasión, ansiedad, neurosis y sexo, con actores que ya forman parte de su repertorio y otros que se van agregando. “Me atraen estos tópicos, y me encantan los personajes que buscan un significado en sus vidas y persiguen sueños y ambiciones sin cumplirlas”, explicó el realizador neoyorquino, de 74 años, escondido detrás de sus gafas pasadas de moda y sombrero tipo hongo, durante este encuentro en el hotel Carlton, ubicado en la Croisette.
En esta cinta, ambientada en Londres, Anthony Hopkins encarna a un hombre que se niega a envejecer y recurre al Viagra para complacer a su joven amante. Naomi Watts, su hija, vive angustiada porque se le esfuma la vida, en parte porque Josh Brolin, con quien sufre una crisis conyugal, es un escritor frustrado y frustrante, y por otro lado, Antonio Banderas, dueño de la galería de arte donde trabaja, la ha despertado de su infelicidad. Su madre, Gemma Jones, busca consuelo a sus miedos en el destino de las cartas de una clarividente. Un panorama catastrófico, con resultado elogiable.
“El éxito de una buena cinta radica en escoger magníficos actores –como ellos–, que vayan con los personajes. Así el trabajo de dirección se vuelve muy sencillo, porque cada uno aporta lo mejor de sí y enriquece la historia”, admitió. El protagonismo del día correspondió, sin duda, a su ingenio, verdadero modelo de autoironía.

–¿Quién es el hombre alto y oscuro al que hace referencia el título?
–Es una alusión ambigua a aquello que al final encontramos todos: la muerte.
–¿Cuál es su relación con la muerte?
–Me opongo totalmente a ella (risas). Por eso la trato con sarcasmo.
–¿Cuál es su idea de la vida?
–Soy pesimista desde niño. Para mí, la vida es un acontecimiento penoso. Hay que aceptarlo. Es una experiencia que equivale a una pesadilla. Por eso nos refugiamos en las ilusiones, en los sueños. Vivir consiste en mentirnos a nosotros mismos, en engañarnos para huir de la realidad. El único modo de lograr la felicidad es con base en la mentira, porque la vida, cara a cara, es insoportable. Tampoco voy a cometer la tontería de idealizar la vejez. Los años no te hacen mejor, ni más gentil, ni más sabio. Al contrario, deterioran tu salud y tu físico, lo que te impide convertirte en el galán romántico que seduce a la chica.
–¿Quizá por ello ya no actúa en sus películas?
–Por años interpreté los personajes románticos que escribía para mis películas. Pero he dejado de hacerlo porque estoy ya muy viejo para eso. No se imagina lo frustrante que es actuar y que los otros galanes más jóvenes se lleven el premio. Prefiero ser el director y no el anciano de mis propias historias.
–¿Tiene eso relación con el hecho de que en sus películas muchas veces el común denominador sea la pareja dispareja, en la que “él” es siempre bastante mayor que “ella”?–En realidad no sucede siempre, pero encuentro que hay buena química en ello. Es un excelente elemento provocador, que logra generar drama y risa a la vez. Trato de mezclar el tono divertido de la comedia con la gravedad de mis preocupaciones existenciales habituales. Disfruto mucho el resultado tragicómico que surge de esta composición.–¿Cree en clarividentes y en pronósticos del futuro, como los que formula uno de los personajes de esta historia?
–Claro que no. Eso es pura basura. Todos esos farsantes sólo tratan de robarte el dinero. Resulta divertido como parte de esta ficción. Pero, en la realidad, es una industria millonaria que se nutre del dinero de la gente crédula e ingenua. La gente paga incondicionalmente para que le digan lo que quiere oír y vivir irrealidades.
–Después de más de una cuarentena de películas, ¿su puesta en escena ha cambiado en algo a través del tiempo?
–Sí. Con los años he ganado confianza. Por ejemplo, en un filme como este me apoyo en estos actores tan talentosos que no necesitan prácticamente dirección. Intérpretes del calibre de Anthony o Naomi son grandes profesionales que conocen sus personajes a fondo. Si no obtengo de ellos lo que quiero, me limito a murmurarles pequeñas directivas, pero sólo eso. Les doy alas para que improvisen, por lo que evito interferir en su proceso creativo.


"Comedia sexual de una noche de verano"

"The sunshine boys"

"Sombras y niebla"

"Maridos y esposas"

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